#NavidadParaTodos #Relato El brillo del sol en el firmamento me despierta. Se había metido como un ladrón en mi habitación, sacudiendo mi cama para animarme a levantarme. Me estrujo los ojos para aclarar la mirada mientras escucho risas afuera. Me asomo por el cristal de la ventana con disimulo, para que no me vean. Allí están, como siempre, el grupo de chicos del barrio que viene todas las mañanas en que no hay clases, a jugar en el parque. Apoyo mi manita en el vidrio, como si quisiera alcanzarlos. Ellos están lejos, en una dimensión a la que no puedo llegar, en un lugar prohibido. Mi piel cosquillea con sus risas y me hace sonreír, compartiendo desde la lejanía su felicidad para hacerla mía. El sonido de unos pasos acercándose por el pasillo hace que corra de nuevo a la cama y me cubra con la sábana hasta el pecho. —Buenos días, preciosa. ¿Cómo te sientes hoy? —Un poco cansada —confesé, descubriendo que había sentido debilidad cuando la enfermera pasó a la habitación con la bandeja llena de comida, pastillas e inyecciones. —¿Ya fuiste al baño? —Aún no. —Ve a asearte mientras preparo el tratamiento. Hice lo que me pidió mientras ellas se ocupaba de lo suyo. Por la ventanita del baño entraban con más intensidad las risas, ya que los cristales estaban abiertos. Tenía muchas ganas de salir también, pero me daban miedo sus caras. Cuando lo hacía, las risas se detenían y todos me observaban con terror y curiosidad, como si fuera un zombi con huesos que podían verse a través de una piel traslúcida por la enfermedad. —¿Lista? —me dijo la enfermera al verme salir—. Pongamos esto para que puedas desayunar. Hoy es Navidad y en un par de horas vendrá el padre Manuel con los jóvenes de la iglesia a cantar villancicos. ¿Quieres oírlos? Asentí animada, aquella sería la única diversión que tendría ese día. Los muchachos de la iglesia venían cada quince días, que alegría que esta visita caía justo el día de Navidad. Ellos no me miraban como un despojo viviente, sino con dulzura, y me traían caramelos, hojas y crayones. Era mi momento de dicha. —Tus papás llamaron. —¿Vendrán? —pregunté sonriente. Tenerlos a ellos sería el mayor regalo que podía recibir ese día. —No, amor. Tienen una reunión muy importante con los empleados de su empresa. Creo que van a condecorar a tu padre por ser un hombre bondadoso con sus trabajadores. ¿Estás orgullosa de él? Asentí, ocultando mi cara de decepción. Me sentí egoísta por desear que ellos estuvieran conmigo y no cumpliendo con sus deberes. —Por aquí ya terminamos —notificó la enfermera luego de colocarme la inyección—. Toma el desayuno y la medicina, luego vendré para ayudarte a arreglarte para la visita del padre Manuel. Cuando ella salió y cerró la puerta, eché a un lado la bandeja de comida y fui hacia el pequeño aparador donde guardo mi ropa. Lo arrimé para descubrir la pared que se hallaba detrás de él, donde había dibujado mi árbol de Navidad y los regalos que esperé recibir ese día. —Feliz Navidad, Eva —me dije a mí misma y me acosté en el suelo a escuchar las risas de los niños en el parque, una música que me hacía sentir viva. Descubre la verdadera esencia de la Navidad. Feliz día. Foto tomada de Pinterest #Español
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