CARA A CARA CON LA MUERTE #Día temático #Anécdota #Infancia Desde que nací he estado en contacto con el mar. Provengo de una familia de marinos y prácticamente me he criado en la playa con mis primas y mi hermana. Muchas veces, sobre todo en verano, mi madre y mis tías preparaban comida y pasábamos todo el día en la playa jugando a todo tipo de juegos, tratando de pescar (luego soltábamos lo que capturábamos) y saltando de aquí para allá entre algas y rocas. La playa a la que habitualmente íbamos era una playa extraña. No se extendía a lo largo, sino a lo ancho. Es decir que no era una playa de varios kilómetros de longitud, sino que la playa aparecía cuando bajaba la marea. Y casi se quedaba en nada cuando subía. Con la marea baja, solo quedaba una especie de riachuelo (el canal), muy profundo y con una corriente enorme que te arrastraba a hacia las rocas. La cosa es que cuando bajaba la marea quedaban al descubierto unas enormes rocas. En esas rocas se formaban pozos donde quedaban atrapados los pececillos que no habían seguido la bajada de las aguas. Y allí nos íbamos muchas veces a mirar los pececillos atrapados en los pozos. Un día, como tantas veces, con la marea baja, fui con mi hermana a los pozos. Pero nos entretuvimos demasiado mirando peces, caracolillos y anémonas. Y para cuando nos quisimos dar cuenta el tiempo se volvió gris, las olas comenzaron a chocar violentamente contra las rocas y soplaba un viento fortísimo. Con el entusiasmo de mirar las pequeñas criaturas de los pozos no nos dimos cuenta de la galerna que se formaba, ni de la hora que era… ni de los gritos de nuestra madre y nuestras tías desde la playa, que ya estaba casi oculta por el agua. A lo lejos, solo veíamos unas figuras haciendo aspavientos con las manos y gritando con histerismo. Ya no podíamos volver caminando, pero podíamos nadar hacia la orilla, aunque estaba a más de 500m. Nuestra “isla de roca” cada vez era más pequeña y las olas cada vez más grandes. "Ahora o nunca", pensamos. Nos tiramos al agua y comenzamos a nadar hacia la lejana orilla. Tanto mi hermana como yo nadábamos muy bien y nunca le tuvimos miedo al agua. Pero mi hermana no tendría más de 8 años y no tenía tanta fuerza como para nadar todo aquel tramo a contracorriente. Con mucho esfuerzo yo veía como le ganaba metros y me acercaba poco a poco a la orilla, pero mi hermana cada vez quedaba más atrás. En ese momento lo vi claro: “No me puedo salvar yo y abandonar a mi hermana. Si nos ahogamos, nos ahogamos. Pero los dos”. Volví hacia atrás y a duras penas la cogí por el pecho. Así ya solo podía bracear con una mano. Mi hermana ayudaba boca arriba con su otro brazo y moviendo los pies. Pero era inútil. Nadábamos contra corriente y aunque no dejábamos que nos arrastrase, tampoco avanzábamos. Tarde o temprano nos cansaríamos. Dimos por hecho que nos ahogaríamos. "Ya está, se acabó". Como por un milagro recordé algo que vi en algún programa de salvamento. Cuando te lleva la corriente es mejor no nadar contra ella, sino aprovecharla. Hay que buscar con la mirada un punto seguro donde podrías llegar nadando en diagonal, dejándote llevar por la corriente, pero avanzando hacia ese punto. El punto que se me ocurrió resulto ser otra playa a 2 kilómetros. Así que cambiamos de dirección. Ahora nos adentrábamos más hacia el mar, pero la corriente nos ayudaba. Eso sí, no volvería a la playa donde estaban mis parientes sino a otra. Y así, durante 30 o 40 minutos nadamos solo para alejarnos las rocas, pero dejándonos arrastrar parcialmente por la corriente. Salvadas las rocas, el mar nos llevaba plácidamente (es un decir, porque las olas, el viento y la lluvia eran de espanto). Al menos, ya no nos íbamos a ahogar ni a estampar contra el puntiagudo rocaje. Como una hora más tarde llegamos a la otra playa y casi sin fuerzas fuimos directamente al puesto de socorro. Desde allí avisaron a la otra playa y a nuestros familiares. Estábamos a salvo. Juro que vi la muerte. La daba por hecho. Fue casi milagroso que se me ocurriese hacer todo lo contrario a lo que dicta el instinto: meterse aún más en el mar en lugar de nadar a hacia la orilla, bajo la mirada histérica y los gritos de horror desde la playa. Aprendí dos cosas. Que hay que respetar al mar, poderosa fuerza, por mucho que nos sintamos cómodas en ella. Y que quiero a mi hermana más que a mi vida. ツ Loucy, 'En español' Tu voz, tu contenido. Tu canal.
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8 comments
Loucy estoy todo confundido tu canal es en español o en inglés??
Un canal que se llama 'En español' y donde las gente escribe en ese idioma no creo que deje lugar a dudas. XD. Español, claro
La duda es porque mi tlf traduce automático y dice en inglés pero bueno gracias por responder aunq el xd estuvo demás .
Bueno el "XD" es solo la alternativa al emoji de la carita sonriente. No pretendía molestar. Imaginé que lo preguntabas por alguna cuestión técnica (como la que comentas del teléfono, o el navegador...) y solo pretendía hacer una broma. En cualquier caso, espero que la duda quedase aclarada.
JAJAJAJA, a mí también me pasa eso. Al inicio no comprendía tampoco. Pero ya luego en la PC me di cuenta que es cuestión del celular que le da la loquera XD.
Tremenda Anécdota querida Loucy, no solo te imagino, sino a tu madre y la desesperación, como madre hasta hiperventile mientras iba leyendo. Tremendo susto y que bueno que tu capacidad te llevó a actuar y seguir actuando a pesar de lo aparentemente inminente.
vaya pedazo de anécdota, en esos momentos es cuando sacamos lo mejor de nosotros, el instinto de supervivencia aflora pero también nos conscientizamos del resultado fatal que podría venir, pero así y todo lo damos lo mejor que tenemos especialmente si depende de nosotros el salvar a quien tanto queremos. por cierto, volvió el día de challenges, justo en este poderoso día!
Loucy ahora intento subir una anécdota con fotos de un viaje a san Luis argentina