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ESAS EXPRESIONES RELIGIOSAS #Español #DesdeMiPerfil #AlertaDeDebate #Pensamientos Me resulta realmente curioso observar la manera en que cada cual expresa su fe en esta plataforma, y supongo que también fuera de ella. Parto de la base de que no soy una persona especialmente creyente en ninguna religión, pero debo admitir que tanto mi educación como mi entorno sí que han sido influidas por la doctrina cristiana. La verdad es que en algún momento de la vida empecé a cuestionar aquellos relatos que nos enseñaban durante la infancia. Aún así siempre observé con interés las cuestiones vinculadas a las religiones, tanto para entender sus virtudes más allá de la fe, como para cuestionar sus defectos. En las culturas que tenemos una larga tradición judeo-cristiana, es muy habitual recurrir a expresiones coloquiales que aluden a la religión. ‘Gracias a Dios’, ‘Si Dios quiere…’ etc. No me refiero a eso. Eso no me sorprende y lo considero propio de un acervo cultural que, nos guste o no, es parte de nuestra historia y nuestra cultura. A lo que me refiero es a esas otras expresiones de fe ciega, esas interpretaciones de las cosas que nos suceden desde un punto de vista religioso (cristiano), en las que siempre aparece, de un modo u otro, la ‘mano de Dios’. Eso sí que me parece curioso, básicamente porque hasta donde yo sé (puedo equivocarme y no estudié teología), es contrario incluso a la propia doctrina cristiana. A ver si logro explicarme: ‘Hoy he amanecido con fiebre, pero sé que Dios está a mi lado y con su fuerza me recuperaré’. ‘Agradezcan cuanto tienen porque Dios se lo ha entregado debido a su infinita bondad y está a su lado en todo momento en cada decisión que toman’. Entiendo de dónde viene esa ferviente creencia que ve la mano de Dios en todo cuanto nos sucede, pero no entiendo cómo es que no se cuestionan a sí mismas. En otras palabras, ser un buen/a feligrés/a no tiene nada que ver con promulgar frases místicas. Es más, puede ser incompatible. Porque, verán: Según la propia fe cristiana se supone que Dios nos entregó a los humanos la capacidad de libre albedrío. Nuestras acciones no están determinadas pues por ningún designio divino sino por nuestra propia voluntad. Gracias a ello podemos escoger entre hacer ‘el bien’ o hacer ‘el mal’. Por tanto, las cosas que hacemos y sus consecuencias, nada tienen que ver con Dios. Tenemos la libertad de actuar como estimemos oportuno y de asumir, después, las consecuencias de nuestros actos. Porque, si todo está determinado por una deidad ¿qué sentido tiene hacer el bien o el mal? Hagamos lo que hagamos, es Su voluntad que así suceda. ¿Por qué culparnos o responsabilizarnos de nada entonces? Esto es lo que pasa con estos discursos. Para no asumir la propia responsabilidad, para no cargar el peso del libre albedrío (rasgo divino que nos diferencia de los animales según las escrituras), le echamos la culpa de lo malo que nos pasa o le atribuimos el mérito de lo bueno: ‘Es voluntad de Dios que me haya pasado esto tan penoso’, ‘Gracias a la ayuda y a al acompañamiento de Dios, me han subido de categoría en el trabajo’. El libre albedrío implica que eso no sea así. Nada tiene que ver Dios en esas cuestiones (según la propia doctrina cristiana). A menudo se repite la frase bíblica ‘No emplearás el nombre de Dios en vano’ recogida en los mandamientos. En realidad, es una mala traducción de los escritos en hebreo que sería más adecuado traducir como ‘No emplearás la palabra de Dios en vano’ (no se refiere a su nombre que desconocemos, ni a la palabra ‘Dios’, sino a la doctrina divina: las palabras divinas). Tanto si lo entendemos como literal (no emplee alegremente el nombre/la palabra ‘Dios’) como si lo interpretamos en su sentido original (no emplee sus ‘enseñanzas/dictados, la palabra de Dios’ a la ligera), todas estas frases tan fervientes van contra de los propios Mandamientos. ¿Por qué ese abuso vano de la palabra de Dios? ¿Por qué mentarlo siempre en cualquier cosa que hacemos o nos sucede? ¿No podemos dejarle en paz por un momento? Otra frase interesante es aquella sobre que ‘los caminos del señor son inescrutables’, que viene a significar que nadie puede conocer la voluntad divina. Sin embargo, esas frases que emplean a la ligera aseguran lo contrario. ‘Dios está aquí conmigo’, ‘Dios les acompaña, les guía y les ayudará en todo lo que se propongan’… ¿Cómo es que conocen dónde está, a qué se dedica o cuál es su voluntad? ¿Cómo saben que les acompañará o no y si son merecedores de ello? A menos que se llamen Isaías, Jeremías o San Juan Bautista… o incluso Jorge Mario Bergoglio (el Papa Francisco) no está aceptado por la doctrina que sean profetas de la voluntad divina, que la interpreten a su manera o que divulguen cuestiones teológicas que nada tienen en común con la propia teología cristiana. En otras palabras, no deberían interpretar la divinidad en todo lo que les sucede porque no tienen ninguna vía de comunicación con Dios (cuestión reservada solo a Santos Profetas y Santos Padres). ¿Cómo conocen la inescrutable voluntad divina sin nos son nada de eso? ¿No es pretencioso asegurar ese conocimiento? Entiendo que así los creen y hasta habrá quien así lo sienten, pero eso no lo convierte en verdad ni les legitima para hacer esas interpretaciones (de nuevo según la propia doctrina cristiana). Al final, me queda una sensación de que esa ‘sumisión y ferviente fe’ resulta en justamente todo lo contrario. Personas tan creyentes que creen ser capaces de conocer la voluntad divina y que lejos de una sumisión a ella se autoproclaman profetas a base de repetir una y otra vez palabras sagradas sobre las que nunca meditaron profundamente. Creo que eso, ahuyenta a las personas que pueden verse inclinadas hacia el cristianismo e incluso les infunde miedo o rechazo, al intuir cierto fanatismo. El resultado es que de tanto usarlas, se desgastan las palabras sagradas y espantan a las personas, en lugar de expandir la fe que promulgan. No sé qué opinan, pero a mi me parece una mezcla entre penoso y peligroso. Llevo reflexionando sobre ello tras una apasionante conversación sobre la 'fe y las redes sociales' con un viejo profesor de teología de la orden jesuita, en la que no alcanzamos ninguna conclusión. @Loucy

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