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El plan B. Siempre estamos planificando los siguientes pasos que daremos en la vida. Eso no es una mala práctica pues nos permite ordenar el día a día. Claro que aunque tengamos todo muy bien concebido no podremos escapar de las sorpresas que se esconden al doblar de cada esquina. Esto puede traernos un estado de malestar que llega a tornarse incontrolable. ¿Por qué si lo tenía tan bien pensado todo me salió al revés? ¡Todo lo malo me tiene que pasar a mí! ¿Cuál es la causa de tan mala fortuna? ¡De nada me sirve tanta organización! Llegado el momento todos estos pensamientos comienzan a martillar en nuestra cabeza. Cuando planificamos tenemos que tomar en cuenta el peso, que en la futura empresa, tiene lo que no depende de nuestro empeño. Si decidió pasar este domingo en la playa y amanece lloviendo y sin la menor esperanza de que el sol se asome, no puede dejar que tal situación le arruine el día. Tenemos que tener a mano un plan B y ponerlo en práctica. Ese lugar lo puede tomar aquella tarea domestica que hemos aplazado tantas veces por falta de tiempo o motivación para realizarla. Al final, si logramos cumplirla, sentiremos el placer de habernos quitado un gran peso de encima y que el día no pasó en vano. Pero también podemos no tener un plan para todo y dejar que el curso de los acontecimientos nos indiquen el camino a seguir. Siéntate a esperar que te trae el día. Planifícate un día sin planes. No sé si se dieron cuenta que esta reflexión es la catarsis de mis planes rotos. Por suerte tenía un plan B: recorrer las calles de Noise en busca de saberes y entretenimiento. Gracias a todos los que me ayudaron dejándome buenas lecturas. Los dejo con un refrán que dice que los planes pueden convertirse en planazos. Incluso si ese era tu plan B. Domingo, 12 de septiembre de 2021.

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