Sobre rieles. #AnécdotasDeVida. Desde pequeño me gustan los trenes. Recuerdo que era el juguete que más pedía a mis padres me compraran. Tuve varios, pero hubo uno en especial que conservé aun siendo adulto hasta que mi hijo mayor lo cogió por su cuenta. Era todo metálico, incluyendo los tramos de línea que se ensamblaban permitiendo hacer distintas configuraciones. Tenía estación, puentes, señales. La locomotora andaba con 2 baterías tipo C, encendía una luz frontal y arrastraba el convoy de vagones. Pasaba horas tendido en el suelo, viajando por las vías de mi imaginación como conductor de aquella potente máquina. Pero mi preferencia por los trenes no solo está relacionada con los juegos infantiles. Nací en un pequeño pueblo de campo por donde pasaba una vía férrea: La Línea Norte. Desde el portal de mi casa se veía la estación de trenes. Esa era la forma más segura y económica que teníamos para poder viajar. Podíamos llegar a la capital del país o hasta el límite donde comienza la zona oriental de la isla. En aquellos tiempos circulaban varios trenes al día y cada vez que el pito (silbato) anunciaba la proximidad de alguno era todo un acontecimiento para el poblado. Más aún, un tío mío era el jefe de estación y su casa de vivienda formaba parte de la edificación de la terminal. Eso me dio cierta ventaja, alguna que otra vez, para alcanzar pasaje en un coche motor que era el más confortable de los trenes que pasaban por mi pueblo. Tenía aire acondicionado y bufete. Pero la mayoría de mis viajes en tren fueron en uno corriente que popularmente llamaban “El lechero”. El nombre le venía por su similitud con los repartidores de leche a domicilio, que llegaban de casa en casa dejando su mercancía. Este tren iba parando en su recorrido de pueblo en pueblo, a veces tan cercanos, que no le daba tiempo a tomar impulso. Para algunos era la única forma de trasporte de que disponían. A diferencia de lo que aparentan, por su camino férreo del cual no es posible escapar, siempre he relacionado los viajes en tren con la aventura. Tengo muchos sueños inconclusos relacionados con este medio de transporte. De la adolescencia, cuando devoraba novelas policiacas, recuerdo El asesinato en el Expreso Oriente de la genial Agatha Christie. Mientras leía imaginaba poder hacer ese recorrido desde Europa a Asia. Luego en mi etapa de estudiante universitario quise conocer el Ferrocarril Transiberiano, la ruta más larga del mundo que demanda una semana para completarse. También me gustaría algún día montar un tren bala con sus velocidades de ensueño. Para terminar este recorrido sobre rieles les dejo un dato curioso. Cuba fue el segundo país de América en tener ferrocarril solo antecedido por Estados Unidos. La Corona española autorizó su construcción incluso antes de que España lo tuviera. Martes, 15 de marzo de 2022. Imagen: Tren en la estación de mi pueblo natal.
6 comments
Tienen algo de romanticismo, los trenes,sus historias, la gente. Me agradaría que en mí país se consolidaran los planes, para construir una gran red ferroviaria.
Eso mismo le comentaba a @CamyTorresAutor. También me gustaría tener acá un ferrocarril moderno, rápido y eficiente. El ferrocarril llevó el progreso a muchos parajes recónditos del mundo. Agradecido amigo @Burkino
Me encantaría subirme a un tren y viajar, me he visto cantidades de películas donde los trenes son parte importante y casi que los protagonistas.
Cuántos recuerdos removiste de mi mente y corazón. Mis paseos en tren hacia la playa de Matanzas y algunos campismos, luego mis tiempos de pre-pedagógico. El tren fue un amigo fiel durante un año semana tras semana de ida y vuelta. Lo recuerdo y me dá nostalgia, siento su olor y ese silbido que anunciaba su cercanía. Mis niños no lo conocen, aquí ya prácticamente quedó en desuso, con lo tanto que resolvía. Gracias por invitarme a revivir...
Buenas noches! Interesante anécdota. Toda mi vida he ansiado viajar en tren, ver el paisaje desde la ventana de un vagón. En una oportunidad quise hacer el viaje desde la costa este de Estados Unidos hasta la costa Oeste. Llegaría a Pensylvania en un Tanquero y tomaría el tren hacia el oeste y en San Francisco embarcaría en el Tanquero de regreso a mi país. Cuando llegue a Pensylvania me informaron que el Taquero de regreso había cambiado su itinerario y tuve que cambiar los planes. No viaje en tren
La verdad que es un tema que te apasiona y que bonito que hayas vivido una infancia tan hermosa llena de fantásticos recuerdos de tu pueblo y de tu gente, cuando niño sentía bastante atracción por los trenes pero ya de más grande cuando agarre amor por el fútbol digamos que el tema quedó en el olvido, definitivamente recordar es vivir.