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@LeoPardo

MOR* #MesdelTerror Se me hizo tarde para regresar a casa. A esa hora de la madrugada, y en aquella zona de la ciudad, era casi imposible conseguir un trasporte. Decidí caminar, mi casa no iba a venir hasta mí. Recordé que si tomaba un estrecho callejón, y luego atravesaba una ciudadela fantasma, de la que muchos no sospechaban ni su existencia, saldría a un parque de añejos árboles que crecían en las laderas de un río. Pasando a través de un maltrecho puente peatonal, a la otra orilla, ya estaría cerca de mi barrio y me ahorraría la gran vuelta, que el camino habitual daba, para sortear aquella parte de la ciudad. En una ocasión anterior, había utilizado ese atajo, pero había sido de día. Cansado y hambriento como estaba, no lo pensé dos veces, y me adentré en el angosto callejón. Las luces de la avenida aún me permitían ver donde pisaba. De repente, ya no. Todo se hizo oscuro, pudiera decir que me guiaba el instinto para seguir la ruta. Busqué con una mano alguna pared que me sirviera como referencia. Me detuve, quise regresar, pero a mi espalda, igual reinaba la oscuridad. Presumí que se habían apagado las luces de la avenida. Era mejor continuar adelante. Mis pupilas se dilataron en la oscuridad y alcancé a distinguir formas. Comencé a moverme entre casuchas desalineadas. A través de las rendijas de las improvisadas paredes, de algunas, salían tenues luces. Al parecer todos dormían, pero yo tenía la sensación de que vigilaban mis movimientos. En ese punto del recorrido, me sentí desorientado. No estaba seguro de la dirección de mi siguiente paso. Entonces, oí el primer silbido. Seguramente, alguien alertaba sobre la presencia de un extraño. Carne fresca, debió anunciar el chiflido. Sentí la tensión bajar por mi espalda, me llamé a la calma para encontrar una salida de aquel laberinto. Por segunda vez, el mismo silbido hirió el silencio de la noche, que solo rompían los ladridos de algún perro a mi paso. Quise echar a correr, pero no sabía hacia dónde. Me arrepentí de la decisión que me había llevado a aquel lugar. Ahora prefería, mil veces, haber elegido el recorrido más largo hasta mi casa. Desesperado, salté el muro de ladrillos desnudos que tenía frente a mí. Al otro lado, caí en una especie de hueco angosto que succionaba mi cuerpo. Me aferré con fuerza a las ásperas paredes para evitar ser tragado por la boca abierta en la tierra. Quise gritar pidiendo ayuda, pero el grito se ahogó en mi garganta. Mis manos ya no aguantaban la presión… Me desperté sudoroso y fui por agua para tomar. Bajé los escalones, de a dos, hasta el pasillo de la planta baja. Entré en la cocina, sin detenerme a encender las luces, abrí el grifo y escuché nuevamente el silbido a mi espalda. Tantee hasta encontrar un cuchillo y lo empuñe decidido a enfrentar al agresor. Esta vez estaba en terreno conocido y no me sorprenderían desarmado. Maldije no haber prendido la luz cuando entré en la cocina. Ahora debía llegar hasta el interruptor, junto a la puerta que daba al pasillo. Con la mano del cuchillo levantada a la altura de mi cara, listo para atacar, extendí la otra buscando accionar el interruptor. El golpe vino de atrás, me hizo doblar las rodillas y caer aturdido, sobre el piso duro. Los intrusos eran tres, eso pude verlo, antes que cubrieran mi cabeza con una bolsa de plástico negro. Cuando aún estaba en el suelo, me amordazaron y ataron mis manos a la espalda. Me sacaron a empujones de la casa y me obligaron a entrar en algún vehículo, que echó a andar inmediatamente. Luego de haber recorrido por carretera durante un tiempo, lo irregular del terreno, me hizo pensar que la habían abandonado. Sin dudas se dirigían a un lugar apartado. El auto se detuvo, me halaron desde el exterior. El frío de la madrugada, se mezcló con el miedo, y caló hasta mis huesos. “Entraste en territorio prohibido” sentenció uno de mis captores. “Termina con él” ordenó otro. Una mano se apoyó en mi pecho y me empujó fuertemente hacia atrás. Nuevamente, sentí que me hundía, atraído por una fuerza que me tragaba y esta vez no tenía mis manos libres para agarrarme de las paredes. De un salto me senté en la cama. Miré a mi alrededor, buscando la bolsa plástica, que un momento antes, cubría mi cabeza. No la encontré. Debí estar soñando. Me dejé caer de nuevo sobre la sábana desordenada. Cerré los ojos y escuché nuevamente el silbido. Pero ya estaba en el parque de los viejos árboles. Corrí, sin mirar atrás, rumbo al río. Salté, intentando adivinar las tablas que aún quedaban en el ruinoso puente, hasta alcanzar la ladera opuesta de la corriente de agua. Del otro lado, por primera vez me sentí a salvo, pero continué corriendo, sin detenerme hasta estar fuera del parque. Presuroso abrí la puerta de mi casa. Entré y me aseguré de que estuviera bien cerrada. Apoyé la espalda contra la puerta y esperé unos minutos para recuperar el aliento. Recorrí el pasillo hasta la escalera que me llevó a mi habitación. Sin quitarme la ropa, me dejé caer sobre la cama y cerré los ojos, tratando de olvidar la pesadilla vivida en las últimas horas. *M.O.R. - Movimientos oculares rápidos (REM por sus siglas en inglés) “Fase del sueño durante la que suceden los ensueños más intensos. Durante esta fase, los ojos se mueven rápidamente y la actividad de las neuronas del cerebro se asemeja a la de cuando se está despierto.” https://es.wiktionary.org/wiki/REM Lunes, 24 de octubre del 2022.

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