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El rey del hilo de plata. #DinámicaRuletas. #HistoriasdeAragüí En el pintoresco pueblo de Aragüí un niño soñaba con el circo. Caminaba por la cuerda a gran altura sin perder el equilibrio. Las luces de los reflectores coloreaban su figura. La música esparcía la tensión. Las exclamaciones del público asustado siempre terminaban con una ovación de júbilo. Era el momento en que la ruda voz del padre lo devolvía a la realidad. _ ¡Atiende lo que haces m´hijo que estás estropeando las matas con la guataca! Para esos días el ferrocarril había traído al pueblo el circo ambulante Nelson proveniente de la capital. Los vagones del tren, durante las largas temporadas, se convertían en la casa móvil de los artistas que iban de pueblo en pueblo a lo largo de toda la Línea Norte. En estos viajaba también, todo lo necesario para crear la fantasía del circo. Aquel niño que sentía tanta admiración por los virtuosos de la carpa, ansiaba convertirse en una de sus estrellas. Amarraba una soga del tronco de un árbol a otro y practicaba a escondidas su acto de equilibrio. No importaban las veces que caía, cada repetición lo acercaba más a su objetivo. En las mañanas antes de partir para el colegio, al mediodía cuando regresaba mientras esperaba el almuerzo, en la tarde después del trabajo en el campo junto al padre, subía a la cuerda y andaba sobre el delgado camino con los brazos extendidos buscando estabilidad. Cada vez que el padre lo sorprendía en sus ensayos desenvainaba su machete, cortaba la soga y le recordaba que él era un campesino y su lugar estaba en el surco. El chico era el mayor de cinco hermanos y su obligación era aprender a sacarle los frutos a la tierra para el sustento de la familia. Pero la madre, cómplice de sus sueños, le daba dinero para que comprara una nueva soga. Entonces sucedió el milagro. El director del circo Nelson, en persona, se apareció una tarde en la casa del muchacho, pues un lugareño le había contado que en el pueblo había un niño que hacía maravillas sobre la cuerda. El padre al recibirlo negó rotundamente la habilidad del hijo, pero el astuto director oteando desconfiado los alrededores, descubrió la soga tensada entre dos árboles. Aquel hallazgo desvaneció los argumentos del padre que a pesar de su desacuerdo, por no desairar al forastero, aceptó que el hijo hiciera una demostración. El director quedó impresionado con la habilidad del niño que, aun no alcanzando la maestría, asombraba teniendo en cuenta su corta edad. Entonces pidió autorización al padre para presentarlo en la función nocturna. El viejo masculló entre dientes la respuesta, que para asombro del pequeño, fue afirmativa. Enseguida la madre puso manos a la obra para confeccionarle un traje digno de la ocasión. En la noche el circo se abarrotó de espectadores pues la noticia se había esparcido por Aragüí y los poblados vecinos. Muchos quedaron fuera de la carpa por agotarse las capacidades. Entonces llegó el momento que todos esperaban. El mismo director hizo la presentación: _ ¡Señoras y señores, esta noche, por primera vez se presenta en nuestro circo, un hijo de este pueblo…! La algarabía fue tal que el joven funambulista quedó sordo y ya no pudo escuchar como seguía el anuncio. Él, se había convertido en la estrella del espectáculo. Su buen padre le había cortado muchas veces la soga pero nunca logró cortarle los sueños. Así comenzó la historia del Rey del hilo de plata. Pues yo también me embullé a girar las ruletas por segunda vez y los 3 giros me regalaron: Funambulista sord@ Admiración Casa móvil Suficientes para armar una historia de ficción sobre hechos reales. Miércoles, 22 de septiembre de 2021.

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