read.cash Log in
@LeoPardo

El señor del tiempo. #HistoriasdeAragüí Entre los habitantes del perdido pueblo de Argüí, vivía uno peculiar, pues podía decir la hora, cuando le preguntaban, sin tener que consultar un reloj. Andaba lento, parecía que se arrastraba en lugar de caminar. Una joroba en su espalda lo obligaba a fijar su mirada en el suelo, como si buscara siempre algún objeto perdido. Al cruzarse con alguien, se detenía, ladeaba su cabeza y extendía su mano, esperando recibir la del otro, en un saludo. Siempre se interesaba por la salud, la familia o cualquier otro tema que su interlocutor estuviera dispuesto a responder. Luego, reanudaba su marcha sin prisa, como quien no tiene un destino a donde llegar, cosa esta que puede parecer contradictoria, pues nuestro personaje era el señor del tiempo. Vestía una raída guayabera de hilo y unos pantalones de tela gruesa. Ambas prendas de un color que, con mucha imaginación, podrían recordarnos al blanco. Sus zapatos delataban ser sus acompañantes desde una época remota. Siempre llevaba la misma ropa, que olía a una mezcla de muchos sudores acumulados. Excepto por el impecable afeitado de su barba, era poco cuidadoso con su aspecto personal. Esa falta de higiene provocaba, que algunas personas evitaran su encuentro. Se contaban historias sobre que en su juventud se destacaba por su intelecto. Se sumergía hasta lo más profundo cuando leía algún libro, preferentemente sobre ciencias. Para él, la lectura consistía en memorizar su contenido, a tal punto, que después se le podía preguntar sobre el tema, con la certeza, de recibir idéntica respuesta que si se consultaran las páginas del libro. En el pueblo se creía, que tantos estudios, le habían nublado las entendederas. Nunca se le conoció trabajo fijo, pero siempre estaba dispuesto a cumplir cualquier encargo que se le hiciera. Las personas le pagaban por el servicio a consideración propia, pues él nunca pedía dinero a cambio. Teniendo en cuenta sus hábitos austeros, le atribuían ahorros considerables de los que nadie nunca pudo dar fe. No creó su familia propia, ni tampoco se conocía nada de donde provenía. Un día, perdido en la memoria, se bajó de uno de los trenes que pasaban por Argüí y allí se quedó para siempre. Se le imputaba la paternidad de un hijo, pero el señor del tiempo guardaba silencio cuando se le preguntaba. El chico en cuestión, era uno de los tres hijos de una señora casada del pueblo, por lo que las referencias al asunto, era algo embarazoso para él. ¿Cómo nació aquella historia…?, era difícil de saber y ninguna de las partes mostró interés en confirmarla. Pero era su asombrosa habilidad, seguramente adquirida en aquellos tiempos de intensas lecturas, la que causaba la admiración de los adultos y el asombro de los chicos del pueblo. Valiéndose de algún método de cálculo mental, como si en su cabeza funcionara la más exacta maquinaría suiza de relojería, era capaz de responder la hora exacta a los que le preguntaban. Cuando alguien ponía a prueba su destreza, el señor del tiempo, siguiendo un invariable ritual, miraba al cielo, aguardaba unos segundos y daba la respuesta correcta. Si quien lo escuchaba llevaba reloj, comprobaba, solo para asentir que no se había equivocado. Los más desconfiados decían que el señor acertaba porque antes le había preguntado la hora algún transeúnte con reloj, pero nadie tenía pruebas para demostrar que se valía de aquella engañifa. La muerte le llegó un día cualquiera y lo encontró sólo, como de costumbre, pero en su entierro lo acompañó todo el pueblo de Aragüí. No podía ser de otro modo, pues era una deuda de gratitud que toda familia tenía con el señor del tiempo. En vida, nunca faltó al sepelio de ningún hijo de aquel pueblo. Cada familia contó con su acompañamiento hasta el cementerio. Su ataúd fue depositado en una sepultura cavada en la tierra desnuda. No había ninguna bóveda familiar, en el camposanto del pueblo, esperando sus restos. En su humilde lecho de muerte, como lo fue también su vida, no faltaba alguna flor del campo. Unos decían que las dejaba la señora con la que había tenido su romance prohibido. Otros afirmaban, que era obra del supuesto hijo. Lo más probable es que todos en Aragüí, mostrándole su respeto, fueran los responsables de aquellas flores que, manos desconocidas, depositaban sobre la morada donde quedó detenido para siempre su tiempo. Historia de ficción basada en una realidad posible. Miércoles, 27 de abril de 2022. Imagen libre de Willgard Krause en Pixabay

5 comments

Log in to join in Reading is open to everyone. Replying needs an account.