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@LeoPardo

Encierro. #HistoriasdeAragüí El gran salón social de Aragüí ofrecía un baile para presentar en sociedad a un grupo de muchachas que ese año festejaban sus 15 primaveras. El local, engalanado para la ocasión, disponía de un amplio espacio en su parte delantera al cual se accedía a través de tres puertas de dos hojas abiertas hacia el interior. Del techo colgaban múltiples lámparas responsables de iluminar el lugar. Junto a la pared izquierda, conversaban las señoras, en un sincrónico balanceo de sillones y abanicos. Al final, por la derecha, se levantaba el escenario donde los músicos afinaban sus instrumentos. En la parte trasera del salón estaban dispuestas, en tres filas, mesas con sus sillas donde servían alimentos y bebidas. Al fondo, el cantinero no daba abasto, preparando tragos y cocteles en un pequeño bar. Ese fue el último día que los pueblerinos vieron a la joven. Ella integraba el grupo de las homenajeadas. Asistió a la fiesta, acompañada de su familia como las demás. Era aquel, el momento más significativo, en su corta vida. El día en que la pequeña oruga desplegaba sus alas, vestida con colores de adulta. A partir de ese instante, ya no la verían más como una niña. La ilusión de encontrar, cuál Cenicienta, al príncipe azul con el que bailaría toda la noche, le provocaba algo de nervios. Por supuesto que no habría nada de azaroso en su elección. Hacía algún tiempo que un sobresalto desconocido, se adueñaba de su estómago, cuando su casta mirada se cruzaba con la de un joven del pueblo. De niña, había estado en más de una ocasión en el salón social acompañando a su madre, pero aquel día todo se le antojaba diferente. Era ella la que había cambiado. Los músicos acompasaron los instrumentos para dar inicio al baile con un ritmo de moda. Las muchachas, sin escapar de la mira que las madres le tenían instalada desde las mecedoras, formaron pequeños grupos donde charlaban y reían con desenfado. Aunque trataban de disimularlo, cada una estaba pendiente para aceptar o rechazar la invitación a bailar de algún joven. Era todo un ritual de galanteo hasta llegar al roce de los cuerpos, que comenzaban a adentrarse en un mundo desconocido de erotismo. Muchos años habían transcurrido desde aquel día del baile de bienvenida a su adultez. En un inicio solo ella notó el cambio. Salir de su casa le provocaba temor. No quería asomarse ni al portal. Con el tiempo, dentro de la familia, su madre fue la primera en advertir que algo no andaba bien. Al principio pensó en algún mal del cuerpo y esperó preocupada que aparecieran la fiebre o la tos, pero fue en vano. Su salud física no daba ninguna señal de deterioro. Más allá de su encierro voluntario, nada era alarmante en su comportamiento, por lo que tampoco cabía suponer que su mente estuviera dañada. Sin darse cuenta, en su casa, todos fueron aceptando la situación y dejó de ser un motivo de inquietud. Primero fueron los vecinos quienes comenzaron a preguntar por la joven, extrañados de no encontrarse con ella como antes. “En casa, leyendo” - explicaba la madre. Luego, las amigas intrigadas visitaban la casa, pero no lograban verla, pues se encerraba en su habitación cuando sentía que alguien tocaba a la puerta. La madre la justificaba alegando que se sentía indispuesta, hasta que un día no insistieron más. Nadie más en Aragüí volvió a verla, pero al pasar siempre preguntaban por ella, con una mezcla de preocupación y morbo. Los niños del pueblo crecieron escuchando la historia narrada por sus mayores. Cada quien se armaba su versión creíble. Lo mismo era una princesa cautiva, que una bruja malvada, culpable de todas las desgracias. Al pasar frente a la casa, no podían apartar la mirada de la ventana que daba a su cuarto. Supuestamente, detrás de las persianas, unos ojos escudriñaban la calle. Una tarde de mayo, cuando ya contaba con más de 80 años, una anciana de piel casi traslúcida y una larga trenza tejiendo sus blancos cabellos, se sentó en un sillón del portal a ver como caía la lluvia. Desde aquel día, todas las tardes, se repetía la misma escena. Nadie hizo preguntas, tampoco ella dio explicaciones de su encierro. Historia de ficción basada en una realidad posible. Miércoles, 18 de mayo de 2022. Imagen de StockSnap en Pixabay https://pixabay.com/es/photos/gente-mujer-belleza-dama-puerta-2587093/ En la imagen una joven tiene su mirada perdida a través de una ventana.

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