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EL REGRESO DE KLHOVETZ #15Palabras #Dinámica #LiteraturaFantástica La noche era oscura en la Ciénaga de los Susurros. La llamaban así porque se decía que, si se prestaba atención, podían oírse los lamentos de todos los hombres que habían perdido la vida en ese lugar. En otros tiempos, existieron allí JARDINES donde los antiguos señores del este, celebraban un FESTÍN o una DANZA, mientras los más pequeños se dedicaban al JUEGO con gran algarabía. Sin embargo, ahora todo estaba en silencio. Tan solo la luz de la luna, filtrada por los vapores húmedos del pantano, permitía vislumbrar la figura de un hombre, alto y corpulento, que se abría paso entre la maleza y el suelo enfangado. No parecía un hombre joven. Hasta podía apreciarse en él una leve cojera al caminar, sin duda, debido el peso de la espada que llevaba envainada al lado izquierdo de su cintura, junto a una gran daga que impresionaba por su filo quebrado y sus ricas incrustaciones de piedras preciosas. La gran capa gris oscuro con capucha, ocultaba la identidad de Klhovetz, y servía también para esconder ambas armas. Solo cuando la capa se quedaba ligeramente rezagada con cada paso, un destello llegaba a brillar en aquellos metales, que, con cada CHOQUE, hacían sonar un leve tintineo. Como si quisiera compensar el peso, en su hombro derecho se posaba la figura oscura de un ave. Sin duda era un CUERVO, tan oscuro como la noche, pero no tanto como el corazón de aquel hombre. De pronto, se detuvo. — Se avecina TORMENTA, socio —le dijo con VOZ socarrona al cuervo que salió volando. El caballero Klhovetz, antaño famoso por matar DRAGONES en las Montañas del INFIERNO, llevó su mano a la empuñadura de su espada. Alrededor, comenzaron a agruparse unas extrañas CRIATURAS, mitad arañas por sus ocho peludas patas y mitad cangrejos, pues su piel era como un armazón de COLOR negro y contaban con grandes pinzas. Tres rodearon al caballero. Una cuarta, más grande que las demás, se mantenía a distancia observando la escena. Sin duda era la reina. Y esa era la que Klhovetz había ido a buscar. En un instante, y de un solo movimiento, el caballero incrustó la espada en una de ellas que emitió un terrible chillido. Sin dar tiempo para una reacción, de un salto cayó sobre otra y la apuñaló repetidas veces con la daga. La tercera CRIATURA se abalanzó sobre él. Pero de una ágil voltereta el viejo maestro de armas logró escabullirse y tomar de nuevo su espada. Era increíble. Pese a que sin duda ya era un hombre mayor, parecía conservar aún los reflejos y la agilidad de sus mejores tiempos. Con paso firme y seguro, se acercó a aquel ser. Sin prisa. Simplemente caminando espada en mano. Parecía que sabía que aquella BESTIA nunca había supuesto una amenaza real para él. En cuanto estuvo a pocos pasos, ZAS, de un solo movimiento vertical la partió en dos y siguió caminando mientras, con la capa, limpiaba el filo de la hoja impregnado en una especie líquido verde pringoso. — Al fin te encuentro —le gritó a la cuarta de aquellas criaturas que se había mantenido a distancia mientras se aproximaba a ella con paso decidido. El arácnido se elevó sobre sus patas traseras y abrió sus fauces de las que comenzó a salir un brillo azul cegador mientras emitía un chillido agudo. Pero Klhovetz se cubrió la cara y extendió la mano derecha. Fue entonces cuando pronunció las palabras, que repitió tres veces cada vez más alto: — Hetev la Onreauhk, Heeeteeev laaaa Onreauuuuhk, ¡HETEV LA ONREAUHK! Un rayo surgió del cielo nocturno y fulminó a aquel horrible ser, despedazándolo y calcinándolo. Entre sus restos chamuscados, Klhovetz rebuscó hasta encontrar una brillante gema azul, que parecía haber sido la fuente del poder de aquella criatura. Lo guardó en un pequeño bolso de piel de jark sin curtir y lanzó un silbido poniendo los dedos entre sus labios. El cuervo volvió volando y se posó de nuevo en su hombro. — ¿Lo tenemos, Klhovetz? —dijo el cuervo — Lo tenemos, socio. Ya solo nos faltan dos más. ... — Y… verá, resulta que aquí acaban la CRÓNICAS, My Lord —dijo el joven escribano. — ¿No hay más? ¡Maldita sea! ¡Quiero saber dónde las escondió ese maldito matadragones! — Lo sé, lo sé My Lord, pero no tenemos más pistas sobre qué fue del maestro Klhovetz. Esto es todo cuanto aparece en los escritos respecto a su ÚLTIMO paradero. — ¿Ese es tu ARGUMENTO? ¡Ponte de inmediato a buscar más información, rata de biblioteca! ¡Se supone que eres el mejor en eso! — Ssssí, sí… enseguida. Con su-su permiso My Lord —balbuceó el joven escribano, poniéndose su capucha y dirigiéndose hacia el patio trasero que conectaba con la antigua biblioteca. Pero al salir al patio, el muchacho no se dirigió a la biblioteca sino hacia la salida del recinto, con la mueca de una media sonrisa en su cara. A cada paso su figura se encorvaba un poco más, su vestimenta adquiría un tono gris oscuro, y comenzaba a percibirse en él una leve cojera. Sonó un silbido. Un cuervo se posó sobre su hombro. Y se podía oír un tintineo de armas que chocaban entre sí. IMAGEN: Elaboración propia a partir de gráficos vectoriales Creative Commons DESCRIPCIÓN: Sobre un fondo de palabras repetidas que corresponden a las empleadas en el reto, una siniestra figura oscura empuñando una espada junto al cadáver de una bestia arácnida. En su hombro, la silueta un cuervo. *Inspirada en la obra de Patrick Rothfuss, Joe Abercrombie, George R. R. Martin… y tantos otros maestros y maestras de la literatura fantástica. ツ Loucy, 'En español'.

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