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Amor eterno. #DinámicaRuletas El doctor De Soto era un hombre taciturno. Los conocimientos que había acumulado durante su existencia parecían pesarle como si fuera una carga que llevara a sus espaldas. Había sido pionero en muchas investigaciones que marcarían hitos para la ciencia. Todos aquellos logros alcanzados eran motivo suficiente para hacerlo sentir un hombre realizado y dichoso. Pero los fantasmas del pasado no dejaban de perseguirlo. Eran tantos, que sus voces se mezclaban en su cabeza haciendo preguntas, buscando respuestas. No había consolidado una familia a pesar de haber estado involucrado en muchas historias amorosas. Acostumbraba a desaparecer cuando quedaba sin argumentos para las explicaciones, que llegado el momento, siempre le pedían. Aquella escena se había repetido tantas veces que tenía su papel bien aprendido. Entonces iba a otra ciudad, donde nadie lo conocía, y comenzaba de nuevo. Claro, nuevo para los demás, pues para él ya nada era novedoso en su vida. Cada vez que comenzaba un ciclo, cambiaba el escenario, cambiaban los actores pero él seguía representando el mismo rol. Pero aquella mañana tuvo la certeza de que esta vez sería diferente. La joven investigadora ya estaba esperándolo cuando él llegó temprano al laboratorio. Ella comenzaba a desarrollar una investigación en el mismo campo al que el Dr. De Soto había dedicado los últimos años de su trabajo. Entonces se presentó a una convocatoria para asistente y logró hacerse de la única plaza en disputa. Bastó que se cruzaran sus miradas para saber que era ella. Sin dudas regresaba a él a través de muchas reencarnaciones. Eran los mismos ojos esforzándose en esconder su verde miopía. Era la misma sonrisa dibujando el mejor atributo que adornaba su rostro. El Dr. le tendió la mano en un saludo y le preguntó el nombre, por cortesía, pues conocía la respuesta. _ Isabel. Dijo la misma voz de dulce tono infantil. El trascurso de los días hizo que entre ellos surgiera una relación que se saltó las formalidades del trabajo. Ella, de a poco, le fue descubriendo la causa de su entrega a la investigación como si nada más le importara. Estaba saliendo de una decepción amorosa que le había dejado heridas resistentes a sanar. Utilizaba la sobrecarga de trabajo como un efectivo cicatrizante. Esta situación favorecía que pasaran juntos la mayor parte del día, incluido los fines de semana. El Dr. De Soto le inspiraba confianza. Con sus 42 años, aunque aparentaba menos, distaba notablemente de la edad que tenían los de su círculo de amigos. Por eso fue fácil contarle su historia reciente. Había terminado una relación de seis años con quien pensó era el amor de su vida. Él era un ingeniero de una compañía minera con negocios en el Medio Oriente. Llevaban distantes un año a causa de su trabajo. Isabel comenzó a notar como la comunicación entre ellos fue espaciando su frecuencia hasta que llegó el día en que la voz al otro lado del teléfono le hizo saber que no regresaría. Aun después de aquella llamada continuó esperando por meses con la esperanza de que abriría la puerta del apartamento que compartían. Hasta aquella mañana en que se levantó dispuesta a pasar página. Lo primero que hizo fue llamar a un cerrajero para que cambiara el llavín. Ya llevaba dos años viviendo con Isabel. Pronto comenzarían las preguntas que tanto lo aterraban. Sintió miedo de volverla a perder. De nuevo los fantasmas volvían a rondarlo. Tenía que hacerles frente y luchar contra aquellas almas que lo perseguían. Entonces tomó la decisión más arriesgada de su larga vida. El Dr. De Soto e Isabel partieron en un viaje de vacaciones a la Florida. Era verano y en su auto recorrieron la distancia que los separaba del lugar disfrutando del buen clima. En un punto del camino el Dr. tomó un ramal poco transitado. Llegó un momento en que la cinta de asfalto terminó y continuó el viaje por un camino de tierra. Ya se encontraban lejos de cualquier sitio habitado. La naturaleza reinaba con todo su esplendor. Isabel, confiada, se había mantenido sin hacer preguntas. El Dr. detuvo el auto, se bajó y ayudó a Isabel a hacer lo mismo. Hasta ahí llegaba el camino de tierra. El resto del camino lo harían a pie. Llegaron a una playa desconocida para el resto del mundo. Era el lugar que había mantenido en secreto durante tantos años. Años que se habían acumulado en siglos. Siglos de cargar él sólo con aquel descubrimiento sin poder contarle a nadie más. Allí muy cerca de la costa un apacible y trasparente estanque de agua dulce estaba escondido entre una exuberante vegetación tropical. De Soto tomó de la mano a Isabel y la guio hasta la orilla. Entonces le contó: _ Esta es la fuente de la eterna juventud que descubrí en mi expedición a la Florida hace casi 500 años. Ni Ponce de León, ni Pánfilo de Narváez dieron con el lugar. Solo yo después, tuve lo que ahora, al encontrarte, me ha parecido una fortuna. Hasta entonces viví sin saber qué hacer con mi inmortalidad. Yo soy Hernando De Soto y he vivido 521 años. Hasta aquí el relato que he creado para participar en la dinámica del canal #DinámicaRuletas Los tres giros de la ruleta me dieron los siguientes resultados: Científico perseguido Decepción Playa Secreta Para conocer sobre la historia real que inspiró mi relato los invito a leer el post de mi autoría que les dejo en el enlace. noise.cash/post/1rwx6zp3 Sábado, 18 de septiembre de 2021.

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