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MARKETING DE CIUDADES 2 de 4: LA TURISTIFICACIÓN #Español #Marketing #Ciudades #Espectáculo #DesarrolloSostenible Siguiendo con el tema anterior (https://noise.cash/post/lp5qwr0j), la estrategia de vender una marca de ciudad (a menudo camuflada bajo el término ‘transformación urbana’) resulta que no beneficia al conjunto de la ciudad sino a unos lugares de en particular. Mientras que algunos barrios prosperan, otros caen en la más de las innobles decadencias, sin que nadie los visite ni invierta en ellos. No interesa mostrar esa realidad que no se ajusta a lo que se pretende vender al exterior y, por tanto, se invisibiliza. Cabe señalar, que proyectar una imagen de ciudad atractiva, no es algo inherentemente malo. El problema sucede cuando esa imagen proyectada es falsa, es solo una imagen que no se corresponde con la realidad ni con la cultura local. Entre otros fenómenos esto puede dar lugar a la ‘turistificación’, que puede suceder tanto en los centros como en las periferias de las ciudades. En pocas palabras, la ‘turistificación’ consiste en adaptar zonas de la ciudad para el visitante/inversor bajo una imagen deseable, que no es real. Es un metaverso, una virtualización del espacio, una gran mentira, que, sin embargo, atrae visitantes que la buscan. Sí, amigos y amigas, el ‘metaverso’ (usado ahora como término miope de marketing) no tiene que ver solo con la tecnología sino con la virtualización de la vida. Un ejemplo claro es un parque de atracciones. Piensen por ejemplo en Disneyland. Disneyland nos vende un relato, un mundo imaginario virtual lleno de personajes entrañables y atracciones controladas (no hace falta tecnología para crear un metaverso). La realidad (el lugar físico) y el virtual (ratones y princesas que nos saludan y entretienen) se funden en el ‘metaverso’ Disneyland, sin necesidad de tecnología. Basta con un disfraz y algo de cartón-piedra. La ‘turistificación’, obedece al mismo principio. Se promete al visitante una experiencia inolvidable, casi mágica, pero que no coincide con la realidad. El ejemplo más extremo se puede ilustrar con esos magníficos resorts para la clase media-acomodada que abundan en Latinoamérica. Tanto el terreno público como la playa pública adyacente, se venden al resort y se convierten en privadas. A partir de ahí, los lugareños son expulsados y desposeídos de un patrimonio que les pertenecía (la playa y el terreno) y ya no pueden acceder a él. En su lugar, una horda de visitantes con ‘pulserita todo pagado’, que están de paso por tiempo limitado, arrasan con todo para vivir la experiencia virtual de sentirse ricos por unos días y con un séquito de ‘plebeyos locales’ a su servicio. Una servidumbre de ‘Mikey Mouse’s que, bajo ese disfraz de sonrisa permanente, soportan el calor abrasador de un empleo precario y temporal. ¿Más perversiones? Turismo sexual, turismo médico-estético, turismo de fiesta y borrachera… todos ellos grandes mentiras virtuales, diseñadas para la gente que está de paso. Pero no para el lugareño, que lidiará después con las consecuencias de semejantes comportamientos. Sí amigos, cuando todos se van, toca limpiar y mantener Disneylandia, coser los disfraces o despedir a las princesas que se han quedado embarazadas o que han engordado un poco más de la cuenta (eso no encaja con la imagen de una princesita Disney así que es intolerable). El fenómeno no se limita a LATAM o a un continente en particular. En numerosas ciudades europeas sucede lo mismo. Los cascos históricos dejan de serlo para convertirse en un ‘museo virtual al aire libre’ donde los visitantes pueden imaginarse inmersos en una época medieval o creen respirar la cultura local. Sin embargo, ya no queda nada del viejo café bohemio del s.XVII. En su lugar hay una franquicia tipo ‘Starbucks’ que vende el mismo café (o peor) tres veces más caro. Los comercios tradicionales son sustituidos por tiendas de ‘souvenirs auténticos made in China’ que se pueden comprar en cualquier lugar del planeta. Los precios de los alquileres suben hasta la estratosfera de manera que los residentes locales tienen que buscarse otro lugar donde vivir. Las personas deben acudir a sus rutinarios empleos esquivando hordas de turistas, sin ningún respeto por nada, que se colocan en mitad de la carretera para hacerse un selfie (visto en Barcelona) o colpasanso el único puente para pasar de un lado a otro del canal (visto en Venecia). La presión turística se vuelve insoportable y la gente local huye (o se ve expulsada) de esos lugares, llevándose consigo cualquier atisbo de autenticidad. Todo se convierte en un Disneyland, o mejor dicho, en la gran mentira virtual de Las Vegas, diseñada exclusivamente para agradar al visitante y para que se deje 'sus dineros'. Mientras, se esconden enterrados en el desierto de Mojave, a los lugareños, a su cultura y a cualquier rasgo de realidad que no se ajuste al relato del metaverso escogido. @Loucy Imagen: elaboración propia a partir de gráficos vectoriales Creative Commons del característico letrero de Las Vegas.

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