Las diferencias suelen ser rechazadas por las normas. El primer criterio que nos hacemos de algo que no es aceptado por la mayoría suele estar sesgado por los estereotipos. Estas ideas preconcebidas son sembradas desde la infancia en nuestras mentes. Entre los grupos más vulnerable se incluyen las personas que presentan alguna discapacidad física o intelectual. Estas personas con mucha frecuencia encuentran dificultades para estudiar, trabajar o desarrollar sus relaciones sociales. Son rechazados sin siquiera comprobar sus capacidades. En otras casos se aceptan por sentimientos de lástima o compasión sin llegar a ganarse la confianza y el respeto que su esfuerzo merece. Las discapacidades, al limitar actividades fundamentales para la vida, llevan un tratamiento diferenciado para nivelar las desventajas que las condiciones físicas o mentales imponen a estas personas. Son muchas las batallas cotidianas que tienen que librar, acciones que para la mayoría no requieren de un esfuerzo extra. Si a todo eso, le añadimos el menosprecio y hasta la burla del medio, los alejamos más de llegar a alcanzar la confianza en sí mismo que necesitan para vencer su día a día. En estos tiempos, donde tanto se aboga por el respeto y la aceptación de las diferencias, deberíamos prestar más atención a las personas discapacitadas. La inclusión de estas personas permite que la sociedad aprenda a valorarlos teniendo en cuenta sus diferencias.
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