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@LeoPardo

1529. EL CÓNCLAVE DE VENECIA: El reencuentro de los sobrevivientes. #JuegoDeRol #Vampiros #HistoriaColectiva #Dinámica El rumor de los sucesos en el interior del Palacio de la Seda se esparció tan rápido como el humo del incendio. Leo Dobrev, que había viajado hasta Venecia como parte de la comitiva de los cruciatus acompañando a Anabel, decidió salir en su búsqueda. Tenía la certeza que la vampiresa había logrado escapar del siniestro, pero desconocía que dirección tomar. Fue entonces cuando levantó la vista y vio un halcón en el cielo. En la salida del túnel, por el que habían abandonado el palacio antes que su entrada colapsara, las tres vampiresas decidían cual sería el siguiente paso en la huida. Aila, en desacuerdo con la idea de Hena de esperar escondidas en la gruta hasta la noche, les propuso un plan que a las otras dos les pareció correcto. Utilizando sus poderes transformistas se convirtió en un halcón blanco para desde las alturas localizar a los demás vampiros dispersos y así guiarlos hasta el lugar donde ellas se encontraban. Una vez reunidos elegirían la opción más segura. Quedaba poco tiempo para que el sol señoreara en el firmamento. Era Aila la rapaz que Leo Dobrev vio y siguió hasta reunirse con Anabel. Sin que mediara mucho tiempo, en una barcaza, llegó un grupo de artifex liderados por Oriwan. Entre los recién llegados un barbudo cubierto por una capa protestaba airado. Gritaba su inconformidad con la idea de reunirse a la salida del pasadizo por donde supuestamente había escapado el autor material del atentado a los líderes. Insistía en conducir a todos al barco anclado en el puerto, pues estaban en un sitio conocido por el enemigo. En aquel momento de tanta incertidumbre cualquier propuesta que no ofreciera seguridad disparaba las sospechas del resto de los congregados. El grupo más numeroso de criaturas de la noche fue el último en llegar siguiendo al halcón blanco en las alturas. Estaba claro que venían de las cloacas de la ciudad, la mugre en sus ropas y el olor que despedían los delataba. Se respiraba un aire de animosidad entre ellos. Compuesto por vampiros de todos los clanes hacían todo lo posible por no mezclarse unos con otros, formando pequeños grupúsculos. En total los congregados no alcanzaban el medio centenar. La vampiresa ClaudiaR al frente de las familias aristocráticas de optimatus allegadas al Dux de Venecia culpaba a la comitiva de los hijos de Vlad de haber comenzado una guerra fratricida entre clanes con el objetivo de hacerse nuevamente con el poder que habían perdido en los últimos tiempos. De que otro modo se podía entender la desaparición del emisario que entró en la sala cerrada donde estaban reunidos los líderes. Ante tamaña acusación el rumano Vasile comenzó a soltar improperios en su lengua natal para luego defender a los suyos. Como podía entenderse, que siendo ellos los responsables del ataque, su hijo Mihai se contara entre las víctimas. Según ellos, el emisario era en estos momentos rehén de los verdaderos culpables, que al descubrir la ausencia del gran Vlad en la reunión, decidieron usarlo para llegar hasta el rey de los vampiros y poder terminar la obra iniciada de eliminar a los cabecillas. En ese momento y viendo que quedaba poco tiempo para el amanecer la artifex Loucy que había llegado en el último grupo desde las alcantarillas llamó al orden. Su plan consistía en refugiarse en la Iglesia de San Giacomo de Rialto, a escasos 10 minutos a paso de humano, del lugar donde se encontraban ahora. Esa parte del distrito San Polo, después del incendio en la zona de los comercios, era poco concurrida lo que les permitiría esperar la noche sin ser detectados. Por otra parte, los que estaban detrás de la masacre en el Palacio de la Seda, no sospecharían, que precisamente en aquel santo lugar, buscarían refugio los vampiros. Aunque algunos protestaron, la mayoría estuvo de acuerdo con el plan de Loucy. El amanecer se les venía encima y no había tiempo que perder, si no querían verse fulminados por la luz del sol. En pequeños grupos se adentraron en las aún oscuras callejuelas que conducían hasta el puente de madera sobre el Gran Canal, al otro lado se alzaba el Giocometo. El pequeño templo, considerado el más antiguo de la ciudad de Venecia, resaltaba por el majestuoso reloj en su fachada que marcaba 24 horas en números romanos esculpidos en la piedra. Cuando los vampiros sobrevivientes se congregaron frente al pórtico gótico de la iglesia, la única aguja en forma de rayo solar estaba por marcar la hora séptima del nuevo día. La luz del sol comenzaba a asomarse entre las fachadas de las edificaciones en la ciudad de los canales. __________ Ofrezco mis disculpas a los participantes en la #Dinámica por no haber avanzado la historia de forma significativa. No disponía de mucho tiempo en esta ocasión, pero no quise rechazar el reto que el azar de los dados me otorgó. Espero, de ser seleccionado alguna otra vez, poder hacerlo con más tiempo. Gracias a todos. Viernes, 11 de febrero de 2022.

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