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@LeoPardo

Mudanza entre vientos. #Relato #APropósitodeHuracanes Si algo disfrutaba Lucía, era cambiar de casa pasado cierto tiempo. Cada mudanza, era un comenzar de nuevo, en su aventura de vivir, lo que la colmaba de una energía renovadora. Un barrio distinto por explorar, otros vecinos por conocer, un hogar diferente por habitar. A su llegada, inmediatamente ponía manos a la obra transformadora. Sembraba los jardines con las flores más diversas. Pintaba las paredes de alegres tonos. Plantaba árboles frutales en el patio, a sabiendas, que la mayoría de las veces no llegaba a verlos fructificar, pues para entonces ya se habría ido a otro lugar. Como de costumbre, detrás de ella, siempre aparecían las mariposas y los pájaros a poner colores y sonidos al entorno. Una vez más, le había llegado la hora de la permuta. Para esta ocasión, Lucía preparó apresurada la mudanza. Anunciaban la visita de un potente huracán que pasaría por el occidente de la isla. La inquieta mujer decidió que esa era una buena oportunidad para cambiar de sitio. Mientras todos sus vecinos, aprovechaban el poco tiempo de que disponían, antes de la llegada del meteoro, asegurando techos con sacos de arena, clavando puertas y ventanas para evitar que las abriera el vendaval y anclando a la tierra con amarras, todo lo que podía levantar el vuelo, Lucía se ocupó de hacer todo lo contrario. Ella, cavó alrededor de la casa, hasta dejar al descubierto los cimientos. Repartió entre los vecinos los muebles más pesados, conservando solamente, lo indispensable para el nuevo comienzo en el lugar de destino. Luego se sentó en su sillón favorito, en el punto medio de la casa, con la cesta de estambres sobre las piernas, tomó las agujetas y tejiendo, se dispuso a esperar. Afuera, al caer la noche, el viento comenzó a soplar cada vez más fuerte. Acompañaba cada ráfaga con un aullido, al pasar entre los árboles. Lluvias torrenciales se sumaron con gusto al convite. Con frecuencia, los relámpagos herían el oscuro cielo, seguidos de truenos ensordecedores. Quedaron sin electricidad ni comunicaciones, pero no era necesario escuchar el estado del tiempo para tener la certeza, de que el huracán había llegado, como estaba avisado. Lucía, que para entonces había dejado de tejer, cerró los ojos sin estar dormida y se aferró con fuerzas a los brazos del sillón. Sintió, cuando la casa toda, empezó a separarse de la tierra, entregándose a la espiral de vientos. Junto a palmas reales arrancadas de raíz, animales que nunca antes habían volado, autos que soñaban ser aviones, la casa comenzó a girar en las paredes del ojo del huracán. Todo había salido según su plan, esta vez cambiaría de vecindario, sin necesidad de llamar al servicio de mudanzas. El fuerte huracán llevó la casa de Lucía bien lejos del lugar donde antes estaba. Sus múltiples mudanzas anteriores, siempre habían sido dentro del perímetro de la ciudad. Esta vez, cuando abrió los ojos y se asomó a la ventana, sorprendida descubrió, que navegaba sobre un cálido mar en calma. Ya no tendría que preocuparse más por buscar un nuevo sitio donde ir a vivir, pasado un tiempo. De ahora en lo adelante, su casa flotante la mantendría en una mudanza interminable. Viernes, 30 de septiembre de 2022.

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