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Acabando con esos ‘malos’ sentimientos #reflexión #filosofía #valores #humanismo Vamos a ir acabando con esta miniserie filosófica. No porque hayamos agotado y vaciado el tema, todo lo contrario. Hay muchísimas cosas interesantísimas de las que podríamos seguir hablando. Pero el tiempo es limitado y hay muchas otras cosas de las que tenemos que hablar (eso sí, si alguien quiere seguir con el tema, yo me apunto). Vamos allá: Al parecer, resulta que no somos 'buenos ni malos' sino un poco de ambas. Por tanto, nuestros sentimientos también son así, ni buenos ni malos, pero con consecuencias deseables o indeseables. Que eso sea algo ‘natural’ como señala @Oribello (https://noise.cash/post/1ppmpxpk) o construido, sería otro tema tangencial que escapa al alcance de esta reflexión. Sentimos amor y odio al mismo tiempo. Y el odio puede tener consecuencias deseables y el amor indeseables, y viceversa. Sobre todo cuando aparecen de manera desmedida y no podemos salir de esa ‘hybris’ que nos arrastra y nubla nuestra razón como apuntan @Bylolitamcy (https://noise.cash/post/lnw8w2rg) y @LetyS (https://noise.cash/post/lmwgr50z). Lo importante es, pues, qué hacemos con ese odio. Y, para más complejidad, @mostrobot (https://noise.cash/post/1jwmpkpv) nos dice que aunque canalicemos esos sentimiento hacia lo que consideramos ‘bueno’, puede que otras personas consideren que hacemos ‘mal’. Por tanto, ¿quién decide qué es ‘bueno’ y qué es ‘malo’? Volveremos a ello, porque antes vamos a complicarlo aún más. ¿Podemos elegir en cómo canalizar esos sentimientos tan potentes que nos arrastran? Mientras que @technomobile (https://noise.cash/post/19n3zqj7) dice que sí, @ozzycrypto (https://noise.cash/post/1jwmp0vj) tiene serias dudas. Por su parte, @Wendy7757 (https://noise.cash/post/13n64568) rompe los esquemas y dice que incluso ‘no elegir’ es una elección. Pues yo también lo creo. Mantenerse impasible y al margen, cuando se debe tomar partido, es también una elección. No hacer nada ante lo que consideramos ‘mal’ es permitirlo. O bien no hacer nada pudiendo hacer ‘bien’, es también hacer ‘mal’. Pero ¿qué es el 'bien' y el 'mal' y quién los decide? Pues bien, yo creo que debe decidirlo una mayoría en base a miles de variables (cultura, momento histórico, lugar, etc). Son valores que, aunque no son infalibles, han de ser consensuados (como por ejemplo, la Carta de Derechos Humanos). Incluso las religiones, que básicamente son una carta de valores compartidos por quienes las siguen, deberían obedecer a ello. Es por eso, que deben ir cambiando con las circunstancias. Lo que hace años estaba ‘mal’ resulta que ahora no está ‘tan mal’. Y es normal que el radar moral cambie con el avance humano. Pero ¡ojo! Una cosa es que cambie con el avance humano, y otra que cambie por motivos opacos que interesan a los poderes. Volvamos a 1984. “La disciplina”, “la obediencia”, “el amor”, “poner la otra mejilla”, “perdonar a quien nos hace daño”, “el esfuerzo como fin en sí mismo y sin recompensa equitativa”… pueden ser valores que se usen como instrumento para mantener a la mayoría dormida y mansa ante terribles injusticias. ¿Hay algo más efectivo para evitar una protesta que difundir la idea de que ‘protestar es malo’? ¿Qué el ‘odio’ es ‘malo’? ¿Cómo una persona de ‘bien’ puede rebelarse contra quien le oprime, si rebelarse es ‘malo’? En 1984 la neolengua, les dije, es esa perversión, esa vuelta a la tortilla, ese aprovechamiento de los valores consensuados para fines propios. Esa construcción del ‘bien’ y del ‘mal’ que no es consensuada, sino que se desliza como un veneno inoculado por grupos elitistas interesados, y que acabamos creyendo como ‘verdad’ para mantenernos mansos y bajo control (como ya apuntaba @fuga, adelantándose a todo, en su comentario anterior). ¿Cuál es el instrumento para evitarlo? El pensamiento crítico (ese 'doblepensar' de 1984). Justo esto que estamos haciendo. Cuestionar en cada caso quién gana y quién pierde. ¿Quién gana diciendo que el ‘odio’ es un sentimiento enfermizo que debemos reprimir? Cuando no ejercitamos ese pensamiento crítico, es cuando nos despojan de nuestro libre albedrío. Y de eso se trata, de convertirnos en máquinas predecibles, o si se quiere, en animalitos domésticos que han de ser guiados, sin que tengan voz ni criterio. En otras palabras, en facilitar el dominio sobre las personas. Y ahora, piensen en otros ‘malos’ sentimientos. Tristeza, fracaso… etc. ¿No debemos estar tristes cuando perdemos a alguien querido? ¿No debemos sentir el fracaso cuando aquello en lo que hemos puesto todo nuestro empeño no sale como esperamos? ¡Claro que sí! Pese a lo que digan los pseudocoaches motivacionales y mandangueros… es natural, es humano, sentirse así. No es 'malo'. De hecho, esos sentimientos nos ayudan a avanzar y a mejorar, y a superarnos a nosotros mismos/as. El problema surge cuando nos regocijamos en esa tristeza o en ese fracaso, no aprendemos nada, y nos quedamos atrapados/as. Y claro, ahí se necesita ya ayuda externa de alguien especialista, porque uno/a mismo/a no es capaz se salir de ese estado (así que basta de mandangas de ‘autoayuda happy flower de mierda’, que solo hacen sentir culpable y estúpido a quien no logra por sus medios salir de su frágil situación). Y aquí lo dejamos. No importa que estén o no de acuerdo con lo que hemos conversado. Tampoco importa que no hayamos llegado a una conclusión sólida y tajante a modo de Sí o No, 1 o 0, true or false… porque ya hemos dicho que las cosas no son binarias. Mi consejo que nadie pidió, y lo que realmente importa, es que aquello en lo que creen, lo crean por ustedes mismos/as. Porque han pensado sobre ello, y porque han llegado a sus propias conclusiones, suyas particulares y de nadie más. Ejerciten su pensamiento crítico, que no les despojen de su libre albedrío, y escojan sus propios principios porque así lo creen firmemente… Y no porque los han heredado, se los han contado o ha sido así ‘por los siglos de los siglos’. @Loucy

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