El mercader de tiempo. Era un señor inmensamente rico. Había comenzado a acumular su peculiar fortuna desde muy temprana edad. Su riqueza no estaba valorada en metales preciosos, acciones en la bolsa de valores o grandes propiedades inmobiliarias. Todo el dinero que había heredado lo utilizaba para comprar el tesoro más valioso del hombre. Siempre estaba dispuesto a pagar, sin importar la cuantía, por el tiempo ajeno. Pasaba todo el día sentado en su despacho esperando que algún alma desesperada llegara a venderle su tiempo. En el centro de un amplio salón, detrás de un escritorio de madera oscura, arrellanaba su obesa anatomía en un cómodo butacón. Daba la impresión de estar viendo un enorme sapo pálido y húmedo, inmóvil sobre una piedra, aguardando se le acercara una presa para atacar. Las paredes de la habitación estaban cubiertas por relojes que marcaban las horas con una pasmosa sincronización. Había aparatos de todas las épocas, formas y tamaños. El sonido unísono de sus mecanismos, pregonaba la indetenible marcha del tiempo. En una caja de caudales, bajo una indescifrable combinación, guardaba con celo los contratos que hacía firmar a los vendedores. Tantas personas no sabían qué hacer con su tiempo, que las ofertas nunca le faltaron. Su único objetivo era acumular la mayor cuantía de tiempo posible, sin permitirse el más mínimo gasto del mismo. Con cierta frecuencia contabilizaba a cuanto ascendía su fortuna, sumando la cantidad registrada en cada legajo. Lo acopiado le sobraba para vivir más de una ordinaria vida humana. Un día el avaro señor enfermó de gravedad. Su vida sedentaria le pasaba factura a su salud. Entonces decidió que era el momento oportuno para hacer uso de su tesoro. Encomendó a su fiel doctor, abrir la caja de caudales y tomar todo el tiempo que necesitara para prolongar su maltrecha existencia. El médico accedió de mala gana tras el vehemente pedido del paciente, pensando que era un delirio de su mente provocado por las fiebres de su cuerpo. El galeno se encontró con un montón de papeles que habían amarillado con los años. Tomo una muestra y la llevó al enfermo, que yacía sobre las sábanas húmedas por el sudor que destilaba de su cuerpo inerte. Mirando desconcertado los documentos, se dio cuenta que había guardado un cúmulo de tiempo caducado, que no servía para nada. Todo el tiempo comprado era una estafa pues no podía usarlo para prolongar el de su propia vida que se escurría lentamente. Su tiempo terminaba y le era imposible vivir el que guardara con extrema seguridad. Escuchó como el latido de su corazón se hacía cada vez más débil y espaciado. Se sintió como uno de aquellos relojes, que adornaban las paredes del despacho, al que se le agotaba la cuerda y ya nadie podía echarlo a andar nuevamente. Martes, 23 de noviembre de 2021. Enlace a la imagen de Pexels https://www.pexels.com/photo/3127588/
6 comments
Espectacular forma de demostrar que el tiempo no se recupera y lo que ya pasó, es caducado, nada en esta vida se lleva para la otra (si es que existe) ni siquiera el tiempo, porque ese avanza así caigan quince bombas atómicas
El tiempo es la posesión mas preciada que todos tenemos. El tiempo pasado no se recupera, el tiempo no se debe desaprovechar. No hay forma de recuperar el tiempo perdido, ni tampoco lo podemos acumular como supuso el señor de tu historia. Pero si se puede comprar para utilizarlo en cosas útiles y provechosas. Debemos comprar todo el tiempo que podamos para pasarlo con nuestras familias, nuestros hijos y así en nosotros mismos. El tiempo es nuestro mejor aliado y es también nuestro peor enemigo. Su importancia es vital y debemos emprender a manejarlo de la manera correcta. Lo que has contado es vital para todos y deberíamos prestar atención ha la enseñanza que aporta a cada uno de nosotros. Gracias, ha sido muy bueno leer esto.
Hermosa historia que muestra una realidad pocas veces comprendida: el tiempo se nos va a cada segundo y nunca más regresa. Leía tus palabras y pensaba en personas que conozco, las que atesoran cosas muy preciadas para un momento especial que muchas veces nunca encuentran, y terminan perdiendo el ahora y el hoy, que son lo más importante. Vivamos y disfrutemos más...no existe un tiempo más especial que el que tenemos a nuestro alcance. Feliz noche mi estimado amigo.
Como no decir que me delito este escrito si iso eso y mas me engancho. Recordando que el tiempo es efímero y si no lo disfrutas ya pa luego es tarde jijiji me encanto amigo @leopardo saludos
Leopardo. El detective escritor, maestro de la descripción y los detalles, genial la historia. Eres de los mejores hermano.
Impresionante, me fascino la manera de describir el personaje y lo insólito de la trama en la historia, por favor continúa escribiendo así, es un verdadero deleite leer tus cuentos.