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@Loucy

NACER Y MORIR, ¿COSAS SIMILARES? #Español #Reflexión A veces me encuentro pensando las cosas más raras. No sé por qué. Pero si meditamos con cierta profundidad en el inicio de la vida y en la muerte podemos encontrar bastantes similitudes. Permítanme que me explique. Cuando nacemos pasamos de la no existencia a la existencia. Cuando morimos de la existencia a la no existencia. Cuando morimos, somos seres racionales que dejamos de serlo y cuando nacemos seres irracionales que empezamos a razonar. En cualquier caso, no podemos comprender lo que había antes ni lo que habrá después (si es que había algo antes o habrá algo después, más allá de la nada). No podemos conocer la no existencia anterior, ni tampoco lo que sucede cuando dejamos de existir. PERO (sí, hay un pero) podemos deducir racionalmente lo que implica nacer y la experiencia que supondría si fuésemos seres racionales desde nuestro nacimiento y pudiésemos recordar todo desde que nos engendraron. Imaginen que, durante nueve meses, vamos creciendo en un entorno que alberga nuestra primera etapa de existencia. Existimos en el interior de otro ser, aunque no lo sabemos. A oscuras. En un medio más bien líquido y sin ningún objeto excesivamente sólido con el que entrar en contacto. Los sonidos son atenuados o casi inaudibles, como cuando nos sumergimos en una piscina y solo escuchamos los murmullos que vienen desde fuera. La temperatura es estable y se mantiene a unos calurosos 36ºC, que es la temperatura en el interior de un cuerpo humano sano. Vivimos escuchando sonidos muy raros como los ruidos gástricos o la voz de nuestra madre, pero escuchada desde su interior. Todo ello acompañado por un relajante sonido rítmico: bum bum, bum bum… de su corazón en sintonía con el nuestro. No necesitamos respirar porque nuestra madre respira por nosotros y nos regala su oxígeno. Nunca jamás hemos respirado de manera autónoma. A veces, esa caverna húmeda, acogedora, oscura y que atenúa los sonidos… se mueve. Y al hacerlo nos mece y nos balancea en ese líquido en el que existimos. ¡Que paz! ¡Qué tranquilidad! ¡Cuánta protección! Ni luz, ni sonidos estridentes, ni cambios de temperatura… todo va bien. Y de pronto un día, todo cambia. Nuestro amado y cálido líquido desaparece y algo nos succiona, nos empuja hacia una grieta que jamás supimos que existía. ¿Y qué encontramos fuera? ¡EL HORROR! De pronto, hace muchísimo frío, hay una terrible luz cegadora, se oyen las atronadoras voces de otras personas que gritan, ríen, lloran… ¡y nos ahogamos! ¡No podemos respirar! ¿Qué pasa? ¡Vamos a morir! Todo un ambiente hostil, frío, luminoso y ensordecedor. ¿Y dónde esta ese ritmo tranquilizante de un corazón latiendo que nos acompañaba? ¡Ya no lo escuchamos! Nos han abandonado, vamos a morir. Sentimos una fría superficie, dura, tremendamente dura, sobre la que nos depositan mientras cortan nuestro único vínculo con nuestra existencia anterior. ¡Y la asfixia se acrecienta! ¡Es el fin! Entonces algo nos sujeta de los pies y nos golpea en las nalgas repetidas veces. ¡Qué horror! Y sin saberlo, cuando ya no tenemos ni un solo atisbo de oxígeno, cuando ya todo parece perdido y estamos a punto de asumir que moriremos… alguien grita y llora. ¿Quién es? ¡Somos nosotros/as! Que nos escuchamos por primera vez. ¡Estamos respirando de manera autónoma! Esa experiencia tiene que ser similar a morir ahogado, y de pronto, en ese último momento agónico previo a la muerte, comenzar a respirar por unas branquias que nunca supimos que teníamos. No me extraña que no recordemos nada de nuestro nacimiento. Sin duda, sería una experiencia que nos dejaría completamente traumatizados/as para siempre. Algo similar a morir, a pasar de un plano de la existencia a otro, de un entorno al que nos habíamos adaptado a justamente todo lo contrario. Todo mientras agonizamos porque nos falta el aire. ¿Lo habían pensado alguna vez? A mí me parece un pensamiento fascinante. @Loucy

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