La pequeña Alis. Alis tiene tres años y de grande quiere ser princesa. Su mamá es su dama de compañía favorita. Siempre tiene que estar lista para que en cada vuelo de su imaginación la ayude a vestir el traje real y corone sus risos rebeldes. Los zapatos de tacón completan el atuendo de su majestuosidad. Camina erguida entre sus súbditos: la abuelita y el padre, que la saludan con una reverencia. Alis será una princesa muy inteligente. Con tres años ya conoce las vocales y los números hasta el diez. Dice de memoria sus libros de cuentos, que para quien no sabe el truco, cree que los está leyendo. Alis además será una gran pintora. Dibujar princesas y soles es lo que más le agrada. Sus padres le regalan cuadernos y libros para colorear, pero a Alis le gusta pintar en las paredes. Desde ya nos avisa la clase de muralista que nos reserva el futuro. Al principio sus padres intentaron explicarle que pintar las paredes no era correcto. Que los cuadernos eran un mejor soporte para su arte. Tras cada derroche de creatividad de Alis correspondía retocar el color de las paredes. Pero al día siguiente sus padres tenían que volver al trabajo y Alis quedaba en casa con la abuelita, a la que le daba pena cortar las alas de su inspiración. Los padres de Alis ya se dieron por vencidos y asumieron los dibujos de la pequeña en las paredes, como parte de la decoración hogareña. ¡Cuántas princesas y soles de todos los colores alegrando la casa! Alis es una niña feliz. Sábado, 5 de febrero de 2022.
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4 comments
De un Corazón tan noble y puro como el de Alis ha de salir mucha poesía en trazos, siendo las paredes los lienzos seleccionados.
Asombroso los detalles de los dibujos para su edad. Su familia alimenta su afición, si no se malogra creo tiene talento. Gracias @Burkino
Por lo menos los padres y la abuelita aceptaron esa situación de decorar las paredes. A mi me dieron más correazos que el carrizo. Tu historia me dejó ver algo, hermanito mío, mis Padres no sabían nada de Arte. Gracias.
Sin duda alguna que en cualquier hogar donde haya un niño hay un motivo extra para sonreír, y para recordar a cada instante las cosas que hacen. Mientras leía recordaba todo lo que va haciendo mi sobrinito menor, con dos años hace muchas cosas como la princesa de tu relato. Y a cada rato nos sorprende con la capacidad que tiene para inventar cosas e interpretar otras.