Pérdidas… Es duro cuando perdemos un momento de mucha importancia, ya sea una ocasión para un reencuentro, para el perdón, para la felicidad, para el amor o para la fortuna. El problema viene cuando dejamos pasar esa ocasión por rebeldía, por orgullo, por vanidad, por miedo o, peor aún, por flojera. El arrepentimiento que queda puede llegar a ser insoportable. Si la vida tuviese una campanita para avisarnos de la proximidad de un momento trascendental todo fueses más fácil, pero eso es imposible. No existe una campana ni una alarma de aviso, aunque sí señales. Debemos estar siempre atentos de esas señales, que algunas veces son pocos visibles y en otras, parecen carteles fluorescentes puestos en nuestra cara. Siempre estemos en la cacería de esas ocasiones que nos ayudarán a crecer como depredadores ansiosos, oteando sin descanso el horizonte. No dejemos pasar esas ocasiones memorables. Sufrir por pérdidas duele mucho. ¿Has sufrido de una gran oportunidad en tu vida?
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