Después de 20 años. Un hombre, que aparentaba cargar muchos más de los cuarenta y tantos años que había vivido, esperaba fuera del despacho del inspector Pardo, cuando este llegó temprano en la mañana del lunes. Asustado, se levantó del banquillo y saludó, anticipándose al recién llegado. El inspector lo invitó a pasar, luego de abrir las ventanas para ventilar la oficina. El día prometía calor, a juzgar por como comenzaba. Pardo se percató de que al visitante le costaría hablar del asunto que lo había llevado hasta allí. Para ganar su confianza, le comentó sobre el tema del que todos hablaban: las altas temperaturas, que estaban castigando a la isla, desde la semana anterior. Cuando lo estimó oportuno, preguntó por el motivo de la visita. El hombre le pidió investigar sobre el asesinato de su esposa. La víctima había recibido varias heridas de arma blanca mientras dormía, junto a él, en el lecho matrimonial. Lo peculiar del asunto estaba, en que el crimen había sucedido, 20 años atrás. Aquella noche fatal, en que perdió a su pareja, regresó tarde a su casa y pasado de tragos. No recordaba nada más allá, del momento en que desplomó su ebria figura, en la cama donde ya descansaba su esposa. Ella lo reprendió, como de costumbre, pero él alcanzó a escuchar solo los regaños iniciales. El alcohol ya había bloqueado por completo sus sentidos, impidiéndole percibir cualquier estímulo del exterior. A la mañana siguiente, cuando despertó, sintió que la sábana bajo su cuerpo estaba empapada de un líquido viscoso. Al incorporarse, descubrió la causa. Su esposa, apuñaleada, yacía sin vida sobre la misma cama, de donde él, acababa de levantarse. Todo lo demás parecía en orden. Fue en ese momento que recordó, que ellos no estaban solos en la habitación. Corrió hacia la cuna, donde debajo del mosquitero, inocente de todo, dormía su pequeña hija. Dentro de todo el desconcierto que le provocaba la escena que tenía ante sí, el encontrar a la niña sana, fue como un destello de calma en el centro de una tormenta. El amor que sentía por esa hija, era quien lo había impulsado, a entrevistarse con el inspector Pardo, aquella calurosa mañana de lunes. Todas las pruebas encontradas por la policía en el lugar del crimen apuntaban hacia un solo culpable. Ninguna entrada había sido violentada, para revelar la presencia de un extraño. El arma homicida, un cuchillo tomado en la cocina de la propia casa, tenía sus huellas. No existía cuartada alguna que probara su inocencia. Tampoco él fue capaz de dar una explicación, al ser el primer sorprendido, de la horrible escena, que más tarde encontraron los peritos policiales. Como resultado fue condenado a 15 años de prisión. Los familiares de la víctima, quienes nunca aprobaron su unión con el inculpado, pusieron todo su empeño en lograr la mayor condena posible. Y no es que él fuera un dechado de virtudes, pero hasta el final sostuvo con firmeza, ser incapaz de causar tanto daño, al ser que cambiara por completo su vida. Antes de ellos conocerse, había estado vinculado a delincuentes que imponían su ley, en la barriada donde nació. Cuando dispusieron irse a vivir juntos, él decidió romper aquel vínculo con su pasado, aun sabiendo, que era una tarea difícil. Más tarde, el nacimiento de la hija de ambos, fue el incentivo perentorio, para reafirmar la decisión tomada. El inspector Pardo escuchó atento a su interlocutor sin interrumpir el relato ni una sola vez. El hombre, a quien le costara comenzar a hablar, le había contado hasta el último detalle de aquella enmarañada historia. Al final, el investigador policial, mientras secaba el sudor de su frente con un pañuelo, le preguntó: _ ¿Por qué hace esto ahora, si ha pasado tanto tiempo y después de haber cumplido su condena? _ Lo hago por mi hija… Ella piensa que su padre es un asesino. – contestó el hombre visiblemente angustiado. Continuará… _________ En estos tiempos de #EnCorto, para variar, regresan #LosCasosdelInspectorPardo. Viernes, 15 de julio de 2022. Imagen de Twighlightzone en Pixabay https://pixabay.com/es/photos/sangre-cuchillo-pu%c3%b1alada-asesinato-3301880/ La imagen muestra la hoja de un cuchillo ensangrentada.
2 comments
Lo ví cómo un poco largo, pero de agradable lectura, me deja muchas preguntas en agenda. No queda más que esperar a ver con qué se viene éste misterioso hombre y el inspector Pardo.
Los casos del Inspector Pardo siempre son bienvenidos. Desde ya estoy a la espera del próximo capítulo de esta historia. ¿El hombre será culpable o inocente? Uy qué misterio!!! Gracias por entregas como esta, estimado @Leopardo. Ya se le echaba de menos.