A finales del siglo 20 a alguien se le ocurrió que traer caracoles africanos gigantes a Venezuela sería buena idea, la intención era venderlos como mascotas dado su enorme tamaño o simplemente aprovechar su carne, pero se multiplicaron tan rápido que pronto se volvieron un problema que arrasaba cultivos y causaba estragos en la salud pública. A pesar de lo que estaba ocurriendo en Venezuela ya entrado el siglo 21 fueron llevados a Colombia para industrializar su baba y venderla como producto milagroso para la piel, pero también en Colombia se salieron de control, y es que según explica el neurocirujano Italo Di Pascuale el simple hecho de tocar un caracol africano gigante puede generar la aparición de meningitis y encefalitis. Tanto así que las autoridades sanitarias de varios países de América del Sur, sostienen que la única solución viable al problema de estos caracoles es exterminarlos Di Pascuale señala que puede causar profundos daños en el cerebro, trombosis cerebrales, abscesos cerebrales, accidentes cardiovasculares e incluso la muerte. Los tratamientos deben ser inmediatos y en algunos casos pueden requerir intervenciones quirúrgicas para drenar abscesos o senos paranasales.
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