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@LeoPardo

Nunca es tarde para aprender (Parte II, con licencia de Sarahi) #HistoriasDeVida Hace unos días, leyendo el post de @SarahiG2627 en este canal https://noise.cash/post/lk4m96mk recordé una historia de perseverancia y deseo de superación. Aquella lectura me motivó a escribir esta nota, que hoy, comparto con ustedes. A principio de los noventa del siglo pasado- dicho así suena a un tiempo bien lejano, pero no lo es tanto- trabajé de instructor en un Joven Club de Computación y Electrónica (red de centros creados con el objetivo de socializar el empleo de las TIC en mi país). Los usuarios que asistían a ese lugar, por lo general, eran jóvenes estudiantes o trabajadores deseosos de adentrarse por los caminos de las tecnologías. Pero esta historia versa sobre un alumno excepcional, que un día llegó al centro, deslumbrado por las maravillas que podían lograrse con la ayuda de la informática. Por aquella fecha su cuerpo ya cargaba con setenta y tantos años. Nuestro nuevo aprendiz, era un conocido personaje de nuestro pueblo, médico de profesión, que se había ganado la admiración y el respeto más allá de las fronteras locales. De familia campesina, a fuerza de voluntad que no le abandonó nunca, trocó el surco por el estetoscopio. A lo largo de su vida fue luchador clandestino, guerrillero, comisionado municipal (alcalde), cargo al que renuncia para dedicarse de lleno a la medicina, específicamente a la cirugía, donde fue pionero y virtuoso. Durante veinte años realizó operaciones en el hospital sin aceptar salario por esto. Tenía su consulta privada donde atendía de forma gratuita a quien no podía pagarle y llegaba hasta comprarles con su dinero los medicamentos. Curaba con la palabra, con su trato amable y entrega a la profesión. Unos meses antes de que llegara a las puertas del centro donde yo trabaja, había efectuado un viaje a los Estados Unidos. Estando allá, supo de la existencia de internet y la posibilidad de poder acceder a la información almacenada en una distante biblioteca desde una computadora doméstica. Nos contó, que para preparar una conferencia que dictó en alguna institución, precisaba unos datos específicos y quedó maravillado al ver como un cuñado hizo una búsqueda en la red desde su casa y le entregó lo que necesitaba. Fue en ese momento cuando se trazó la meta de aprender las bondades que aquel mundo, hasta entonces desconocido para él, le ofrecía. Para poder cumplir su objetivo comenzó a visitarnos asiduamente. Como los laboratorios de computación se encontraban en el segundo nivel de la edificación y al noble doctor le costaba subir las escaleras, decidimos improvisar un lugar en el primer piso para poder ayudarlo. Los días fijados llegaba puntual mostrando el interés de un escolar que por primera vez asiste a la escuela. Con paciencia, una joven instructora le fue enseñando recursos prácticos que le permitieran hacer uso de una computadora de forma independiente. Un día nos extrañó no verlo llegar a la clase pactada. La ausencia se repitió en los siguientes encuentros. En un inicio pensamos que se había arrepentido de continuar con el aprendizaje. Luego supimos que una enfermedad, diagnosticada un tiempo atrás, le imposibilitaba asistir. Nunca más volvió, murió un tiempo después. Guardo ese recuerdo como un ejemplo de que siempre podemos aprender algo nuevo sin importar la edad que tengamos. De que no debemos conformarnos con lo que ya sabemos y quedarnos viviendo de nuestras glorias. Cuando tuve la oportunidad de impartir clases en la universidad municipal utilizaba el hecho como fuente de motivación para mis estudiantes. A modo de homenaje a este gran médico, propuse a una estudiante emplear su vida y obra como argumento para desarrollar una multimedia educativa, como salida práctica de su tesis de grado. Participé activamente en el diseño del guion y en la dirección del trabajo, lo que me produjo una gran satisfacción. La obra final fue donada a un museo local muy relacionado con una etapa de nuestra historia. Termino con los versos salidos de la pluma del poeta Bernardo Amador Yunes, quien fuera su amigo entrañable. Dotado de virtudes naturales Repones al doliente la confianza Poniendo en tu sonrisa la esperanza Entonando la voz sobre los males. Dispones del consejo y de la ciencia Respaldando tu acción reparadora Obligándote más en cada hora A mostrar el valor de tu conciencia. Nada es más importante que un reflejo Tomado como estímulo evidente, Oído de la voz que justamente Nació con el sedante de un consejo. Inspiras el sosiego a quien padece. Operas con la fe que nos inspiras. Restauras la salud cuando nos miras. Obstruyes el dolor que nos decrece. Jamás he visto proporción humana Atesorando como tú valores Sanos, tan sanos como flores Para llenar de amor cada ventana. Escribo para ti mi poesía Rimando la expresión de tu renombre En los versos que llevan con tu nombre Zumos de afecto en la conciencia mía. Viernes, 8 de abril de 2022.

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