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De cómo volví a ser el de siempre. #experienciapersonal #untoquedehumor Un día te levantas, ya en el baño, te miras al espejo y te das cuenta que tu ojo izquierdo no quiere perderse nada de lo que te rodea. Decidió que pestañar era cansón y se mantiene bien abierto todo el tiempo. ¿Y el derecho?…, parece como si quisiera hacerlo por los dos. Pienso que habrá que visitar un galeno, pero no le doy prioridad, así que me alisto y parto al trabajo diario a ganarme mí sustento. Es solo un “aire“ me dicen los más viejos. Ya en la oficina, los colegas advierten que mi boca no deja de hacer una mueca inusual. Entonces se encienden las alarmas y termino en la consulta del médico. Como mi cara lo decía todo, no tuve que dar muchos detalles. _ Parálisis de Bell “de libro” _ muestra la doctora a un grupo de estudiantes de medicina de práctica en la consulta. El nombrecito es en honor al cirujano escocés que escribió sobre el tema antes que otros. Después, ya conmigo, me explica que tengo una parálisis facial periférica. Nada que no pueda eliminar un toque de esteroides, vitaminas y la fisioterapia. Recupero algo de calma cuando me explica que si la parálisis mantiene el ojo abierto y tuerce la boca es menos preocupante que si solo afecta la boca, pues en ese caso la parálisis es central, en fin que mientras más raro te veas es mejor. Lo primero, me indicó, es atender el ojo. Como no puedo parpadear necesitaré lágrimas falsas, que no de cocodrilo, pues las que llevo son para aumentar la lubricación. También, como pirata tuerto, llevaré un parche para evitar la luz, el polvo y hasta el aire. Al día siguiente en la consulta del fisiatra, un logopeda me indicó los ejercicios de mímica facial que me llevaría a casa. Durante dos meses, varias veces al día, me enojaba conmigo mismo y fruncía el ceño, regresé a la infancia haciendo pucheros y vocalizando las palabras que aprendí en aquel entonces, inflaba globos, hacía señas de complicidad y lo mejor, todos estaban contentos, pues le lanzaba besos sin tener motivos… en fin era necesario activar de nuevo el nervio facial afectado. Ah, y todo eso delante del espejo para que no se me olvidara que aquella imagen distaba mucho del rostro que solía mostrar antes. Al cabo de dos semana, ya en la sala de fisioterapia, comienzan a aplicarme calor en el lado contrario por 10 minutos, dicen que para relajar la musculatura. Luego en el lado sano me daban un masaje relajante y en el afectado uno estimulante. ¡Nunca antes recibí tantas cachetadas en mi vida! Pero no le guardo ningún rencor a esas manos que hicieron el milagro. Al cabo de diez secciones ya el cambio era notable. Solo debía continuar con lo de la mímica en casa. Al principio hubo momentos en que pensé que no volvería a sonreír con simetría. El proceso de recuperación lleva su tiempo y la imagen del espejo te va mostrando los pequeños logros que alcanzas cada día. Para eso sirve el masoquismo de ver tu reflejo deformado. Curiosamente casi nadie advirtió mi parálisis. Era el comienzo del 2020, entonces le temíamos a la pandemia, y la mascarilla era de uso obligatorio. Esta me libró del virus y de las miradas indiscretas. Quise compartir esta experiencia con ustedes pues a lo mejor sirve de aliento a alguien que esté pasando por lo mismo. Cuesta creer, que con el tratamiento y el tiempo, volverás a tener la misma cara. Claro que ahora tengo mis dudas, si el rostro que veo en el espejo, es el que me gustaría haber recuperado. Sábado, 25 de septiembre de 2021.

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