Eclipse. Al terminar la universidad, Pablo rechazó una propuesta de trabajo en la ciudad porque su madre le pidió no alejarse de ella puesto que su salud comenzaba a quebrantarse. Él, que siempre había sido un hijo muy complaciente, no dudo ni un momento regresar al hogar del que solo salió para cumplir el sueño de su señora madre: ver a su hijo graduado de abogado. Pablo había perdido a su padre, cuando solo tenía nueve años, y la madre asumió su crianza dedicándole su vida a tiempo completo. El negocio inmobiliario del difunto esposo les permitía llevar una vida modesta pero sin carencias. La viuda fue ahorrando el dinero necesario para que cuando su hijo le llegara la edad indicada, pudiera cursar los estudios de abogacía. Aunque Pablo no mostraba ningún interés por ser abogado, complacer a su querida madre, si lo llenaba de regocijo. Solo durante esos cinco años de su vida, con gran angustia, se separó de aquella mujer, que para él, era la única razón para sentir deseos de vivir. Por eso, cuando al terminar, ella le pidió que regresara, sintió un gran alivio por tener la justificación perfecta para desaprovechar aquella gran oportunidad de trabajo y volver al pueblo junto a la madre. Colgó el título en una pared de la sala y sintió orgullo por haber cumplido el anhelado sueño de su madre. La madre de Pablo era una mujer de carácter. En el pueblo se rumoreaba que ella no había sentido mucho la pérdida del esposo, pues sólo le era un estorbo sin mucho poder de decisión, que había heredado el negocio familiar. Era ella, quien tras la fachada del marido, manejaba las riendas de la pequeña inmobiliaria. Pablo creció convencido de que su madre era la figura a respetar y jamás se le ocurrió hacer algo que disgustara a su madre. La enferma nunca recuperó la salud perdida, y a pesar de los cuidados de su hijo, su malestar sólo empeoró. Pablo, a través de internet, aprendió lo necesario para su cuidado y se encerró en el gran caserón para dedicarse por completo a su atención. Nadie más traspasó el umbral de la puerta principal del viejo domicilio. Contrató mensajeros que le acercaban hasta el portal lo que necesitaba. Pablo nunca fue persona de tener amigos, su madre era la única persona con la que él se sentía a gusto. En su proyecto de vida nunca consideró establecer una relación sentimental con alguien más. Sólo consideraba a su madre merecedora de tales afectos. En la madrugada del viernes Pablo no podía conciliar el sueño. Una extraña energía lo mantenía despierto. Se levantó de su cama y salió rumbo a la cocina en busca de algo que lo ayudara a dormir. Al pasar junto al cuarto de la madre asomó la cabeza por la puerta entreabierta para chequear que todo estaba en orden. Ya en la cocina, no se detuvo a buscar el somnífero, siguió hasta la puerta trasera que conducía a una terraza. Caminaba como un sonámbulo impulsado por una fuerza mayor. La noche estaba fría y en el cielo una luna llena nevada comenzaba a eclipsarse. Pablo se sentó en banco de madera y quedó como hipnotizado mirando al cielo por casi tres horas y medias. Acababa de ver el eclipse lunar de mayor duración en 580 años. Aterido de frio volvió al interior de la casa y subió las escaleras para llegar al cuarto de su madre. Parado frente a la cama, le contó: _ ¡Madre, esta noche he visto un eclipse espectacular! Si solo hubieras podido verlo. El lecho, donde diecinueve años atrás había muerto su madre, estaba vacío. Pablo nunca pudo salir de la umbra que su madre dejara durante el eclipse que había significado su existencia. Sábado, 20 de noviembre de 2021.
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7 comments
Excelente @Leopardo. Conocí a un casi Pablo, su mamá aún vive y el sigue siendo como un niño viejo, que no quiso ser adulto. Posiblemente éste comportamiento, tenga alguna definición psicológica. Saludos.
Saludos @Burkino. Pues seguro tiene su definición, al ser un comportamiento que se repite con alguna regularidad en un grado menor o mayor. Quizá tenga que ver con un complejo de Edipo?! A lo mejor alguien conocedor del tema nos aclara en algún comentario. Yo sólo escribí desde los sentimientos sin ninguna investigación sobre el tema.
De pronto @AnsiedadVenezolana nos puede ilustrar o algún otro usuario que manejo estos temas de psicología o psiquiatría.
Dios, bueno, no pude evitar pensar en algo que mi padre siempre me dice: Con los hijos, se debe hacer como el Águila, y lanzarlos del nido para que ellos puedan volar solos, de lo contrario, se convertirán en aves mediocres. El amor a los padres debe existir, pero llega un momento en el que debemos tomar nuestro camino, y si ese camino no es del agrado de nuestros padres, igual seguir (a menos que obviamente sea un callejón sin salida), porque hacer las cosas por complacer a nuestros padres a costa de nuestros deseos, sería el acto más egoísta hacia nosotros mismos.
Es increíble amigo, un relato espectacular. Eso nos enseña mucho, no debemos encerrarnos ni encapricharnos en las cosas. Este muchacho era un hijo ejemplar pero muy obsesionado. Cada persona tiene una vida individual y no está ligada a nadie. Sí es cierto que le debemos a nuestros padres, los tenemos que cuidar y darles cariño y todo cuánto necesiten. Pero nuestra vida no puede girar solo en torno a ellos. Tanto fue la obsesión de El que 19 años después aún pensaba que su madre estaba en el cuarto y solo estaba su lecho. Pablo eclipsó su vida por completo y nunca más salió de ese año, su tiempo paró y se detuvo en ese momento, no avanzó más. No sé si la historia es real pero triste si está. Y lo más triste es que eso pasa a veces. Tenemos que mantener un equilibrio todo en exceso es malo.
No me esperaba ese final, guao de verdad maravilloso relato, te felicito
Aun no puedo creer como me tuviste aquí leyendo por largo rato para ese final tan inesperado. Pensaba que podía acabar de cualquier manera pero no así. Felicidades amigo mío.