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EL PELIGRO DE LA PIROTECNIA. Aclaro que me fascina ver los fuegos artificiales, pero bien de lejos. Los colores, las luces… son hermosos, pero el ruido estruendoso que ocasionan, sobre todo, si estás muy cerca, para algunos puede ser aterrador. Muchas especies de animales, más que todo, perros, y algunas personas, como las que sufren de ansiedad, los autistas o chicos pequeños, pueden ser sensibles a esos ruidos. Yo no vengo aquí a decirles si pueden usarlos o no, creo que hay muchos adultos inteligentes en esta plataforma, lo que quiero es contarle una anécdota que me sucedió con la pirotecnia cuando tenía 15 años. Una Navidad, unos vecinos y mis primos se dedicaron a lanzar fuegos artificiales justo después de las doce. Luego de varios minutos, cuando el arsenal se acababa, alguien sacó una caja más o menos grande que contenía cuatro bolas de pólvora del tamaño de un puño, pero el de una mano enorme. Eran esos cohetes que llegan alto en el cielo y al explotar se hace una roseta redonda y de varios colores. Todos nos emocionamos, en el cielo esos cohetes son los reyes, pero el miedo también nos embargó, porque el tamaño de esas bolas era intimidante. Pusieron la caja sobre una mesa, en medio de la calle, y encendieron la mecha, que lograba encender todas las bolas una a una. Al salir la primera, la caja se tambaleó y cayó de la mesa. El resto de los cohetes comenzaron a salir no hacia el cielo, sino a la calle y explotaron entre nosotros. ¡Imaginen el terror! Yo corrí como alma que lleva el diablo en medio de una cortina de chispas de fuego, algunas me caían en la piel de los brazos y piernas (ese día llevaba puestas una bermudas) y me quemaban. El estruendo de los cohetes explotando a mi lado no me dejaba escuchan ni mis gritos. Cuando creí que había pasado el bombardeo, giré el rostro y vi salir la última bola de la caja y viajar a toda velocidad hacia nosotros, de forma tambaleante. Uno de mis primos más pequeños venía corriendo detrás de mí, pero se detuvo cuando el cohete explotó a su lado. Todos huían. Veía como mis vecinos, primos y amigos se refugiaban a las carreras en las casas más cercanas. Yo corrí sin parar calle arriba y me detuve cuando el ruido se calmó. Por la gran misericordia de Dios (dudo que haya sido por otra cosa) ese día no hubo nada que lamentar, más allá de grandes sustos y algunas camisas y brazos quemados por las chispas. Mi primito resultó ileso, solo que tardó algunos minutos en calmar el pitido de sus oídos por el sonido de las explosiones de los cohetes, aunque el que explotó a su lado no le hizo nada de nada, se los juro. Por eso (y por muchas cosas más pasadas en mi vida) no niego ni pongo en duda la existencia de Dios. La imagen de ese cohete saliendo de la caja hacia nosotros y explotando al lado de mi primo, cubriendo TODA la calle y a él con su fuego, no se me borra de la mente por nada del mundo. Es la escena que recuerdo con más claridad de mi juventud. ¿Van a usar o no pirotecnia estas navidades? Ustedes hagan lo que quieran. Adivinen qué haré yo :) Ya puse a Dios a salvarme a mí, a mi familia y a amigos una vez, no pienso darle otro trabajo como ese, el pobre tiene demasiado que hacer en estas fechas. ¿Han vivido alguna experiencia aterradora con pirotecnia en su vida? Foto: labrujula24.com

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