-- El Viaje que siempre deseé -- Caminando de la mano te seguí. Rápidamente, salimos de la ciudad dejando con ella los sonidos de los autos y la gente gritando. De la nada, empezaron a aparecer grandes árboles, comenzó a expandirse ese sonido. ¡Si!, ese... el de las plantas y árboles moviéndose al son que marcaba el viento. Me pediste que confiara en ti, que ya faltaba poco. Y si. A lo lejos se veía una hermosa casita de madera y en su entrada un sinfín de pequeñas florecillas silvestres de muchos colores. -- ¿Allá? -- dije señalando ese el hermoso y peculiar lugar, al oírte decir: si, emprendí una carrera hasta la puerta y dije sonriendo: -- alcánzame si puedes. Esa sensación de libertad al correr, con mi vestido blanco y mi cabello suelto, sentir como bailaban con el viento, percibir ese aroma a tierra húmeda era hipnótico. Tanto, que sin esfuerzo, llegaste antes a la enorme puerta. Tus ojos me seguían mientras disfrutaba esa enigmática sensación. -- ¡Hey! Dijiste. Eso me sacó de mis pensamientos. colocándote en la mira de mis deseos corrí, claro que corrí. Y, de un salto, me monte sobre ti. Pensé que te sorprendería pero no fue así. Tú, sin esfuerzo alguno, me cargaste posando un brazo bajo mis glúteos, me subiste más a la altura de tus caderas permitiéndome guindarme de tu cuello y estamparte un delicioso pero apasionado beso. Entramos en la casa y era pequeña pero acogedora, ubicaste la cama y me llevaste a ella soltandome sobre ella. Dijiste: -- Eres tan hermosa que no deseo compartirte con nadie.
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