La normalidad puede ser absurda e incomprensible, pero solo hace falta un poco de escrutinio para darnos cuenta del porqué de las cosas, entonces es lógico pensar que el presente es el resultado de millones de decisiones erradas o atinadas. Ningún problema pudo haber surgido de la nada, y su solución tampoco surgirá de manera espontanea. Si negamos este hecho nos faltaran las piezas claves para obtener un resultado satisfactorio, un resultado que arregle lo echado a perder, un resultado que permita evitar lo que ya ha sucedido. Como dijo una vez un poeta: "quien olvida su historia está condenado a repetirla". Y es muy claro cuando estamos dispuesto a entender. Obstinarnos con tener la razón nos puede conducir al fracaso repetitivo y frustrante. Esa terquedad nos ha llevado a aceptar lo que hoy se ha hecho una "normalidad" —por muy perjudicial que sea—, nos adaptamos y adoptamos el problema en la permanencia, lo que nos conduce a aceptar la injusticia porque "es algo común, que más da". Pero conformarnos nos traerá mas problemas que soluciones. Veamos el pasado como una irrefutable enseñanza, una advertencia y un recordatorio.
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