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@LeoPardo

La que hablaba sola. Algunos podían imaginar que lo que ella sostenía era un monólogo, pero nada más alejado de la verdad. Todo el tiempo conversaba con algún personaje de la corte invisible que la acompañaba a todas partes. Se le escuchaba decir su parte del diálogo, esperar un tiempo prudencial para que respondiera su interlocutor, y luego volver a hablarle, al viento, según aseguraban los incrédulos. Una sonrisa, que parecía esculpida en su rostro, la acompañaba mientras sostenía su conversación. Los demás cuestionaban aquel estado de alegría perenne. La felicidad hace visitas cortas, aseguraban, partiendo de sus experiencias personales. Rara vez era perceptible un tono airado en su parloteo. La delataba el ceño fruncido y la negación constante de su cabeza. Las manos, en puños apretados, complementaban los regaños de su boca. Aún en la más acalorada de las discusiones nadie le escuchó proferir un improperio. Pero la mayoría de las veces su tono era alegre. De pronto, estallaba en sonoras carcajadas que contagiaban a todo el que estaba cerca de ella. Al instante, se improvisaba una coral de risas que sonaba en todos los tonos imaginables. Cuando encontraba a alguien en el camino, interrumpía la conversación un instante, para saludarlo, y luego la retomaba en la misma frase en que la había dejado. Ese era el único momento en que abandonaba el mundo que llevaba en su cabeza. Fuera de esos saludos, no hablaba nada más con los seres tangibles con los que convivía. No paraba de hablar. Hasta en sueños continuaba con su conversación. Dormida, lo hacía en lenguas desconocidas, que no parecían de esta tierra. A esa hora seguro la visitaban seres de otros mundos. Un día enmudeció. Al parecer había consumido el arsenal de palabras con el que había llegado a la vida. Entonces continuo su eterna conversación en lenguaje de señas. Sus manos expresaban las ideas tan bien como antes lo hacía su voz. Para los demás, aquella fue la señal definitiva, para tildarla de loca. ¿Cómo si no, podían llamar a alguien, que todo el tiempo hacía gestos al aire, incomprensibles para ellos? Pero a ella, nada le importaba la opinión de los demás. Su conversación infinita no le dejaba tiempo para escucharlos. Aún tenía mucho que decir a aquellos que si la comprendían. Esos sabían que ella no era una demente que hablaba sola. Sábado, 13 de agosto del 2022.

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