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@LeoPardo

En busca de reconocimiento. Tengo un amigo, (que igual pudiera ser yo mismo), que cuando llega un día como el de hoy, siente que su frustración crece a niveles cósmicos. ¡Y mira que se ha esforzado el pobre! Su empeño lo ha llevado a tener una prole de 10 hijos, y ni con eso, ha logrado el reconocimiento, que él, está convencido merecer. El asunto parte de aquella manida frase de que “madre hay una sola, pero padre es cualquiera”. Él no entiende el basamento de tal argumento, pues conoce que, desde la génesis, únicamente un “renacuajo” fertiliza al óvulo, y este tiene un solo dueño, que a la postre, se convertirá en padre. Mi amigo decidió, espontáneamente, asumir la crianza de sus hijos como lo hacen las madres. Era él quien le preparaba los alimentos, quien le cambiaba los pañales “premiados”, quien lavaba la ropa que ensuciaban, quien los llevaba al médico cuando enfermaban y velaba sus fiebres en las noches, quien los acompañaba a la escuela y auxiliaba al resolver los deberes escolares. Además de no abandonar, las responsabilidades que ya tenía por defecto; de leerles un cuento para ir a la cama, traer los abastecimientos a casa, llevarlos a pasear al parque o a disfrutar de un evento deportivo o demostrar su fuerza hercúlea cuando había que mover algo pesado. Todo fue en vano, su esposa mantuvo su lugar de preferencia sin, según él, realizar el menor esfuerzo. Llegó a pensar que aquello era algo que venía con los genes y sería imposible de cambiar. Uno de sus amigos le explicó que era “algo” que los hijos mamaban junto con la leche materna. Por eso mi amigo decidió experimentar, y valiéndose de una argucia, que aludía a patrones estéticos, convenció a su esposa para que no lactara a los cinco hijos que llegaron de último a la familia. Él se encargó de preparar a tiempo todos sus biberones a demanda de los infantes. Al menos albergó la esperanza de tener un 50% del reconocimiento que buscaba. Pero algo falló, y mi amigo, quedó más abatido que antes. Fue otro de sus compadres el que le explicó que no bastaba con amamantarlos, pues el lazo venía desde antes, y le recordó los nueve meses de embarazo. El macetazo llegó, cuando regodeándose en crueles detalles, le dijo que era “algo” que se trasmitía por el cordón umbilical, que los unía durante esa temporada. Entonces mi amigo si se hundió en la más profunda de las depresiones. Ya entrando en los cuarenta, cuando empezó a notar que su abdomen iba perdiendo la esbeltez de antaño, que llegó a estar cuadriculado como tableta de chocolate, pensó que al fin había logrado el milagro, ¡y estaba embarazado! Ahora si alcanzaría la valoración que recibe una madre. Imaginan en que paró la cosa, cuando descubrió que aquello solo era exceso de tejido adiposo, que comenzaba a acumularse, producto de la edad. Por suerte mi amigo no tiene cuenta en Noise, pues eso hubiera aumentado, más aún, su desencanto, al chocar con la realidad de que, mientras a la otra mitad necesaria para la concepción, se le dedicó una dinámica por el #DíadelasMadres, de los padres nadie se acuerda. Por suerte, el amigo @Atandome hace unos días lanzó el hashtag #jocoserio, que no llegó a prender como dinámica, pero que bien me ha servido para señalar un día, que también merece ser distinguido. Feliz Día de los Padres para todos los noisers que ya conocen del “dolor” que causa que no se nos valore al mismo nivel (y hasta más) que a las madres. La felicitación se extiende a los que lo conocerán próximamente y a los que decidieron, a pesar de tener potencial, no pasar por este mal momento. Edición póstuma: Ofrezco disculpas al canal #EnEspañol y al amigo Simón que si se acordaron del Día de los Padres y lanzaron las etiquetas #DiaDelPadre #AnecdotasPadres #Sabado #Domingo, pero que yo no había visto antes. Igual, recuerden que mi escrito es un poco en broma y un poco en serio. Tercer domingo de junio de 2022. Día de los Padres.

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