Después de 20 años. (Continuación) #LosCasosdelInspectorPardo. El principio de esta historia lo pueden encontrar en noise.cash/post/1246mqm6 Las calurosas temperaturas no parecían tener la más remota intensión de dar un respiro. Un sol que rajaba hasta las piedras, a la hora del mediodía, mantenía a la mayoría de los habitantes de la isla a la sombra. De caer un aguacero en ese momento sería recibido como un regalo divino. El inspector Pardo aprovechaba aquella quietud transitoria, cuando a través de las ventanas llegaban muy pocos ruidos del exterior, para sumergirse en su nube meditativa de humo de tabaco. Un Montecristo Nº4 era la breva reservada para tales ocasiones excepcionales, únicas en las que se le veía sosteniendo, un puro entre sus labios. Un detalle llamó poderosamente su atención en la entrevista del día anterior con el ex convicto, que más que solicitando sus servicios de sabueso policial experimentado, llegó implorando ayuda misericordiosa. Este le contó, que estando en la cárcel, ingresó un preso, al que reconoció como un antiguo colega de fechorías, de los tiempos en que estuvo involucrado a los capos que controlaban el barrio. La única frase que escuchó de este, lo dejó completamente intrigado. Lo peor es que tuvo que guardarse su curiosidad, pues no hubo posibilidades de un segundo encuentro. A la mañana siguiente, fue encontrado en el baño con un corte mortal en el cuello, bajo un grueso chorro de agua que salía directo de la tubería, que servía de duchas. “Estás pagando por otro”, fueron las cuatro palabras que no cesaron de repiquetear en su cabeza desde aquel día. Algo sabía ese hombre, del cual no recordaba ni el nombre, que él desconocía. Y aunque sostuvo siempre su inocencia, no tenía forma de probarla. Su incertidumbre siguió creciendo, al recordar más tarde, que el degollado había estado en el bar la noche anterior del asesinato de su esposa. Como en un golpe de lucidez volvió a su mente la imagen de aquella noche y se acordó, que precisamente aquel sujeto, lo había ayudado a llegar hasta su casa, dado el estado de embriaguez que él presentaba. Nada le pareció extraño entonces. Eran las mismas borracheras de siempre, en el mismo lugar y con los mismos tipos. En momentos como aquel, el inspector Pardo se lamentaba de no haber querido nunca contratar un asistente. Con el calor que hacía en la calle, con gusto se hubiese ahorrado el viaje hasta el plantel penitenciario, en busca de la identidad del sujeto del cual le había hablado su cliente. Un suceso como el que había acaecido tenía que estar registrado en los archivos del penal. Ese era el hilo, que su olfato le pedía seguir, para desenredar la madeja, de la mujer asesinada veinte años atrás. Conociendo la identidad del degollado, Pardo enrumbó en la siguiente dirección que seguiría la investigación. Tendría que desempolvar el expediente del caso en busca de algún detalle de interés. Entre las evidencias recogidas en la escena del crimen, una huella parcial no identificada llamó su atención. Era el único indicio, que podía vincular con el asesinato, a una persona ajena de los que vivían en la casa. El recluso que murió en la cárcel después que le cortaron el cuello, por su propio peso, era su primer candidato. Al cotejar las huellas, encontró la coincidencia que esperaba. Nada era casual en aquella historia. El hampa tenía sus ensangrentadas manos metidas hasta los codos. Nadie podía burlarse de los dueños de la barriada, dejándolos tirado y demostrando a otros, que podían comenzar una vida nueva, de éxito, fuera de sus dominios. Cuando el inspector Pardo, citó a su cliente al despacho para informarle los resultados de la investigación, prefirió no hablarle del poco interés que percibió por parte de la policía en hurgar con mayor profundidad en el caso. Tenían evidencias que apuntaban a un culpable y no necesitaban nada más para dar por cerrado el caso. A estas alturas sería muy difícil demostrar si la intencionada influencia de alguien facilitó el curso que tomara la pesquisa en aquel entonces. Al abandonar el despacho del inspector, el hombre que hacía dos semanas había estado allí por primera vez, estaba convencido de que la tarea más difícil era la que le quedaba por cumplir. Ganarse el cariño y respeto de su única hija, que durante veinte años había vivido escuchando, que su padre era un brutal asesino, responsable de la muerte de su madre. En ese preciso momento comenzó a llover torrencialmente, pero él no buscó un lugar donde guarecerse. Dejó que el agua arrastrara aquel pasado del que sentía acababa de desprenderse para siempre. Por fin, la lluvia hacía el milagro de aliviar, aunque fuera por una noche, a los isleños del agobiante calor. Domingo, 17 de julio de 2022. En la imagen una composición a partir de dos imágenes libres de Pixabay. Imagen de Stefan Schweihofer en Pixabay https://pixabay.com/es/vectors/huella-digital-dactilograma-257037/ Imagen de Twighlightzone en Pixabay pixabay.com/es/photos/sangre-cuchillo-pu%c3%b1alada-asesinato-3301880 La imagen muestra una huella dactilar sobrepuesta sobre la imagen de la hoja de un cuchillo ensangrentada.
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Fascinante la manera en que desempolvaste todos los indicios de aquel caso tan añejo hasta encontrar al verdadero culpable. Ese inspector es un fenómeno. Esperamos nuevos casos como este, donde el misterio prima.