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@LeoPardo

Creencias de estudiante. Para participar en la dinámica propuesta por @Celiolopez sobre las #CosasQueCreiamos, no me voy a remontar a mi infancia (ha pasado tanto tiempo que esas ya no las recuerdo jajaja) , sino que voy a compartirles algunas de mi etapa de estudiante universitario. Como no acostumbro a tener creencias, me resultó algo curioso, cuando al estudiar lejos de mi país, descubrí, cuán respetuosos eran los nativos de ciertos dogmas. Entre los rasgos del estereotipo en que encasillamos a los rusos, el de ser personas supersticiosas, se justifica en cierta medida. Sin llegar a fanatismos, mis compañeros de aula y residencia, seguían rituales para mucho de sus actos cotidianos. Por alguna razón, que seguro tiene la misma explicación que nos dio Wendy en su post, ser convenientes, sin darme cuenta, comencé a imitarlos, aunque no estuviera muy convencido de su efectividad. Muchas de esas creencias, como es lógico, tenían relación con el rendimiento académico. Aún recuerdo, que por recomendaciones de mis colegas, dejé de lavar mi cabeza los días previos a un examen. Según ellos, con el agua y la espuma, se escapaban también los conocimientos. Así que era preferible conservar la suciedad para no perderlos. Otra, en esta misma cuerda, exigía dejar la cama sin tender (hacer), cuando en la mañana, salías a demostrar las habilidades aprendidas. La explicación, que se le daba a esta práctica, no me quedó nunca clara, pero era una justificación muy conveniente para romper la obligación, en cada amanecer, de ordenar la cama. No podía faltar en este compendio, una frase difícil de traducir, para dedicar suerte antes de una prueba. Literalmente sería algo así como “ni pelusa, ni pluma”, a lo que invariablemente había que responder, mandando al diablo, a quien te lo decía. Imaginan que diferente suena a nuestro “suerte en el examen” al cual ripostamos con un “gracias”. Por supuesto que en aquel tiempo, lo que verdaderamente aseguraba mi éxito, era la preparación consciente antes de examinar cada asignatura, pero “por si las moscas” no me arriesgaba a despreciar la “ayuda” de las creencias locales. Créanme que nunca lo tomé muy en serio, pero no costaba nada seguir las tradiciones en aras de lograr el objetivo trazado. Aún recuerdo muchas otras costumbres de aquel país, relacionadas con sus creencias. Aquí les comparto algunas que pueden parecerles tan curiosas como me sucedió, a mí, entonces. Silbar dentro de una casa, puede llamar las desgracias para los que la habitan. No se da la mano a alguien con un guante puesto o a través del umbral de una puerta. Cuando un grupo de personas o una pareja se encuentran en su camino un árbol, un poste para el cableado eléctrico o algo por el estilo, todos deben pasar por el mismo lado. De no ser así, después de cruzar por lados diferentes, deben saludarse antes de continuar. No busquemos mucha lógica a estas cosas en las que creemos, pues será difícil justificarlas, pero es una realidad que todos en algún momento de nuestra vida hemos confiado en algunas, aunque ahora solo nos sirvan para contar el cuento y reírnos de nuestras tonterías. Miércoles, 29 de junio de 2022.

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