Aragüí. #HistoriasdeAragüí Aragüí es un pequeño pueblo del que pocos han oído hablar, que en un tiempo, brotó de la tierra como un manantial, en la mayor isla del Caribe. Sus gentes convierten en peculiares las historias comunes de sus vidas. Están moldeados con una amalgama de tesón, color, pasión y ritmo. El ferrocarril y un embarcadero de ganado marcan la génesis del asentamiento. Un rico hacendado, dueño de casi todas las tierras de la comarca, se estableció en el lugar y su próspero negocio atrajo a los primeros habitantes del pueblo. Los fértiles potreros, donde las reses encontraban abundante comida y arroyos de aguas limpias, más la laboriosidad de su gente, hicieron de Aragüi un sitio, que nadie pensaba abandonar en busca de mejores horizontes. Fue el primer pueblo, en muchos kilómetros a la redonda, en disfrutar de un milagro de la modernidad como la electricidad. Para esto disponían de una planta eléctrica propia con la potencia suficiente para abastecer al pequeño poblado. Los habitantes de los pueblos vecinos frecuentaban Aragüi, llevando como única motivación, pasearse por su calle Real. La senda, estaba iluminada por esbeltas farolas, que brillaban cual luciérnagas gigantes, en la oscuridad de la noche. Esto animó su vida nocturna e hizo proliferar el comercio. Se abrieron fondas que servían lechón asado, arroz congrí y yuca con mojo criollo a bajos precios. Los hombres, después de un duro día de trabajo, se reunían en las cantinas a compartir unos tragos mientras alardeaban de sus hazañas cotidianas acompañadas de rancheras mexicanas sonando en las vitrolas. El gran salón social abría sus puertas para los bailables de fin de semana, amenizados habitualmente por la música de artistas locales, pero también no faltó la ocasión, en que recibiera a estrellas de nivel nacional. Asimismo, el teléfono llegó al pueblo mucho antes que otros lo conocieran. Poder comunicarse, sin salir del lugar, con personas incluso fuera de la isla, distinguió a las familias adineradas y los negocios de mayor holgura. Junto a la oficina de correos se construyó la central telefónica que hacía la magia de conectar las voces de los parlantes, por cables tendidos desde la ciudad más cercana. Aquellos adelantos, con los que no contaban asentamientos de más importancia, daban al pequeño Aragüí un aire citadino. Si en algo la naturaleza premió a Aragüí fue por su clima. Su ubicación en una amplia meseta en lo alto de una serranía hacia sus noches fresca hasta en los meses más calientes del verano. En esta estación, que coincidía con la temporada de lluvias, todas las tardes caían aguaceros de corta duración que impregnaban el ambiente de una suave humedad y mantenían los pastos verdes y jugosos. La diferencia la marcaban sus inviernos. ¡Nadie había sentido tanto frío en otro lugar de la isla! Tal parecía que el pueblo no fuera un punto en el mapa del Caribe. En esta época del año, los vecinos iban a la cama temprano y acumulaban varias frazadas sobre sus cuerpos para enfrentar las bajas temperaturas. En uno de esos días, al final del invierno, el 19 de marzo, celebraba el pueblo su fiesta patronal. Esta fecha el santoral cristiano la dedica a San José, por eso la festividad comenzaba con la salida del santo en procesión recorriendo las principales calles. Luego, en la iglesia, se realizaba un oficio religioso en su honor para dar paso a la feria popular. Entonces Aragüí lucia sus mejores galas y sus hijos mostraban su talento en el arte del rodeo. Llegaban vendedores ambulantes a ofrecer mercancías que se veían por aquellos lares solo una vez al año. En la noche, con los bailables, se cerraba el día de jolgorio. Pero volvamos al sitio de partida, al ferrocarril, la puerta de entrada y salida del pueblo, su principal conexión con el mundo exterior. La estación de trenes, una de sus edificaciones más significativas, por si sola, señalaba su relevancia en la vida del lugar. Construida completamente de tabloncillo, disponía de un amplio almacén de mercancías, un salón de espera para pasajeros, la oficina del jefe de estación y la casa de vivienda para él y su familia. A lo largo de toda la construcción, paralelo a la vía férrea, se extendía un ancho andén de cemento. El apeadero marcaba el punto donde nacía la calle Real, arteria en la que confluían todas las demás del poblado. La llegada de un tren a la terminal paralizaba al pueblo durante los escasos minutos que duraba la parada. El silbato del convoy, anunciando su proximidad, convocaba a muchos hasta la estación de trenes, para despedir o recibir algún viajero o atraídos por las novedades que podían llegar por el camino de hierro. Muchas de las historias que les iré contando se iniciaron el día que sus protagonistas entraron a Aragüí por este lugar. Historia de ficción basada en una realidad posible. Martes, 19 de abril de 2022. Imagen libre de Pixabay https://pixabay.com/es/photos/pistas-v%c3%adas-de-ferrocarril-carriles-3163575/ En la imagen una vía férrea a través de una campiña.
6 comments
Te confesé en una ocasión que estos relatos e historias alrededor de un ferrocarril me apasionan. Nunca me he montado en uno tradicional, si lo he hecho en los subterráneos de algunas grandes ciudades de AL, pero no es lo mismo. Muy atmosférico e impecable tu relato.
Esta historia está excelente, en realidad imaginé en mi cabeza cada detalle que fuiste mostrando de aquel pueblo. No sé por qué, pero siempre he sentido una curiosidad y admiración de ese tipo de pueblos, es como si tuvieran algo que hiciera que uno de sintiera atraído. Estaré pendiente de las demás historias que tienes para contar de este lugar. Nos estaremos leyendo.
Perfecto! Medido! Justo! Transportador! El ambiente empieza a poblarse de personas pero muy poco a poco. A la espera! Felicidades! Saludos
Me dejaste con sed de más, no porque estuviese incompleto sino por lo bien tejido que está. Mientras leía pensé que todo era real y que ciertamente se trataba de un lugar con ese nombre y esos detalles, porque aunque parezca de asombro nuestra Cuba en otra época estuvo en la cumbre de la modernización. Ferrocarriles, las vitrolas, teléfonos, construcciones emblemáticas e impecables y toda suerte de exquisiteces que ahora quedaron atrás, pero marcaron una pauta en su historia. Hermoso relato que me llevó de la mano a pasear por lo que siento un conjunto de lugares y de situaciones que unidas forman lo mejor de nuestra hermosa y amada isla. Excelente mi estimado @Leopardo.
Esta historia es muy buena, pareciera una pelicula, pero sería bonito viajar en tren y disfrutar de su largo recorrido, feliz día
Tremendo engaño mi pana leopardo jajaja durante todo el relato pensaba que era un pueblo real de tu país. Buena esa. Y tal cual como lo dices, podría ser la historia de cualquier pueblo de nuestro mundo donde el "progreso" va llegando.