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@LeoPardo

#DesdeMiPerfil. Ayer, en la cena de Nochebuena en casa, una realidad me colmó de alegría: en la mesa no había sillas vacías. Después de 2 años de pandemia por covid-19, que ha segado la vida de casi cinco millones y medio de personas en todo el mundo (según cifras oficiales), de transitar este año por el más grave brote de la enfermedad en mi país, de haber tenido familiares considerados de alto riesgo por su edad y comorbilidades contagiados con el virus o trabajando con pacientes en zona roja; no tener que dedicar un pensamiento póstumo a ninguno de mis seres más queridos me hace estar agradecido. La inmigración, el otro motivo que nos aleja, tampoco dejó su saldo en la mesa de celebración familiar. Las diferencias en el desarrollo económico de las naciones, agravado en estos dos años por la crisis del coronavirus, la búsqueda de mejores oportunidades entre los más jóvenes; sigue siendo una causa de mucho peso en la separación familiar. Nuestros hijos, inconformes a ratos, también se sentaron a la mesa esta vez. Luego quedan las enemistades entre miembros de la familia que también dejan lugares vacíos en las celebraciones familiares. Ninguna desavenencia entre familiares cercanos debería quedar sin solución como muro que los divida. Soy del criterio que en familia se pueden limar todos tipos de asperezas pues los lazos que nos unen seguirán existiendo a pesar de los conflictos. Si compartes conmigo la alegría de no tener sillas vacías en la mesa de celebraciones decembrinas, alza tu copa para brindar por la unión de la familia. Si, por el contrario, no se reunieron todos este año, igual haz tu brindis por los que ya no están, la felicidad de los que están lejos y la reconciliación de los que están distanciados. ¡Chin-chin! ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo para todos! Sábado, 25 de diciembre de 2021.

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