Después de varios desaciertos con algunas personas, algo que siempre me he empeñado en practicar es el respeto, la calma y sobretodo la cordialidad. Y es que si aunque la otra parte no está dispuesta a entregarnos ninguna de estas cualidades el mantener nuestra postura y nuestros valores enriquece la calidad y las expectativas que otros pudieran tener hacia nosotros, de hecho nos hacemos respetar con nuestra respuesta: si es violenta y revanchista no veo ningún merito ni oportunidad duradera de respeto, en cambio si es calmada y conciliadora —o si esto no pudiera ser—, al menos respetuosa sin alimentar la confrontación la situación se eleva a un nivel superior al común. No soy creyente ni practicante del "no te respeto porque tu no me respetas", sinceramente siento que si todos siguiéramos esta regla nada funcionaria, ni las relaciones profesionales ni mucho menos las relaciones con nuestra familia, amigos o personas de nuestro entorno. Las sociedades prosperas se construyen por quienes hacen la diferencia y se niegan a contribuir a los anti-valores. Aunque sea difícil resistirse a la idea de "responder o pagar con la misma moneda". Alguien debe tomar el control y seria desafortunado para todos que quien tomara el volante fuera alguien que presuma de pisotear a los demás.
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