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LAS CIUDADES DE LOS MUERTOS #Español #Ciudades #Historia #Antropología Les sorprendía en anteriores posts el rito de Catal Huyuk de enterrar a los muertos en las propias viviendas, incluso bajo las camas de los vivos. Pues decía Lewis Mumford que la ciudad de los muertos es anterior a la ciudad de los vivos. Y puede que tuviese mucha razón. Incluso en una etapa de nomadismo, los muertos sí quedaban fijados a la tierra. Un montículo sagrado, un conjunto de piedras, una cueva… podían servir para enterrar a los muertos. Ese lugar se convertía en un punto fijo, un lugar para visitar periódicamente, aunque solo fuese para enterrar a nuevos muertos (piensen los cementerios de los indios norteamericanos, más bien nómadas, que sin embargo dieron sus vidas por conservar esos lugares cuando los rostros pálidos encontraron oro entre los huesos de sus ancestros). En torno a esos lugares sagrados, de ritos, memoria y ancestros enterrados, bien pudieron surgir las ciudades. De hecho, en varias ciudades de la antigüedad como Micenas, uno puede encontrar varias necrópolis antes de llegar a ellas. Además de la economía (lugares de intercambio), además de un espacio idóneo para la vida, también las creencias, la propia cultura, pudo dar origen a las ciudades a través de aquellas prácticas vinculadas a rituales sagrados. Los egipcios son un claro ejemplo. Si piensan en las pirámides (que no es más que un enorme mausoleo donde descansaría el faraón por toda la eternidad) y el tiempo que se tardaba en construirlas, pueden deducir fácilmente que alrededor se montaba una ciudad entera de trabajadores, maestros de obra, escultores, escribas, etc. que vivirían allí durante los largos años que duraba la construcción. Una enorme ciudad surgía en torno a la obra de una enorme tumba. Una vez construidas las pirámides y los templos al rededor, quedaban habitados por monjes que recibían tributos de alimentos para el faraón (el alimento de los dioses). También joyas y regalos para que el faraón los disfrutase en el más allá. Naturalmente los aprovechaban los monjes, no el faraón, como pago para su labor de oraciones y vigilancia. Piensen que en Egipto se creía que las posesiones terrenales con las que alguien era enterrado, le llegaban al más allá: joyas, oro, ornamentos… todo enterrado con el difunto. Lógicamente, en etapas de hambruna y dificultades proliferaban los saqueadores de tumbas. De modo que los tributos postmortem a la memoria de los difuntos, bien podían servir como pago a los monjes (y hasta a soldados), que vigilaban que no se profanara el descanso de los ancestros muertos. Incluso hay restos arqueológicos de tumbas de personas poderosas que cuando murieron, sus familiares y servidumbre se encerraron con el cadáver, hicieron una fiesta de despedida y acabaron los festejos suicidándose por envenenamiento o cortándose el cuello a sí mismos. Querían ser enterrados y acompañar a su ser querido en el más allá. Los sacrificios incluían hasta a los animales. El caballo preferido del señor, su perro, su pájaro… Así que, las ciudades de los muertos, los rituales funerarios que señalaban lugares sagrados y las construcciones funerarias para conmemorar a los difuntos, pudieron estar también detrás de la aparición de algunas ciudades. ¿A que la vieja idea de que ‘las ciudades surgieron a causa de la aparición de la agricultura’ se empieza a llenar de matices? No nos iremos de Egipto. En el próximo post, les hablaré de una de las mayores rarezas (a mi juicio a menudo muy mal interpretadas) del Antiguo Egipto: Cultura, Política, Religión y Mujeres sumados a la Guerra y las Conspiraciones. Todo ello mezclado en el origen de una ciudad eterna… que duró muy poquitos años. @Loucy

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