read.cash Log in
@LeoPardo

Misterio resuelto. #DesdeMiPerfil Cuando decidí escribir un #ShortInconcluso para participar en la #DinámicaExpress propuesta por nuestro prolífero escritor @CamyTorresAutor por supuesto que pensé en un final propio, pero quise reservármelo, para que fueran los lectores los protagonistas de esta parte de la dinámica. Y sí que se lo tomaron bien en serio y nos regalaron un abanico muy diverso de posibles finales. Me divertí mucho leyendo las ingeniosas propuestas de estos autores, por lo que no puedo dejar de agradecerles (por orden de aparición) a @RosaBolivar, @BigBDP, @Atandome, @Jeacoromoto, @lilium, @fuga, @Burkino, @Sariana23, @gael1316, @LadySweet y no podía faltar el culpable de todo el complot: @CamyTorresAutor. En mi post para la dinámica, terminaba diciéndoles que el nombre del perpetrador del robo de la graciosa Fifí, estaba escondido en el texto. Aunque otros usuarios, dieron igualmente con el ladrón, llegaron hasta esa deducción por otra vía. Solo nuestra estimada @Jeacoromoto me hizo saber (muy discretamente) que había resuelto el acertijo. En la imagen adjunta a este post les dejo la solución. ¿Comprobaron que estaba a la vista de todos? Jajaja Tarde llego a la dinámica @LadySweet, aun así me dejó un comentario digno de una detective de alto nivel, con un análisis pormenorizado de los sospechosos. Ella, junto a @Atandome, fue una de las que señaló a Don Anselmo como el caco del relato. También me pidió que me animara a compartir mi final de la historia. Aquí estoy decidido a escribirlo, pero con algunas modificaciones a mi idea original, enriquecida con las propuestas de quienes se aventuraron a encontrar al culpable en esta historia detectivesca y señalar el motivo que lo impulso a cometer la fechoría. ______ Robo en la residencia de los Barreto. (Conclusión) #LosCasosdelInspectorPardo Esta historia comenzó aquí noise.cash/post/l75rnjgn El inspector Pardo, después de la conversación en privado que sostuvo con Don Anselmo Barreto, mandó a reunir a todos los presentes en el despacho del patriarca de la familia. Uno a uno, fue sacando a la luz los motivos, que hicieron saltar la sospecha de un implicado a otro en los hechos. El primero en cargar con la responsabilidad fue el mayordomo (¿quién si no?) Todos en la residencia conocían las preferencias de la pequeña bandida de Fifí, de utilizar la puerta de la habitación del sirviente para “hacer sus gracias”. Más de uno dio fe de la cólera que monto el viejo empleado cuando la perrita utilizó la cama de este como cagadero. Ese día perdió toda su compostura y prometió hacerle pagar tal agravio. Pero el suspicaz de Pardo no se dejó arrastrar por aquellas opiniones, pues se dio cuenta de que las amenazas del mayordomo habían sido solo palabras vacías, pues en realidad era incapaz hasta de matar una mosca. Después la atención cayó sobre el tarambana de Arturo Barreto. Hasta ese momento él pensaba que todos los presentes ignoraban la suerte que, unos años atrás, había corrido la versión felina de Fifí. Pero su madre, doña Fina, estaba al corriente y trajo a colación el suceso, preguntándose si la consentida de la familia, no había pasado por lo mismo. Arturo dio su palabra, de dudosa credibilidad, de que en esta ocasión él no tenía ninguna responsabilidad en la extraña desaparición. Para demostrar su cuartada, enseñó una ficha ganada en AA, donde certificaban que llevaba sobrio una semana. Cuando Arturo pensó estar libre de sospechas, su hermanita Agustina, lo acusó públicamente de haber prometido a una de sus amigas regalarle, como muestra de su amor, a la graciosa Fifí. El hermano mayor reconoció haber hecho la promesa pero sin intenciones reales de consumarla. Solo quería ganarse el corazón de la única dama que había robado el suyo, tras tantos años de amores desordenados. Si no le creían, dijo, que sería fácil comprobarlo con una visita a casa de la dama en cuestión. El inspector confió en las palabras de Arturo Barreto, pues sus cuartadas eran fácilmente comprobables. Tocó el turno a los tórtolos, que se habían comportado muy nerviosos tratando de inculpar a los demás. Fernando Rosales cambió de color, como semáforo averiado, cuando el inspector le preguntó sobre el monto de la deuda de juego que tenía. No esperaba, que alguien más aparte de su esposa, Agustina Barreto, tuviera conocimiento de dicho endeudamiento. La hija menor de los Barreto, defendió a su marido, sosteniendo que no existía relación alguna entre la desaparición de Fifí y las deudas de Fernando. Fue entonces cuando, tras una señal del inspector Pardo, el aristócrata azucarero, tomó la palabra. Don Anselmo Barreto confesó, ante todos los reunidos, ser el responsable de la desaparición del bichón habanero propiedad de la familia. A esta hora- dijo- Fifí va camino a mi finca campestre en Indio Hatuey para ponerse a salvo de ustedes dos (apuntó al matrimonio) que pretendían lucrar con sus cachorros, conociendo el alto precio que las familias de abolengo, estarían dispuestas a pagar por un ejemplar con certificado de pedigrí. No permitiré que nuestra consentida se convierta en un negocio. Buscaremos, entre nuestras honestas amistades, quienes quieran adoptar sus cachorros. Un fugaz pensamiento cursó por la cabeza del inspector Pardo. ¿Será que a mi gata le gustaría tener compañía…? Martes, 19 de julio de 2022.

4 comments

Log in to join in Reading is open to everyone. Replying needs an account.