El visitante nocturno. #Dinámica. Claro que esta historia debió comenzar cuando Fermina Daza le dio la razón a su marido (Juvenal Urbino), en algún asunto doméstico, por primera vez en su vida, y se cuidó de no hablar de animales por mucho tiempo. Pero todo aquello perdió importancia, desde que Fermina Daza comenzó a recibir la visita nocturna, de un señor, con el que entablaba largas conversaciones. Era un hombre cercano a los 60 años de edad, de mediana estatura y una complexión rellena sin llegar a la gordura. Tenía el pelo canoso e hirsuto y lucía un bigote blanco y bien recortado, que adornaba, una espontánea sonrisa. Siempre llevaba unos espejuelos, con moldura de pasta negra, a través de los cuales, dejaba ver, la profunda mirada de sus ojos color café. El visitante llegaba siempre después que Fermina se iba a la cama, junto a su esposo, el doctor Urbino. Lo extraño del asunto era, que a la mañana siguiente, la mujer no podía definir con claridad, si la amena charla, había sido un sueño o realmente había sucedido. Al principio se sintió hasta algo culpable, por la intimidad que alcanzaban los encuentros, con aquel hombre desconocido. Ella era una mujer casada, respetable, a la que nunca se le hubiera ocurrido una infidelidad, ni siquiera con el pensamiento. Pero a medida que se sucedieron las noches, se sintió más confiada, pues su interlocutor demostraba ser un hombre de carácter amigable y muy respetuoso. Su imaginación era prodigiosa, sabía hilar historias donde se entrelazaban la realidad y la magia. Con frecuencia mostraba agudeza crítica, al tratar ciertos temas, que salpicaban la conversación. Llegó a sentirse tan a gusto, que respondía a todas las preguntas con lujo de detalles. El visitante nocturno mostraba un marcado interés en todo lo que ella le narraba sobre su vida y la de otros vecinos de la ciudad. Parecía como si tomara nota de cada detalle en su mente, para después poder escribir, sobre lo que había escuchado. Ella también le preguntaba, de vez en cuando, acerca de su pasado, y él, aunque reservado, algo le contaba. De este modo entre ellos nació una relación muy familiar, como la que tienen dos personas, que se conocen de siempre. Una de aquellas noches, Fermina se animó a comentarle, sobre algo, que desde el primer encuentro le rondaba la cabeza. _ Usted me recuerda a una persona quien fue mi primer amor. Yo era apenas una adolescente, y él, trabajaba en la oficina de telégrafos. Aquello no trascendió más allá del intercambio de una correspondencia apasionada. Florentino Ariza se llamaba. El visitante mostró una sonrisa cómplice y terminó diciéndole: _ Pues sí, algo en común tenemos los dos. Mi padre era telegrafista del pueblo donde vivía, y ese fue, mi primer empleo también. Fermina no pudo ocultar el asombro que le provocaron dichas palabras. Aquella extraña coincidencia, sembraba más dudas, en ella, sobre la pertinencia de los encuentros con el visitante de la noche. ¿Tendrían alguna relación las visitas con el recuerdo del amor interrumpido 50 años atrás? ¿Quién era realmente aquel hombre, a quien una noche permitió entrar, y con el que después no pudo dejar de tener aquellas citas ocultas? Volviendo al asunto del inicio, y como Fermina nunca perdió las esperanzas de ver otra vez un animal en la casa, empleó su astucia para no desobedecer las órdenes de su esposo, y compró un loro real. Juvenal le había prohibido que en la casa entrara alguien que no supiera hablar, y el loro, era un parlanchín malhablado. Que lejos estaba entonces de imaginar, Fermina Daza, que un día, el ave sería la causa de la muerte del doctor Urbino. Esa noche, se fue temprano a la cama, esperando ansiosa, la llegada del visitante nocturno. ________ Este es mi relato para participar en la dinámica #EscribamosConElGabo, propuesta por el amigo @Burkino, en este canal #DeCalidad. Gracias por la propuesta. Viernes, 17 de junio de 2022.
Log in to join in Reading is open to everyone. Replying needs an account.
7 comments
Excelente @Leopoldo, por un momento pensé que ibas a meter al propio Gabo en la trama, tipo Tarantino en Pulp Fiction. Has sido muy leal a la obra original y también pusiste tu huella narrativa. Meritorio por demás.
Has captado muy bien la idea. El Gabo busca información, en un viaje al pasado, para armar la trama de su novela. 😉 Sabes que, alguna vez leí que la historia de Florentino Ariza tenía puntos de coincidencia con la vida del escritor. Gracias por tu visita y valoración.
Por alguna razón, siento que me has contado o revelado cosas que si son parte de la novela, al menos tengo esa impresión, aunque claro, todo con un toque más fantasioso, ya que me haces sospechar que ese hombre con el que se reunía era de alguna forma su hijo del futuro o algo así. Ha sido realmente una buena versión, aunque pobre Urbino que murió por el loro. Nos estaremos leyendo.
Tienes razón, escribí el post basándome en los recuerdos que tengo de la novela que leí ya hace algún tiempo. La muerte del doctor Urbino, por ejemplo, sucede en la novela. El visitante, más bien, hace un viaje al pasado, en busca del argumento para escribir su novela. Aunque cada lector puede imaginar quien era, lo escribí pensando en el propio GGM. Agradecido Denis por tu visita.
Si, por eso lo dije, porque mi mamá mencionó eso de que el esposo se muere y luego se reencuentra con su primer amor. Ya veo, eso sí que no lo había visto. De nada siempre un placer leerte.
Que palabras tan interesante, mi hermanazo. Buen uso de ese loro hablachento. Tu caracteristia de escritor aumenta cada dia más... Me gustó.
Saludos #Leopoldo, te quedo muy bueno y con muchas referencias a la obra original del Gabo, me gusto... buenas noches.