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@LeoPardo

#DesdeMiPerfil Hoy, desde el balcón, observaba el vuelo de dos aves, que no por ser muy comunes en nuestros cielos, dejaron de atraer mi atención. Volaban dibujando amplios círculos, como en una danza en las alturas. Me gustó imaginarlas como una pareja en su cortejo amoroso. Prácticamente, sin batir sus grandes alas, en un asombroso ahorro de energía, planeaban remontando las corrientes, cuáles surfistas del aire. Lo paradójico (que no sucede solo con respecto a estas aves) es que se han ganado una reputación tan negra como su plumaje y pocos se detienen a admirar sus virtudes. Bien diferente les ocurre a otras, con las que posiblemente tengan algún parentesco. Las águilas, los cóndores o los halcones pertenecen a la realeza del reino animal. En cambio, a nuestra experta voladora, solo le queda el desprecio humano como legado. Al aura tiñosa, que así la nombramos por acá, sin dudas por su cabeza calva que recuerda las huellas que deja la tiña en los enfermos, se le asocia con lo desagradable y repugnante. Sus hábitos alimenticios contribuyen mucho en esta mala fama. Sin embargo, al ser carroñera, nos está aportando un gran beneficio limpiando de cadáveres el medio. Muchas expresiones populares acentúan el desprecio, que recibe por estos lares, este pájaro de gran tamaño. Así tenemos que cuando estás desaliñado y débil, no faltará quien te señale “estar hecho un aura”. O si llegas con un encargo complejo de cumplir o una noticia desagradable, la anuncias diciendo: “vengo con tremenda tiñosa”. Si alguien predice alguna desgracia, ahí mismo le increpan con un “no seas tiñosa”. Cuando la mala suerte te acompaña, entonces seguro estás “cagao de aura”. Por último, encontrarse en una situación límite o a punto de perder algo, se describe con la frase “estar en el pico del aura” Puede que se me escape alguna otra definición de lo negativo, expresada mediante el refranero popular, pero las detalladas son suficientes para ilustrar la contrariedad, que en muchos provoca, la presencia del ave de marras. Termino con un recuerdo curioso de mi infancia en el campo, con esta ave de protagonista, donde se demuestra, que de niños, no las creemos tan repulsivas. Sobre todo en las mañanas o después de la lluvia se pueden encontrar a las auras tiñosas posadas, con sus dos largas alas extendidas, perpendicular a su cuerpo, formando una cruz. Esta posición, que adoptan, posiblemente, para secar sus plumas o calentarse, encerraba para nosotros cierto misterio inexplicable. Por eso cuando en nuestras excursiones a la naturaleza encontrábamos alguna de estas aves descansando en las ramas de un árbol, pero con sus alas recogidas, extendíamos las manos y lanzábamos una especie de conjuro cantado, para lograr que las desplegara. Si por casualidad en ese momento el aura abría sus alas, nuestros poderes mágicos quedaban comprobados. La cancioncilla decía así: “Aura tiñosa, ponte en cruz, mira a tus hijos como tú” Vuelvo al balcón y el número de auras en vuelo ha crecido notablemente. Los colores del cielo anuncian que pronto comenzará a llover. Según una creencia campesina, ellas atraen la tempestad. Otro estigma con el que cargan las tiñosas. Domingo, 24 de julio de 2022.

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