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@LeoPardo

Sociabilidad molesta. #AlertaDeDebate Según reza el estereotipo los latinos somos personas abiertas, más aún los caribeños. Hacemos amigos con facilidad y entramos en confianza sin muchos preámbulos. A la mezcla de culturas que forjaron nuestra idiosincrasia, se le agrega el calor de nuestro clima que nos hace buscar espacios abiertos donde estamos en contacto con otras personas. Los extranjeros que nos visitan suelen expresar que el mayor tesoro de estas tierras es su gente. Seguro que la mayoría coincidirá conmigo en que no hay nada de malo en esta conducta, pero hasta la simpatía tiene sus límites. Hoy mientras hacía unos trámites legales, regresé a los años en que con frecuencia viajaba muchas horas en tren. El tedio que acompañaba esos largos recorridos provocaba que entre compañeros de viaje, completamente desconocidos, naciera una amena conversación. Era interesante cuando podías intercambiar sobre libros, películas, hobbies o cualquier otro tema enriquecedor. Alguna que otra vez me tocó compartir asiento con algún pasajero que durante el recorrido me hacía la historia de su vida con pelos y señales. Yo, que siempre he sido algo reservado para los temas personales, por lo general, me abstenía a escuchar y asentir con la cabeza. Pues la funcionaria a la que tuve que acudir en la tarde me puso a pensar en lo indiscreta que pueden ser algunas personas. Como lo cortés no quita lo valiente, tengo que ser justo y decirles que su trato fue amable y hasta accedió a adelantar la hora de la cita, tomando parte de su horario de almuerzo, teniendo en cuenta que había viajado desde lejos y todavía tendría que regresar a mi localidad. Casi desde el mismo momento en que me pidió tomara asiento frente a ella, sin nada que lo motivara, comenzó a contarme fragmentos de su historia familiar. Me habló bien de algunos parientes y mal de otros. Aprovechando que quedamos solos en la oficina, por lo del horario de almuerzo, también salpicó a sus compañeros de trabajo. Como en los viejos tiempos, yo me limitaba a escuchar, fingiendo que seguía el hilo del relato, pero en realidad solamente deseaba terminar con el trámite para salir de aquella situación que me incomodaba. La señora de la que les hablo: siempre sonriente, amistosa, espontánea; encaja muy bien en el estereotipo caribeño del cual escribí al comienzo de este post. Ahora, después de narrarles el suceso, vuelvo para preguntarles que opinan ustedes sobre el exceso de confianza ante personas ajenas. Les pido no juzguen la ética, que como profesional, debió guardar al estar desempeñando su trabajo (eso es tema para otro post). Pudiera ser, que teniendo en cuenta mi carácter, yo esté exagerando la situación y me ayuden a comprender su comportamiento. Martes, 22 de febrero de 2022.

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