Encierro. #HistoriasdeAragüí El gran salón social de Aragüí ofrecía un baile para presentar en sociedad a un grupo de muchachas que ese año festejaban sus 15 primaveras. El local, engalanado para la ocasión, disponía de un amplio espacio en su parte delantera al cual se accedía a través de tres puertas de dos hojas abiertas hacia el interior. Del techo colgaban múltiples lámparas responsables de iluminar el lugar. Junto a la pared izquierda, conversaban las señoras, en un sincrónico balanceo de sillones y abanicos. Al final, por la derecha, se levantaba el escenario donde los músicos afinaban sus instrumentos. En la parte trasera del salón estaban dispuestas, en tres filas, mesas con sus sillas donde servían alimentos y bebidas. Al fondo, el cantinero no daba abasto, preparando tragos y cocteles en un pequeño bar. Ese fue el último día que los pueblerinos vieron a la joven. Ella integraba el grupo de las homenajeadas. Asistió a la fiesta, acompañada de su familia como las demás. Era aquel, el momento más significativo, en su corta vida. El día en que la pequeña oruga desplegaba sus alas, vestida con colores de adulta. A partir de ese instante, ya no la verían más como una niña. La ilusión de encontrar, cuál Cenicienta, al príncipe azul con el que bailaría toda la noche, le provocaba algo de nervios. Por supuesto que no habría nada de azaroso en su elección. Hacía algún tiempo que un sobresalto desconocido, se adueñaba de su estómago, cuando su casta mirada se cruzaba con la de un joven del pueblo. De niña, había estado en más de una ocasión en el salón social acompañando a su madre, pero aquel día todo se le antojaba diferente. Era ella la que había cambiado. Los músicos acompasaron los instrumentos para dar inicio al baile con un ritmo de moda. Las muchachas, sin escapar de la mira que las madres le tenían instalada desde las mecedoras, formaron pequeños grupos donde charlaban y reían con desenfado. Aunque trataban de disimularlo, cada una estaba pendiente para aceptar o rechazar la invitación a bailar de algún joven. Era todo un ritual de galanteo hasta llegar al roce de los cuerpos, que comenzaban a adentrarse en un mundo desconocido de erotismo. Muchos años habían transcurrido desde aquel día del baile de bienvenida a su adultez. En un inicio solo ella notó el cambio. Salir de su casa le provocaba temor. No quería asomarse ni al portal. Con el tiempo, dentro de la familia, su madre fue la primera en advertir que algo no andaba bien. Al principio pensó en algún mal del cuerpo y esperó preocupada que aparecieran la fiebre o la tos, pero fue en vano. Su salud física no daba ninguna señal de deterioro. Más allá de su encierro voluntario, nada era alarmante en su comportamiento, por lo que tampoco cabía suponer que su mente estuviera dañada. Sin darse cuenta, en su casa, todos fueron aceptando la situación y dejó de ser un motivo de inquietud. Primero fueron los vecinos quienes comenzaron a preguntar por la joven, extrañados de no encontrarse con ella como antes. “En casa, leyendo” - explicaba la madre. Luego, las amigas intrigadas visitaban la casa, pero no lograban verla, pues se encerraba en su habitación cuando sentía que alguien tocaba a la puerta. La madre la justificaba alegando que se sentía indispuesta, hasta que un día no insistieron más. Nadie más en Aragüí volvió a verla, pero al pasar siempre preguntaban por ella, con una mezcla de preocupación y morbo. Los niños del pueblo crecieron escuchando la historia narrada por sus mayores. Cada quien se armaba su versión creíble. Lo mismo era una princesa cautiva, que una bruja malvada, culpable de todas las desgracias. Al pasar frente a la casa, no podían apartar la mirada de la ventana que daba a su cuarto. Supuestamente, detrás de las persianas, unos ojos escudriñaban la calle. Una tarde de mayo, cuando ya contaba con más de 80 años, una anciana de piel casi traslúcida y una larga trenza tejiendo sus blancos cabellos, se sentó en un sillón del portal a ver como caía la lluvia. Desde aquel día, todas las tardes, se repetía la misma escena. Nadie hizo preguntas, tampoco ella dio explicaciones de su encierro. Historia de ficción basada en una realidad posible. Miércoles, 18 de mayo de 2022. Imagen de StockSnap en Pixabay https://pixabay.com/es/photos/gente-mujer-belleza-dama-puerta-2587093/ En la imagen una joven tiene su mirada perdida a través de una ventana.
7 comments
La verdad es que me gusto mucho la historia, aunque me dejaste intrigada sobre el motivo por el cual la joven se encerró, quiero pensar que fue por motivo propio y no por alguna desgracia que toco su puerta en aquel entonces. Porque esa historia no me parece nada bonita, así que quiero imaginar que simplemente decidió que esa vida no se ajustaba a ella y por eso se encerró. Nos estaremos leyendo.
Leo que búscate respuesta para mi final intrigante. Podía haber sido más explicito pero decidí que era mejor dar el desenlace sin ahondar en los motivos. En la historia que me inspiró, según supe, fue su decisión pero en la que les conté todo puede ser posible. Gracias @Denis4.
Sí, la historia queda abierta sobre lo que pudo haber pasado, y recordando el tipo de historias de aquel tiempo donde se realizaba tales eventos, pues deja mucho que pensar. De nada, siempre un placer.
Me agradan éstos viajes en el tiempo y en la imaginación a el Aragüí de tus relatos, el Macondo aquél y mí Machiques natal, donde una fiesta de quince años, era todo un suceso, para quien era la homenajeada, pero también para los asistentes.
Eso trato con esta serie de relatos sobre un pueblo imaginario, pero conformado con la realidad de todos esos pequeños pueblos de este lado del mundo. El otro componente es la memoria. Muchos acá son jóvenes que no conocen de esas tradiciones que se han ido perdiendo o transformando en otros modos de asumir la vida. Gracias @Burkino, por expresar tu agrado.
Disfruto cada historia de ese pueblillo como si fuera el mio! El mio tiene historias similares como todos pero debe ser el saber la cercania geografica y el tono que logras.... Que se yo! Bravo! Saludos
Quizás la pobre chica sufrió algún trauma y por eso se encerró, para apartarse de los demás y no tener que explicar nada de lo ocurrido. Aunque pienso que ella nunca fue consiente de su trauma, motivo por el cual terminó así hasta ese día en que decidió, quién sabe por qué, regresar a la vida luego de tantos años. Muy buen relato, otro más que nos muestra nuevos personajes de Aragüí.