PARA ELLOS. - Papás, no quiero que se sientan orgulloso de mí. Y tampoco, que esa sea mi manera de profesar el amor que siento por ustedes. Quiero que me vean vivir… y mucho. Que me vean soñar y también fracasar en ellos. Quiero que me quieran en mi vulnerabilidad, con mis fracasos, aceptando mi humanidad. Quiero decirles las veces que lo sienta, que estoy perdido, que mis emociones están confusas, que no puedo con todo. Que los necesito. Que me hacen falta. Que no soy perfecto. Quiero que me conozcan como soy. Que se avergüencen conmigo de las cosas que hice mal. Que se rían de otras. Eso quiero, porque a mis treinta y algo he aprendido a verlos, por fortuna, como mis amigos y cómplices. Estos últimos años me he preocupado por hacerlos sentir cómodos y felices, que rompí el vínculo más cercano: la honestidad. Construí una mentira amable, en donde todo lo que conversábamos tenía como intensión no preocuparlos, hacerlos sentir que todo estaba en orden. ¡Soy un desastre! A veces maravilloso y otras decepcionante, lo cual me agrada y afirmo que es parte de mi encanto. Soy despistado. Desordenado con el dinero. Poco consiente de las prioridades. En mis aspiraciones no está una maestría o la primera cuota de un carro, mucho menos abandonarlos. Quiero que la calle, las personas que conozca, las ciudades que visite y los libros que lea sigan siendo mi escuela. Siempre he dicho que la mejor universidad es la calle. Quiero que todo fluya sin tantas reglas. Que los viajes para el corazón sean mi meta más cercana… Y no busco que lo entiendan, porque soy consiente que es difícil de entender mi vida, solo quiero que lo sepan y que siempre los llevo en mi corazón...soy un hombre de bien, que ama su familia, esposa e hijo y que quiere lo mejor para todos, por eso lucho a diario para verlos sonreír y felices el resto de mis días. GRACIAS POR PASAR Y LEER CONTENIDO PROPIO Imagen referencial.
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