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#MiMayorTravesura Si confeccionáramos un ranking de niños traviesos, seguro que no clasificaba en los primeros lugares de la lista, pero como cualquier chico también hice mis travesuras. La dinámica de @Kike9781 me puso primero a recordar y más tarde a escribir esta historia, que hoy también va en calidad de homenaje a los educadores cubanos en su día. Cursaba yo el primer grado en el aula de la maestra Migdalia, una pedagoga de pies a cabeza, que ejerció su profesión durante muchos años en la escuela primaria de mi pueblo. Nuestra aula tenía una disposición, que ahora de mayor, me parece incorrecta e insegura. La puerta de entrada y salida quedaba al fondo del aula, en el lado opuesto al pizarrón de la maestra. Esta distribución del salón, provocaba, que cuando la maestra estaba escribiendo en la pizarra quedaba de espaldas a la puerta. Puerta, que dicho sea de paso, no se cerraba durante el tiempo de clases. La escuela tenía un amplio portal hacia donde daban las puertas de todas las aulas. La mía, estaba en una esquina del edificio, justo donde colgaba del techo del portal, una pequeña campana. El sonido de la campana anunciaba el inicio y fin de la jornada lectiva, así como la salida a los recesos. Mi pupitre, quedaba en el fondo del aula, junto a la puerta. Desde mi puesto siempre veía al encargado de marcar los horarios con el sonido de la campana y moría en deseos de ser yo quién la hiciera sonar. Un día cualquiera de clases, aprovechando que la maestra no me observaba, pues estaba de espaldas a mí escribiendo en el pizarrón, tomé sigilosamente mi silla y salí con esta al pasillo sin hacer el menor ruido. Coloque la silla debajo de la campana pues por mi estatura no alcanzaba el cordel que salía del badajo. ¡Y entonces si no me importó que todos me escucharán! Comencé a sonar la campana con un toque “a rebato” como anunciando el peligro de una inminente invasión de piratas. Cuando la maestra Migdalia noto que era uno de sus estudiantes el que provocaba tal alboroto, corrió a bajarme de la silla y hacerme entrar de regreso al aula. Pero para entonces ya era tarde pues de las otras aulas comenzaron a salir maestros y alumnos confundidos, pensando que había llegado la hora del tan anhelado receso. No recuerdo si recibí un castigo por aquella travesura a mis 6 años pero lo que sí gané fue que la maestra Migdalia, aun siendo ya un adulto, cuando nos encontrábamos siempre me decía la misma frase: - ¡Mira que tú eras zorro! No sé si en tu país esta expresión tiene el mismo significado que le damos por acá para referirse a las personas que hacen las cosas de forma taimada, sin que el resto se entere, aparentando ser unos angelitos. Sirva este post como homenaje a tantos maestros y profesores que contribuyeron a mi educación e instrucción en este su día, escogido porque en el mismo pero de 1961, terminó la campaña de alfabetización que declaró a Cuba territorio libre de analfabetismo. Miércoles, 22 de diciembre de 2021.

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