Perdidos. (¿O mejor: “Lost”?... por lo de Halloween) #Halloweekend #Español Tendría yo 8 años cuando, junto a un amigo del barrio, una tarde acompañamos a una vecina a recoger frijoles (caraotas para los venezolanos) a un sembrado no muy lejos del pueblo donde vivíamos. Para nosotros, niños amantes de la aventura, aquella era una oportunidad para ponernos en contacto con la naturaleza. Caminamos contiguo a la vía férrea, pues era la manera más rápida de llegar a nuestro destino. Eran cerca de las 4 de la tarde cuando partimos, evitando el fuerte sol del mediodía. Para comenzar a poner un toque de terror a esta historia, les cuento, que en el trayecto había que pasar por un puente sin barandas tendido por encima de un arroyo. Andábamos sobre las traviesas, saltando de una en una, con el vacío bajo nuestros pies. Aquel tramo del recorrido aceleraba los latidos en mi pecho y ponía temblores en mis piernas. Al llegar al sembradío, pusimos manos a la obra, ayudando a nuestra vecina a llenar su saco de vainas de la leguminosa. Durante un tiempo, la labor nos mantuvo entretenidos y la señora se sentía complacida con nuestro aporte. Pero llegó el momento que mi amigo, que dicho sea de paso estaba un poco pasado de peso, se cansó de andar por el irregular terreno doblando la cintura para recoger los frijoles. Fue entonces cuando le propuso a la señora que nosotros dos regresaríamos de vuelta al pueblo. Como él era dos años mayor que yo, la vecina, que aún tenía trabajo por hacer, lo responsabilizó de llevarme a casa. Pero a mi compañero de aventuras se le ocurrió lo que a mí me pareció una fantástica idea. Para el camino de regreso utilizaríamos una carretera todavía en construcción, que igual nos llevaría al pueblo. De este modo me libraba de pasar el puente de la vía férrea una vez más. La carretera, que no era más que una vía de material rocoso apisonado, estaba siendo asfaltada. Para realizar esta labor la mezcla asfáltica se transportaba en unos camiones, que nosotros mientras estábamos trabajando en el campo de frijoles, habíamos visto en un constante ir y venir con su carga. Entonces mi amigo decidió, que mejor esperábamos que pasara uno de aquellos camiones, sentados al borde de la carretera, para así no hacer el trayecto de regreso caminando. Esperamos un buen rato pero no pasaba nada. Al parecer los obreros ya habían terminado la jornada del día pues eran cerca de las 6 de la tarde. Mientras tanto, la vecina había vuelto al pueblo desandando el mismo camino de la ida. Cuando mi mamá la vio llegar sin nosotros fue alarmada a preguntarle. Entonces la señora le dijo que mi amigo y yo habíamos regresado una hora antes. Todos podrán imaginar la situación de angustia que provocó la noticia. Inmediatamente se activó la operación de búsqueda. El atardecer se precipitaba y las sombras se hacían más largas. Como estábamos en época de invierno oscurecía más temprano. Nosotros aún permanecíamos esperando al borde del camino. Fue entonces cuando a lo lejos divisamos una silueta que avanzaba en nuestra dirección. El miedo, cuál resorte que se dispara, nos hizo ponernos en movimiento. Caminábamos sin dejar de voltearanos para mirar atrás y nos parecía que la distancia que nos separaba de la silueta se iba acortando. Apresuramos el paso, y aún así, el espacio entre nosotros y el desconocido, no aumentaba. Faltaba poco para que la luz del sol se extinguiera por completo. Casi corríamos en lugar de caminar. En aquel momento de zozobra, en lontananza, descubrí la figura de un hombre con su inconfundible sombrero montado sobre una bicicleta. ¡Es mi papá! – grité emocionado, al verlo que venía en nuestro rescate. Cuando volví la vista, una vez más, en busca del perseguidor, no encontré a nadie. Al llegar al pueblo los vecinos del barrio estaban reunidos en el portal de mi casa en espera de noticias sobre los desaparecidos. Yo sentía tanto miedo al regaño que iba a recibir por parte de mi madre como el que experimenté en la oscura carretera. Pero mi mamá solo atinó a abrazarme y quebrarse en llantos. Sábado, 30 de octubre de 2021.
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5 comments
Son esas cositas inexplicables que ocurren, algunas veces queremos pasarle el borrador, pero no allí permanecen, quizás para dejarnos claro, que no somos los únicos inquilinos de esta dimensión. Buen relato... saludos @Leopardo
Siempre me quedó la duda si aquella persona iba a por nosotros o solo era un caminante más. De lo que si estoy seguro es que me alegró mucho ver a mi padre. Ahora cuando nos reunimos mi amigo saca la historia: recuerdas aquel día cuando nos perdimos?! Entonces haciéndome el valiente le respondo: Quien dice que nos perdimos si estábamos al lado del pueblo... jajaja Gracias @Burkino
Qué dulce final, una vez yo también me 'perdí' así chiquita como tu y mi mamá lo que me hizo fue dar unos cuantos correazos xD! Fue muy entretenida tu anécdota leopardo, me dió mucho miedo lo de que se sentían perseguidos
Yo solo puedo imaginar el miedo que sentían al verse perseguidos jajajaja me pasó más de una vez de niño. Caso contrario a mi sí me dieron mis correazos al llegar a casa. Por cierto detective, acá hay frijoles y caraotas ok jajaja
Amigo dudo que siendo yo me hubiese dado la oportunidad de saber quien era. La carrera más rápida la mi vida hubiera sido ese día ( risas) Muy buen relato.