#TermínameElCuento #DinámicaPorLos1500 #DeCalidad #LosCasosDelInspectorPardo Puesto que el amigo @Kike9781 no publicó el final del cuento prometido, aquí voy yo con el mío. El comienzo fue por aquí (no olviden leer los comentarios encontrarán versiones diferentes e interesantes) Primera parte: noise.cash/post/lvq2rr8p Segunda parte: noise.cash/post/lw8jvn3q Una idea perturbadora (final) La gata negra de ojos dorados subió a la cama donde Leopoldo Pardo aún dormía. El amanecer era tan frío en aquellos últimos días de enero que a cualquiera se le pegaban las colchas. Pero Mimí reclamaba su desayuno y el inspector tenía mucho trabajo pendiente. Hoy, por fin, llegarían los informes del forense y del departamento de investigaciones que estaba esperando. Sin pensarlo más se incorporó y fue directo a la cocina para darle de comer a la gata, luego se alistó para ir a la oficina. El informe pericial en nada varió el motivo, supuesto por el investigador en el lugar de los hechos, que provocó la muerte a la esposa del escritor. La almohada encontrada junto a la cama, sirvió para presionar fuertemente sobre el rostro de la víctima, obstaculizando la llegada de aire a los pulmones y provocando la asfixia por sofocación. Los escasos signos de resistencia y el nivel de analgésicos encontrado en su sangre demostraban que el agresor había logrado su propósito con facilidad. Algo bien distinto a lo visto en la escena del crimen confirmó el examen del cadáver y la autopsia del literato. La asfixia también fue dictaminada como la causa de su muerte, pero no producto del ahorcamiento como se suponía a simple vista. Antes de ser colgado de la viga de madera del techo de la habitación, el joven fue estrangulado con un lazo. Al parecer, la sorpresa y la corpulencia del agresor fueron determinantes en el acto criminal. Al análisis forense no escaparon los signos de congestión y tumefacción de la cara del agredido, los que contradecían, la palidez típica en los casos de ahorcamiento. El otro detalle confirmatorio, que el día de los hechos no escapó de la aguda vista del inspector Pardo, fueron sus manos abiertas. La muerte por ahorcamiento provoca que la víctima apriete sus puños. Los hechos daban un giro inesperado a un caso que parecía resuelto. ¿Cómo había entrado en la casa el sujeto que ahora se convertía en el principal sospechoso del asesinato del matrimonio? Los peritos no encontraron ningún signo de violencia en las vías de accesos. ¿Acaso habían permitido la entrada voluntaria de algún conocido? La hora del suceso conspiraba contra esta hipótesis considerada por el investigador. Tampoco hallaron huellas desconocidas que sirvieran de evidencia. Quien había cometido el crimen, conocía muy bien cómo hacer, para no dejar rastros incriminatorios. El inspector Pardo decidió hacer una visita a la empleada de la casa. Buscaba las respuestas que podían conducirlo a la solución del caso. La señora vivía en un suburbio de la ciudad al que le tomó tiempo llegar. Confiada hizo pasar al detective y lo invitó a café que había acabado de colar. El inspector aceptó con gusto, lo estaba necesitando en aquel día. Luego indagó si el matrimonio tenía invitados en casa el día de los hechos. La mujer, que era una locuaz conversadora, le soltó una larga charla de donde se concluía claramente que la pareja recibía muy pocas visitas en su vivienda, que eran ellos los que frecuentaban las de sus amistades. -Que dicho sea de paso, no eran muchas.- concluyó la empleada. Luego el inspector Pardo se interesó por quienes tenían acceso a la vivienda. De nuevo la señora comenzó su parloteo para al final responder que solo ella, además de los difuntos, tenía llave de la casa. En medio de la conversación, un hombre de gran estatura y corpulencia, apareció en la entrada de la casa. Mascullando un saludo, atravesó la sala donde se desarrollaba el diálogo y se internó en una habitación, cerrando tras de sí la puerta. -Es mi hijo- aclaró la señora- No le gusta que nadie me visite- agregó bajando la voz. -¿Ha estado su hijo en la casa donde usted trabajaba?- preguntó Pardo. - Un par de veces… me ayudó con limpiezas generales. Los expertos en informática del departamento de investigaciones encontraron en el disco duro de la laptop incautada en el lugar del crimen archivos que contenían capturas de un chat privado entre el escritor y otra persona con el nickname Artista. Los fragmentos de conversación describían varios asesinatos con muchos detalles y el minucioso ritual para deshacerse de los cuerpos de las víctimas sin dejar rastros. El inspector Pardo advirtió que había leído las mismas palabras en la obra que el escritor dejara inconclusa. A duras penas el departamento de policías consiguió una orden de registro para entrar en la casa de la empleada doméstica. Se apoyaron en algunos detalles sacados del chat del escritor con el Artista y la negativa de la mujer a recibir nuevamente al inspector Pardo, pues su intuición de sangüeso policial no era suficiente para el juez. El hijo se lo había prohibido, hecho que aguzó más las sospechas del investigador. Bajo la blanca luz de la sala de interrogatorios el detenido recordaba una montaña humana. Después que la policía encontrara durante el registro los archivos donde documentaba con fotos y videos la serie de asesinatos cometidos no le quedó otra opción que confesar. Tampoco parecía molestarle mucho. Se sentía un artista y necesitaba reconocimiento para su obra. Declaró que entró en la casa de las víctimas aquella madrugada, utilizando la llave de la madre. El literato estaba tan absorto en su trabajo que no lo sintió acercarse por la espalda. Pasó el lazo por su cuello y apretó hasta estrangularlo. Antes había asfixiado a la esposa. Luego montó su última performance en la habitación para confundir a la policía. Culpó al literato de lo sucedido. Quería robarle el protagonismo, publicando su obra antes de que él terminara. El escritor le había dicho que ya no podía dar más escusas a la editorial, pero aquel no era el final del cuento y él no iba a permitir semejante disparate. Ese día, ya en su casa, mientras acariciaba a la gata, Leopoldo Pardo pensaba en la acusación del crítico de arte contra el escritor. No le faltaba razón al considerar que tenía una imaginación retorcida. Se había convertido en cómplice silencioso del asesino en busca de fama y dinero. Aquella idea dejó perturbado al inspector. Sábado, 29 de enero de 2022.
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2 comments
un giro totalmente inesperado al final, con un nuevo asesino, solo se le pudo ocurrir al autor precisamente!!! que manejaba toda la info de su historia!!!, muy bueno, este fue sin duda uno de los cuentos que mas disfrute #Terminar y 2 veces porque lo continuaste... gracias por la divertida #Dinámica @Leopardo !!!. nos estamos leyendo.
Chamo no seas desesperado jajaja lo estaba dejando para el día de lectura. Me quitaste el trabajo jajajaja ya te leo y veo si es distinto al que tengo pensando. Hoy me tomé el día para la familia, ahorita es que ando aquí revisando y contestando.