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@LadySweetOnNoiseApp

#EscribamosConElGabo #EnEspañol #Historias #Relato #Español "Fermina Daza le dió la razón a su marido (Juvenal Urbino) en algún asunto doméstico por primera vez en su vida y se cuidó de no hablar de animales por mucho tiempo. Se consolaba con las láminas de colores de la historia natural de Linneo, que hizo enmarcar y colgar en las paredes de la sala, y tal vez hubiera terminado por perder las esperanzas de ver otra vez un animal en la casa, de no haber sido porque....." ... Las cosas no siempre salen como lo esperamos, algunas veces para mal, otras para bien. Y así mismo ocurrió con Fermina y aquellos anhelos que sentía insatisfechos. Como buena esposa accedió a la obediencia, aunque claramente eso implicaba una soledad absoluta para ella, luego de las largas jornadas de Juvenal atendiendo a los dolientes y salvando vidas. Él era una luz para los demás, mientras a ella solo le eclipsaba sus sueños y deseos. Aquella noche Juvenal había asistido al llamado de auxilio de un padre desconsolado que vivía cerca de allí; su hija estaba por dar a luz pero la partera habitual se enfrentaba a complicaciones que podrían tener un fatal desenlace. El trabajo fue arduo y continuo, pero afortunadamente logró detener la hemorragia y dejar todo tranquilo para regresar a su casa a descansar. La madrugada imponía su oscuridad y silencio, aún así Juvenal consideró la posibilidad de irse solo, caminando. Lo mejor era que el carruaje se quedara por si se presentaba alguna situación con la joven madre y su bebito. Caminó despacio, su cuerpo estaba agotado; últimamente el descanso no estaba en su agenda. Faltando unos pocos metros para llegar a su ansiado recinto cayó al suelo. Su cabeza daba vueltas y su pecho dolía como nunca; estaba sufriendo un infarto. Como buen doctor sabía qué hacer en casos como ese, más no podía siquiera ponerse de pie. La sangre goteaba de su cabeza que se había impactado contra una roca, y todo cuanto pudo hacer fue sacar un pañuelo de su bolsillo y con un esfuerzo sobrehumano intentar tapar aquella herida. Gritar era en vano. La casa más cercana era la suya, pero en ella únicamente estaba Fermina y estaba convencido de que a esa hora de la noche se encontraba durmiendo como piedra. Jamás la despertaba nada, ni siquiera sus temibles ronquidos. Cerró los ojos y cedió a la realidad que tenía enfrente. Él que tantas vidas había salvado ahora yacía en el suelo como el peor de los vagabundos, contando los segundos que le quedaban para decir adiós a la vida. Y hubiese sido así de no ser por el perro de uno de los vecinos que daba su habitual paseo nocturno molestando a los gatos, y a quien Fermina en varias ocasiones había alimentado a escondidas con las sobras de la cena. El can lo olfateó y luego salió corriendo hasta la casa de su dueño. Allí comenzó a dar unos fuertes ladridos intentando avisar. No contento con el silencio que lo rondaba, comenzó a aullar desesperadamente, hasta que consiguió que alguien asomara a la ventana. Fue justo entonces cuando salió corriendo nervioso sin abandonar los ladridos. -Sin duda ocurre algo.- Sospechó su dueño al encontrar muy extraña esa reacción, por lo que lo siguió apresuradamente, linterna en mano. Y se sorprendió al ver que su amigo de cuatro patas se paraba junto al cuerpo de Juvenal. Lo tomó en sus brazos intentando que volviera en sí y fue entonces que vio la sangre. Comenzó a gritar con todas sus fuerzas hasta que logró que sus hijos lo escucharan y salieran en su ayuda. Lo tomaron entre todos y lo colocaron cuidadosamente en su carretón mientras agitaban al caballo para que llegara donde Aleida, la enfermera que trabajaba con Urbino. Ella hizo todo lo necesario para mantenerlo con vida. Juvenal se recuperó perfectamente y luego de conocer los detalles de lo acontecido, decidió cambiar las absurdas reglas de no ver animales en casa. Y aún sabiendo que Lucas (el perro que lo había salvado) tenía dueño, decidió darle entrada no solo en su hogar sino en su corazón. Actualmente Fermina cada tarde prepara tres platos de su deliciosa comida. Y disfruta junto a su esposo viendo a Lucas comer como loco, moviendo su imparable cola y al terminar pidiendo un poco más con su característico ladrido, ese que ya se hizo habitual para ellos, ese que salvó no solo la vida de Juvenal, sino la de la propia Fermina Daza. (Fin.) Hasta aquí mi relato para esta #Dinámica propuesta por nuestro amigo @Burkino para el canal #DeCalidad. Les confieso que aún no he leído esta obra a la que se hace referencia, así que me atreví a recrearla a mi manera, desde mis ideas. Eso sí, luego de leer tantas entregas interesantes tengo como meta leer el original, para disfrutar de otra maravilla de la literatura de la mano del Gabo. Espero les haya gustado. Yo en lo personal disfruté mucho escribiéndola y eso creo que es la mejor parte. Gracias por llegar hasta aquí. #EscritoPropio atribuido a @LadySweet.

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