Alberto. Ese día, como cualquier otro, Alberto se levantó y fue directo de la cama a la cocina para preparar el café. Entró al baño para ocupar el tiempo que demoraba el agua en hervir, ascender, mezclarse con el polvo y comenzar a precipitarse en negras gotas. El olor le anunció que el proceso estaba por terminar. Volvió a la cocina y se sirvió en su taza. Esperó que la bebida alcanzara la temperatura ideal para degustarla, mientras servía una segunda, esta vez para su esposa. De dos sorbos vació el contenido y fue a despertar a Raquel, alcanzándole el humeante líquido hasta la cama. Una hora después, mientras completaban el desayuno, sentados uno frente al otro en el comedor, el tono notificó la entrada de un mensaje en el teléfono celular de la mujer. Alberto advirtió la ansiosa reacción que causó en su esposa la lectura del texto. - ¿Algún problema? – le preguntó. Raquel, evitando mirar a su esposo, inventó una excusa poco creíble, intentando en vano, disipar su preocupación. En los últimos tiempos Alberto había notado cierto cambio en el comportamiento de su esposa. Algún motivo la mantenía esquiva, tratando de evitar los encuentros con él. Hasta en la intimidad del sexo la sentía distante. Todo esto coincidía con la fecha en que ella comenzó a estar más pendiente de su teléfono, el mismo que antes dejaba olvidado en cualquier sitio. Alberto, que había comenzado a sospechar de la existencia de un amante, aguzó sus sentidos para descubrir un indicio que confirmara el engaño. Evitó cualquier reacción que revelara su desconfianza. En silencio, se dedicó a recopilar piezas que armaran la historia que estaba imaginando. La respuesta evasiva de Raquel, marcó a ese día, como el indicado para comprobar si sus sospechas estaban justificadas. En ese momento, decidió seguir a su esposa. Se despidió fingiendo prisa por llegar a su trabajo, pero en realidad esperó oculto a que la mujer saliera de la casa. Sentado adentro de su carro, Alberto vio como su esposa tomó rumbo al centro de la ciudad. Guardando una distancia prudencial siguió tras sus pasos. Se estacionó en una de las calles que desembocaban en la pequeña plaza adoquinada. Desde allí, observó a Raquel tomar asiento en una de las mesas al aire libre de la cafetería. Por la insistencia con que ella consultaba el reloj, Alberto adivinó que esperaba a alguien con impaciencia. Desde el interior de la cafetería salió un joven en dirección a la mesa donde estaba su esposa. No le pareció que fuera un mesero, por la forma en que iba vestido. Se acercó a Raquel por la espalda y cuando le habló, ella se puso de pie y se saludaron efusivamente. Después de un corto intercambio de palabras, los dos desaparecieron por otra de las calles que llegaban hasta la plaza. Alberto no necesitaba nada más para confirmar sus dudas. Su esposa tenía un amante, tan joven que hasta podía ser su hijo. --------- Raquel. Cuando Alberto entró a la habitación con el café, ya Raquel estaba despierta. Los acontecimientos de las últimas semanas le provocaban una ansiedad que le robaba el sueño. Agradeció el gesto amable de su esposo y le añadió una sonrisa como complemento. Luego cuando se sentó a desayunar, junto a ella, sobre la mesa del comedor, puso el teléfono celular. Esa mañana estaba esperando una noticia que podía cambiar su vida. Cuando escuchó el sonido de notificación, rápido desbloqueó la pantalla y buscó ansiosa el mensaje que acababa de recibir. «Nos vemos a las 9 en la terraza de la cafetería de la Plaza Vieja» Alberto, intrigado por el comportamiento agitado de su esposa, preguntó buscando el motivo. - Nada, nada… una amiga recordándome que hoy habíamos quedado.- respondió Raquel sin levantar la vista de la pantalla del celular. Por fin, había llegado el momento que tanto esperaba. Unas semanas atrás, a través de las redes sociales, una persona había contactado con ella. Le dijo ser su hijo, noticia que aunque en un inicio le causó dudas, no pudo ignorar. Raquel, a los 17 años, había tenido un hijo, que sus padres habían entregado en adopción rompiendo todo vínculo que le permitiera encontrarlo en un futuro. La presión familiar y su inmadurez no le permitieron valorar, en aquel momento, las consecuencias del acto que con el paso del tiempo fue convirtiéndose en una pesada carga que llevaba en su conciencia. Nunca hablaba abiertamente de su pérdida, incluso Alberto desconocía lo sucedido. Solo dejaba sutiles indicios en un post que escribía en internet, el cual le servía como drenaje para