Circos ambulantes. Días atrás en este canal leí algunas notas que contaban sobre payasos y eso me trajo el recuerdo de pasajes de mi infancia que quedaron grabados en mi memoria. Resulta que por aquellos tiempos era frecuente recibir la visita de circos que recorrían los pueblos y bateyes de mi país. Llegaban con sus carpas de colores que armaban en el terreno donde habitualmente se jugaba beisbol y desde ese momento todo en el pueblo giraba alrededor del circo. La acción comenzaba con el trabajo de los responsables de levantar la inmensa tienda de lona (aun hoy no sé porque les llamaban tarugos). Clavaban fuertes estacas en la tierra donde se ataban las cuerdas que mantenían la carpa armada. Luego ya en el interior montaban las gradas desde donde los espectadores disfrutarían el espectáculo y dejaban lista la arena para que los artistas cada noche nos deleitaran con su función. Siempre lo primero en quedar listo era la caseta donde se vendían los boletos para la entrada y entonces todo el pueblo comenzaba a desfilar para adquirir su pase a las funciones nocturnas. Como las visitas coincidían con los fines de semana, los domingos también hacían espectáculos en la tarde. Mientras aguardábamos el momento de la función los chicos merodeábamos por el lugar para ver que primicias podíamos obtener. Algunos circos traían fieras amaestradas, que mantenían seguras en jaulas, así que poderlas ver de cerca para nosotros era toda una aventura. Con la noche se prendían las luces que adornaban la carpa y en el interior comenzaba el fascinante espectáculo de colores, música, magos, equilibristas, malabaristas, trapecistas, domadores, contorsionistas, ventrílocuos y por supuesto los infaltables payasos que arrancaban las risas de grandes y chicos. Cuando el circo partía hacía otro pueblo todos los muchachos nos quedábamos con las ansias de imitar la maestría de aquellos artistas. Entonces comenzábamos a montar nuestros circos de patio. Cada uno elegía la especialidad que más le impresionaba y prolongábamos el espectáculo por varios días, ahora sin carpa ni luces. Recuerdo una anécdota que hoy me provoca una sonrisa pero entonces nos sacó un gran susto. Pues resulta que en el circo de turno habíamos visto un número en que una artista, supuestamente colgada de su pelo, giraba cual veleta al viento. Quisimos imitar la destreza de la bella joven que nos había cautivado con su actuación. Una vecinita se ofreció para ser la estrella del número, amarramos sus rubios cabellos y las suspendimos utilizando la rama de una mata de mango. Cuando uno de nosotros comenzó a hacerla girar, la niña comenzó a dar unos gritos que nos dejó a todos paralizados. Nosotros desconocíamos que la artista verdadera utilizaba un dispositivo especial dentro de su moño que evitaba que el acto fuera doloroso. Ligeros la liberamos del amarre y hasta ahí llegó el espectáculo ese día. Con los años los circos se fueron haciendo sedentarios. Se construyeron lugares en las grandes ciudades donde los artistas circenses mostraban sus habilidades con mejores condiciones. De tiempo en tiempo versiones más reducidas daban sus giras por el país recordándonos las pasadas épocas de los circos ambulantes. Hoy en días son toda una rareza. Como me gustaría que los que llegaron hasta aquí leyendo mi nota compartieran en los comentarios sus vivencias personales con el mundo del circo. Ensayando la dinámica que nos propone Loucy para el canal describo: La imagen muestra en la entreluz del atardecer una carpa de circo que combina los colores rojo y azul. El brillo de bombillos de colores rematan la forma que dibuja la gran tienda en el espacio de la foto. En el punto más alto ondean banderitas amarillas. El plano más cercano permite leer en letras plateadas "Circo Trompoloco". Siguiendo la propuesta de la creadora del canal ahora toca no subir la foto. Confieso que de ningún modo la hubiese subido pues esa imagen solo existe en mis recuerdos de la infancia. Domingo, 1 de agosto de 2021
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3 comments
Creo que todos/as tenemos algún recuerdo similar y entrañable de los circos ambulantes. Ya cuanto te haces mayor piensas en la vida de esas gentes y en los pobres animalitos adiestrados (a veces cruelmente) para salir en los espectáculos. Tengo sentimientos entrecruzados con los circos y sus recuerdos. Pero desde luego, como ejercicio preparatorio para el próximo sábado, te quedó espectacular (palabra perfecta para definir al circo y a tu post). ¡Bravo Leopardo!
Comparto contigo esos sentimientos que hoy, de mayor, tienes sobre los circos. No hablé de eso en mi nota pues mi objetivo era no romper el ambiente mágico que creaba su visita en mi infancia. Recuerdo que estudiando en la universidad, en la ciudad había una sede permanente del circo, mis compañeros la visitaban de vez en cuando y yo siempre encontraba un pretexto para no acompañarlos. Ya después volví alguna vez al circo acompañado a mis hijos cuando eran pequeños. Gracias por leer, comentar y valorar mi nota.
Me encanto la descripción de la imagen, mientras leí fue como ir dibujando cada detalle y llenando de color cada espacio como si de un cuento se tratase. Por mi parte tengo muy pocas -por no decir una- experiencias con el circo, solo fui una vez cuando estaba pequeño y no recuerdo -honestamente- nada de él. Todo lo que te pudiera comentar estaría influenciado de lo que he visto en películas y ficciones en general.