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Matías Pérez el que voló. (Final) Esta historia comenzó aquí https://noise.cash/post/1p5n77vn Después de escuchar entre el asombro y la duda, el inspector Pardo pidió detalles que le permitieran dar crédito a tamaña revelación. El pescador le contó que en uno de los tantos cayos que componen el archipiélago cubano, donde había desembarcado para reparar su maltrecho bote de pesca junto a su compañero, encontraron los restos de un globo aerostático. Al principio no lo relacionaron con el suceso acaecido seis años atrás del que aún se hablaba en La Habana. Pero minutos después, cuando descubrieron en la distancia la figura de un hombre cubierto de harapos que parecía observarlos, enseguida recordaron al desaparecido aeronauta. El náufrago, en lugar de acercarse a donde ellos estaban en busca de ayuda, se internó en la vegetación que crecía en la aislada porción de tierra. Esperaron un tiempo para ver si regresaba, pero como no aparecía, decidieron volver al mar en su embarcación pues ya la tarde iba cayendo y no querían ser sorprendidos por la noche en altamar. Los detalles del relato despertaron la curiosidad del inspector Pardo. Acordaron que al siguiente día el pescador lo conduciría hasta el cayo donde creía haber encontrado, al que ya entonces era, el desaparecido más famoso del país. Partieron temprano en la mañana desde un pequeño muelle de madera en la bahía. Las dos horas de navegación parecieron interminables al inspector Pardo que estaba ansioso por llegar al lugar. No pudo disfrutar de la travesía por las aguas del golfo, todo el tiempo estuvo con la vista puesta en el horizonte esperando apareciera el cayo donde el pescador decía haber visto a Matías Pérez. Muy cerca del lugar, el marino con maestría sorteó las rocas de la agreste costa hasta llegar a una pequeña ensenada, por cuya estrecha boca, coló la embarcación. Allí estaba, muy cerca de la delgada franja de arena, los restos de un globo aerostático que sin dudas había quedado en aquel sitio después de algún accidentado suceso. Los girones de telas de la vela aún estaban sujetos a la dañada canasta de mimbre atrapada entre unas rocas puntiagudas. El inspector se aproximó seguido a poca distancia del curtido pescador. Revisó minuciosamente cada parte del hallazgo, hizo apuntes en un pequeño bloc y tomó algunas fotos. Más allá del trabajo, la fotografía era una de los hobbies del investigador policial. Más tarde el inspector Pardo, guiado por su acompañante, se dirigió hasta lugar donde días atrás vieron al náufrago internarse en la maleza. Esta vez no encontraron a nadie. El cayo rocoso no tenía grandes dimensiones por lo que podía ser recorrido completamente en poco tiempo. Así lo hicieron para terminar convencidos de que además de los restos del globo cerca de la pequeña playa, nada de lo que vieron demostraba la presencia del desaparecido Matías Pérez. Navegaron de regreso sin pronunciar palabras durante todo el trayecto. En sus rostros se reflejaba la contrariedad que le provocaba el infructuoso intento por dar luz al misterio que se llevó por los aires al portugués rey de los toldos. Cuando el inspector Pardo abrió la puerta de su casa una gata negra de ojos dorados vino a su encuentro y se enredó entre sus piernas maullando suavemente. Relato inspirado en la expresión popular: “Voló como Matías Pérez”, usada cuando alguien o algo desaparece inesperadamente y en las crónicas que narran el suceso. Para encontrar otros post relacionados con el tema siga los hashtag: #FrasesCubanas #LosCasosDelInspectorPardo Viernes, 17 de diciembre de 2021. Imagen libre de Pixabay https://pixabay.com/es/photos/mar-onda-cine-oceano-agua-azul-4179131/ En la imagen sobre un mar bravío vuela un globo aerostático.

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