su angustia. Después de conversaciones por chat, llamadas telefónicas y hasta videollamadas, hoy era el día en que conocería a la persona que afirmaba ser su hijo. Raquel mantuvo todo en secreto, temiendo involucrar a otros, en un asunto del que ella misma no tenía certeza. Salió caminando de su casa con tiempo suficiente para estar en el centro a la hora pactada. No era mucha la distancia que la separaba de la Plaza Vieja. Al llegar a la pequeña plaza adoquinada, Raquel oteo las mesas dispuestas en la terraza de la cafetería. No encontró a quien buscaba entre los comensales, tomó asiento y se decidió esperar. Al escuchar que alguien le hablaba a sus espaldas, se levantó de la silla y se volteó. Reparó con la vista al recién llegado antes de abrazarlo confiada. El destino le estaba dando la oportunidad de remediar su error – fue su pensamiento único. - Perdona mi reacción – se excusó Raquel visiblemente emocionada – No quiero precipitar nada. Después de tantos años no creí fuera posible reencontrarnos. - Quiero llevarte donde mis padres adoptivos. Ellos nos ayudarán a despejar las dudas – le dijo el joven. ------------ ¿Ernesto? Sin salir de la cama tomó el celular y tecleó un mensaje. Antes de enviarlo volvió a leerlo y esbozó una sonrisa maliciosa. Aún mediaban dos horas hasta el momento del encuentro con Raquel. Tenía tiempo suficiente para alistarse y llegar antes que ella a la cafetería de la Plaza Vieja. Ernesto llevaba tiempo visitando el post de Raquel en internet cuando decidió contactar por primera vez con ella. Sabía que las personas se sienten más seguras tras una pantalla y exponen confiadas su intimidad en el espacio virtual, algo que no se atreverían a hacer en la vida real. Pudo darse cuenta de que tras aquellos escritos había un ser herido, muy vulnerable, una presa fácil. Alguien que necesitaba compartir con otros sus penas. Sin darse cuenta, Raquel le fue abriendo el libro de su vida. Ernesto advirtió que a ese libro le faltaban páginas y esas serían las que él completaría con su engaño. Cuando sintió que caminaba sobre terreno seguro, no dudó en atacar. Estacionó el auto en una calle cercana a la plaza donde acordaron el encuentro. Cubrió caminando los escasos metros y fue directo al interior de la cafetería. Buscó un asiento desde donde pudiera ver las mesas de la terraza que asomaba a la plaza. Pidió un café para llenar la espera. Cuando Raquel apareció en el espacio adoquinado, enseguida la identificó. Pudo comprobar que era una mujer muy atractiva a sus 37 años. Vio como lo buscaba entre los presentes sin imaginar que él la observaba. Esperó un tiempo prudencial después que ella se sentó, mirando hacia la plaza para esperarlo y fue a su encuentro, acercándosele por la espalda. - ¿Raquel? – le preguntó como si acabara de encontrarla. Le tomó por sorpresa que ella lo abrazara. No había imaginado aquella reacción de afecto, pero calculó que eso le allanaría el camino. Enseguida verificó que tenía razón, cuando Raquel accedió a acompañarlo sin hacer preguntas. Salieron juntos de la plaza hasta el lugar donde había dejado estacionado el coche. Ernesto condujo hacia las afueras de la ciudad. Luego dejó la autopista y se adentró por un ramal. No había casas en ese sitio, un bosque ralo iba ganando en espesor a ambos lados de la carretera. Por primera vez Raquel sintió temor, pero ya era demasiado tarde. Ernesto sacó el auto de la carretera y se adentró en el bosque sorteando los árboles. Cuando se detuvo, Raquel gritaba espantada. La hizo salir a empujones y la tiró al suelo sobre las hojas secas que el otoño desprendiera de las ramas. Al principio, la mujer intentó quitárselo de encima, después, aplastada física y moralmente, lo dejó hacer. Jueves, 3 de marzo de 2022.
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5 comments
Tres maneras de actuar ante un mismo hecho. Destaco tu impecable narrativa, la confianza de Raquel, la suspicacia de Alberto y la astucia de Ernesto.
Gracias @Burkino. Exacta caracterización de los protagonistas. Cada uno percibe la realidad de forma diferente, juzga y actúa según su interpretación.
La mató? 😭
Que bien quedó! No sé como no la había visto! Gracias por compartir Abrazo
Escalofriante, lo premeditó todo. Frío y calculador... Es increíble como una misma situación puede envolver a tres personas con accionares distintos. Así es la vida real, cada quien ve lo que quiere ver... De ahí que las consecuencias muchas veces sean desastrozas. Excelente querido @Leopardo.