DESPUÉS DEL ABRAZO MI 1ERA PRESA #Español #JuegoDeRol #Vampiros #HistoriaColectiva #Dinámica Después de mi abrazo me quedé solo (https://noise.cash/post/1qz74rw0). No sabía en qué me había convertido. Vivía en un mundo de oscuridad alejado de los rayos del sol y con la única compañía de una incesante sed de sangre que me obligaba a alimentarme de la vida de roedores, y con suerte, de alguna criatura más grande. Me resultaba muy poético que ahora fuesen las fieras quienes huyesen de mí, cuando durante toda mi vida humana había sucedido todo lo contrario. Constantemente pensaba en qué era yo, en qué me había convertido y si habría otros y otras de mi especie. Debía haberlos. Alguien debió hacer a quien me hizo. O al menos, quien me hizo seguía por ahí, en algún lugar. Pensé en salir en su búsqueda, pero primero debía averiguar más por mí mismo sobre mi propia naturaleza. Durante el primer año busqué en la biblioteca del castillo alguna información, algún escrito, que me iluminase. Solo encontré vaguedades sobre criaturas nocturnas que se alimentaban de sangre: ‘Les vampires’. Lo que sí tenía claro es que ya no era humano. Poco quedaba de lo que una vez fue Lucien Du Pont. Así que cambié mi nombre y oculté mi origen para tratar averiguar algo más sobre nuestra especie. Así, como alguien anónimo sin pasado, decidí salir en busca de mis congéneres y abandonar las tierras que una vez pertenecieron a mi familia. A la que una vez fue mi familia. Bajo el nombre de Loucy, viajaba por las noches de posada en posada, tratando de encontrar alguna información entre los cantos de juglares y los cuentos de los viajeros. En las posadas me limitaba a quedarme sentado mirando y escuchando en solitario en alguna mesa, tratando de capturar alguna frase o verso que me diese alguna pista. Era capaz de escuchar todas las conversaciones de todo el lugar al mismo tiempo. Aquellas gentes no tenían ni idea del peligro que corrían conmigo allí, siempre impelido a arrancarles la garganta de un mordisco y a beberme la vida que corría por sus ebrias venas, mientras escuchaba cada una de sus palabras. Habitualmente solía pedir un trago o algún alimento, pero sabía que yo ya no podía ingerir nada de aquello. Solo lo hacía para guardar las apariencias. Y así empezó todo. Un estúpido gañán propuso un brindis por no sé que motivo. Brindé y fingí beber de mi copa llevándomela a la boca, pero al pobre imbécil no le pareció suficiente. —¡Vamo’, d’un trago muchacho! ‘De un trago vaciaría tu vida, maldito estúpido’, pensé. La gente se quedó mirando. Traté de excusarme diciendo que ya estaba servido, pero eso pareció ofender más a aquel imbécil. —¿No va’ha brindar por l’acausa? ¿Acaso estás en contra, viajero? ¡Mírame c’ando t’ablo! En silencio, me levanté y caminé hacia la salida de la posada, pero el palurdo me siguió fuera, insultándome y amenazándome. ¿Con quién se creía que hablaba? ¡Yo era Lucien DuPont! ¡Me debía respeto y vasallaje! Entonces recordé que yo ya no era Lucien, sino Loucy. Nadie me debía nada. Ese pensamiento me enfureció. No solo había perdido mi humanidad, sino también mi status. Yo ya no era nadie. ¿O sí lo era, después de todo? ¿Quién era Loucy? Era fuerte, rápido, poderoso y voraz. ¡Desde luego que ya no era Lucien! Era más. Mucho más. Sin darle tiempo a acabar su frase, cogí a aquel humano e hinqué mis dientes en su garganta que dejó de ofender mis oídos con su sonido indigno y sus palabras mal pronunciadas sin rima ni métrica alguna. Ni siquiera había tenido el talento suficiente como para insultarme con estilo. Mientras vaciaba su cuerpo de aquel néctar rojo, miré sus ojos. Tenían esa expresión de quien ha cometido un error fatal y se da cuenta demasiado tarde. Una mirada incrédula, aturdida. La mirada de una presa cuando es sometida por su depredador. Me hizo gracia y no pude evitar sonreír mientras mis dientes seguía clavados en su cuello. Al hacerlo, mis colmillos se introdujeron aún más en su carne. Lo que me hizo sonreír más. ‘Maldito idiota, ¿dónde está tu importante causa ahora? ¿Querías que brindase? Pues aquí me tienes. Brindando con tu sangre’, pensé. Curiosamente pareció entender mi pensamiento antes de morir y su expresión final fue de puro terror. Había algo misteriosamente bello en todo ello. Una suerte de justicia poética para los bobos, una ejecución merecida. Una transformación de la bravuconería en auténtico pánico. Una venganza de los oprimidos y el fracaso absoluto de los abusos de la fuerza bruta humana en virtud de un mayor respeto por los demás. Era la eterna lección de la muerte que a todos iguala. Era algo hermoso que escondía algo… artístico. Ese gañán sin modales fue mi primera víctima humana. Y me gustó. Mucho. @Loucy #Artifex
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2 comments
La primera Victima siempre es la mejor, porque es la que te hace consciente de lo que verdaderamente eres, te deja presente que no podrás vivir sin ese sabor que tiene la sangre, sobre todo cuando la victima entra en agonía, de saber que la muerte esta presente. Excelente historia. Nos estaremos leyendo.
Guao, que genial, muy épica esa historia. Ya quiero saber más de tu personaje :)