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@Loucy

TIRARSE UN PEDO Y SUSPENDER GIMNASIA #Español #Humor #Anécdotas #Gimnasia Leyendo las divertidas anécdotas de Kike9781 (https://noise.cash/post/18z96v7k) me puse a reír sin parar al recordar algo que me pasó en clase de educación física. Como contaba Kike, en mi colegio también se creían que éramos atletas olímpicos y nos ponían pruebas que, ahora, considero bastante duras. Una de las más duras era la de hacer abdominales. Había que hacer al menos ¡40 en un minuto para aprobar! Allí nos poníamos a hacerlas encima de una colchoneta delante de los demás. Uno/a hacía abdominales y otro/a le sujetaba los pies. El profe contaba las abdominales y el resto miraba hasta que llegase su turno. Me toco sujetar los pies de una muchacha. Allí estaba yo, delante de toda la clase sujetándole los pies. La muchacha estaba muy nerviosa, pues no quería suspender. Sonó el silbato del profesor y aquella tipa se puso a hacer abdominales como si no hubiese un mañana. ¡Qué energía! ¡Cuándo ímpetu! Cuando iba por la 10 o la 11… resulta que la tía va, y del esfuerzo, suelta un cuesco. Una bufa. Una ventosidad. Una flatulencia. Un gas. En otras palabras, soltó el señor dios de los pedos. Un pedo-hulk. Enorme y brutal. Y yo sujetando sus pies, pensando: ‘no puede ser. ¿Se acaba de tirar un pedo estando yo en su trayectoria directa?’. La tipa me miraba, roja como un tomate por el esfuerzo y por la vergüenza, con cara de pedir perdón mientras subía y bajaba, haciendo sus abdominales. Me quedé mirándola a los ojos con cara de sorpresa como preguntándole: ¿Por qué? ¿Por qué a mí? Y entonces lo noté. Un olor a muerte, podredumbre y destrucción que me entraba por las fosas nasales y me llegaba hasta el cerebro. La cosa más nauseabunda que he olido jamás. Como para desear arrancarse la nariz con un cuchillo jamonero. Y claro, ella me miraba mientras subía y bajaba. Y yo la miraba a ella. Pero en cuanto llegó el olor, mi gesto empezó a cambiar a cara de asco, náusea y desprecio por la vida, hasta que giré la cabeza a un lado intentando mantener sus pies sujetos, pero tratando de evitar que aquel nefasto ‘aire del sur’ me llegara directamente a la cara. Creo que hasta hice una mueca de náusea. ¿Y qué creen? Pues va la tía y al verme, se pone a reír como una loca. Tanto, que empieza a comprimir el diafragma, hasta que claro… no podía hacer más abdominales. La tía muerta de risa a carcajada limpia en la colchoneta. Y yo a punto de vomitar por su ‘perfumado’ escape. Venga que te faltan 6 para 40 —dice el profesor. ¿Qué demonios has comido? Vete al médico. Esto no es normal— le digo yo por lo bajo. Y la tía nada. Allí, muerta de la risa, sin poder acabar el ejercicio. Silbato. Se acabó la prueba… y 34 abdominales. Suspenso. Y la tía que seguía riéndose sin control en la colchoneta con un ataque de risa. Vaya mierda —pensé. Le sujeto los pies, me como enterito el 'señor de los pedos'… y todo para nada, porque encima va y suspende. ¡Y se muere de risa, la tía pedorra!. La próxima vez le va a sujetar los pies su señora madre. Ahora me río. Pero en aquel momento quería morir, no sin antes matarla a ella. ¡Tía podrida! @Loucy

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